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Tras el histórico acuerdo de Meta, especialistas advierten sobre las adicciones digitales y el impacto en la salud mental de los chicos

Las adicciones digitales en los chicos es una problemática que preocupa a los especialiestas en la provincia.

Por Fabiana Juarez 30 de agosto de 2026 - 08:10

La noticia de que el gigante de las redes sociales Meta aceptó un acuerdo de hasta US$17.100 millones para resolver las denuncias de que había puesto en peligro a los niños, puso en el tapete nuevamente las adicciones digitales y trastornos de salud mental que puede generar el mal uso y abuso de la tecnología.

Diario de Cuyo charló con Raúl Ontiveros, psicólogo especialista en adicciones, y con Adriana Massaccesi, doctora en Educación, para conocer los trastornos mentales que puede generar el mal uso de la tecnología y el abuso de las redes sociales. Ambos especialistas coincidieron en su preocupación por esta problemática y en que la tecnología en sí misma no es ni buena ni mala, sino que depende del uso que se le dé.

Las adicciones digitales y el secuestro del algoritmo

Raúl Ontiveros, abordó la problemática desde el concepto de las "cibertecnoadicciones". Este término engloba por un lado el exceso de exposición a redes sociales, pero también la adicción a las apuestas en juegos cibernéticos. Se trata de adicciones digitales, es decir, adicciones no químicas que no dependen de una sustancia, pero con las que se mantiene exactamente el mismo mecanismo de acción neurobiológico.

¿Qué está sucediendo internamente en los usuarios? El profesional explica que el algoritmo, comprendido como el mecanismo por el cual las plataformas detectan los temas de interés del usuario en cuanto a videos, fotos y temas de conversación, ya sea mediante inteligencias artificiales o los propios algoritmos de las redes; perfila a la persona en esos gustos y empieza a proveerle de manera sistemática únicamente aquello que le atrae.

"Nunca en la historia de la humanidad hubo algo que solamente nos diera únicamente lo que nos gusta, a domicilio y prácticamente gratis. Siempre la humanidad ha tenido que convivir con lo que le gusta y con lo que no, nunca se ha podido seccionar las partes lindas de las cosas. Lo que hace el algoritmo es seccionar y proveerte solamente de lo que más te gusta, y eso parece fantástico, pero encierra un peligro enorme", reflexiona Ontiveros.

Atrofia de la paciencia desde la infancia

El problema central no radica únicamente en la selección personalizada de contenidos, sino en la inmediatez absoluta. En las plataformas digitales no hay que esperar hasta la semana que viene para ver un próximo capítulo; la gratificación es instantánea. Ontiveros señala que esta dinámica 'destruye progresivamente aquellas funciones ejecutivas del cerebro que permiten cultivar la paciencia, la capacidad de esperar, la pausa y la gestión del tiempo, factores que constituyen el escudo protector fundamental contra los trastornos de ansiedad'.

Poder manejar el tiempo y la espera es una capacidad humana que se va entrenando durante toda la vida, desde la niñez. Al considerar que el cerebro humano termina de desarrollarse y madurar completamente recién alrededor de los 25 años, el impacto en los más pequeños resulta crítico.

Si un niño desde los dos años pasa horas frente a un aparato recibiendo una selección exclusiva de lo que le gusta, surgen varios interrogantes: ¿cómo desarrolla este niño la tolerancia a la frustración?, ¿cómo desarrolla la paciencia de esperar lo bueno?, ¿cómo construye el equilibrio entre lo lindo y lo feo, y todas esas virtudes y hábitos vinculados a no desesperarse? Sin este entrenamiento, se interrumpe el desarrollo de los controles naturales de la ansiedad y la autorregulación emocional.

Inundación de dopamina, crisis en la vida real

Independientemente de lo adictivo que resulta el dispositivo por proveer todo el tiempo sólo aquello que agrada, debe entenderse a la dopamina como un neurotransmisor del placer. Los dispositivos funcionan como una máquina constante de suministro de placer, acostumbrando al cerebro únicamente a recibir estímulos gratificantes.

Sin embargo, la vida real no funciona así. Cuando el niño o el joven sale de la pantalla y se encuentra con el entorno escolar o cotidiano, donde tiene que esperar el colectivo, convivir con la rutina o soportar un "no", entra en una situación de crisis severa porque no está entrenado para soportar la frustración ni la angustia, al haber sido moldeado únicamente para el placer absoluto e inmediato.

Como consecuencia, el especialista advierte un incremento alarmante de trastornos de ansiedad y falta de tolerancia a la frustración en edades muy tempranas por el apego a esta maquinaria de placer constante. A esto se le suman severos trastornos del sueño, impidiendo que el cerebro descanse y reaccione regenerando neuronas adecuadamente. El cuadro se agrava cuando, al estar adormecido a media mañana en la escuela, la facultad o el trabajo, el individuo recurre a bebidas energizantes o sustancias como la cocaína, desencadenando una cadena de graves errores y deterioro general de la calidad de vida.

Uso temprano del celular y sustitución del desarrollo creativo

Por su parte, Adriana Massaccesi, doctora en Educación, coincide en que la tecnología no es buena ni mala en sí misma, sino que depende de cómo se la utilice. Por esta razón, enfatiza la urgencia de advertir a los padres que el uso temprano del celular no es conveniente. Hoy en día, numerosos especialistas señalan las dificultades derivadas del uso precoz de este aparato, que frecuentemente los padres dejan en manos de los niños para entretenerlos y evitar molestias, sin advertir que gradualmente van incubando una adicción.

En las primeras etapas de la infancia es fundamental desarrollar la imaginación, de allí la enorme relevancia de contar cuentos y fomentar la creatividad. La educación formal debe complementarse con la iniciación en otras artes, como la música, que permiten desarrollar la sensibilidad artística y estimular el hemisferio derecho del cerebro, donde reside la capacidad creativa.

"Lo importante es que poco a poco el niño vaya descubriendo qué está bien y qué está mal; es la forma de ir construyendo lo que en la adultez será su juicio crítico, el cual no se forma solo sino que requiere estímulo. Si dejamos al niño en manos de un dispositivo electrónico, esas habilidades blandas no se van a desarrollar por sí solas", remarca Massaccesi.

Habilidades blandas y el rol de los límites

Las pantallas ofrecen imágenes de gran impacto visual en cuanto a color y movimiento, lo que atrae fuertemente al niño pero no estimula las habilidades blandas necesarias para la vida adulta. El mercado laboral contemporáneo demanda personas creativas, flexibles, resilientes, con autonomía y confianza en sí mismas, capaces de afrontar la frustración y adaptarse a las transformaciones. Dichas competencias no son generadas por un dispositivo, sino que deben ser cultivadas por los padres en alianza con la escuela desde la primera infancia mediante una supervisión constante.

‘No se puede permitir que un niño permanezca horas e interminables frente a una computadora o con un celular en la mano. La exposición constante genera una demanda creciente de estímulos. Si bien un adulto posee la madurez cognitiva para decir "hasta aquí llego" y apartar el celular, el niño carece de esa capacidad autorreguladora y requiere indispensablemente de un límite externo puesto por padres y docentes’, agregó Massaccesi.

Actualmente, el uso del celular se cuestiona en numerosas instituciones educativas del mundo. Países enteros debaten si el celular debe estar prohibido en las escuelas o si su entrega debe postergarse incluso hasta los 17 años, impulsando de forma paralela el retorno al libro de papel.

En este marco, la doctora Massaccesi insiste en la necesidad de entablar un debate comunitario entre padres, escuelas y municipios. Si la restricción del celular la impone un solo padre de manera aislada mientras en otros hogares se permite el acceso irrestricto a las pantallas, se genera un conflicto familiar en el que el hijo percibe la norma como un castigo, al privárselo de aquello que le genera satisfacción inmediata. Se requiere un consenso social sobre los pros y contras de la tecnología para definir qué tipo de sociedad se quiere para la infancia.

Otro aspecto crítico analizado es que la adicción otorga una satisfacción efímera. Una vez que el goce inicial desaparece, deja una profunda sensación de vacío. Si la persona no logra llenar ese vacío, este se vuelve cada vez mayor. ‘El vacío existencial que experimentan hoy muchos jóvenes conduce a la pérdida del sentido de la vida, una sensación insostenible que en casos extremos deriva en que la persona opte por quitarse la vida, un fenómeno trágico que crece diariamente y requiere atención urgente’, sostuvo la especialista.

Respuesta comunitaria ante la crisis de salud mental

La adicción no sólo aniquila al individuo, sino que desestructura a la familia y, cuando el fenómeno se masifica, da cuenta de una sociedad enferma. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha catalogado al siglo XXI como el siglo de la falta de salud mental, un diagnóstico alarmante que exige respuestas coordinadas.

‘La escuela por sí sola no puede resolver esta encrucijada. Es imprescindible unir voluntades entre la familia y la comunidad educativa para construir una formación que nutra el espíritu del niño desde sus primeros años, brindándole las herramientas necesarias para discernir y elegir en la adultez un camino de realización personal sustentable’, concluyó la doctora Massaccesi.

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