La escena volvió a repetirse en pleno centro de San Juan: dos vehículos que impactaron con violencia, autos estacionados que terminan involucrados y una persona que debió ser trasladada al Hospital Rawson donde permanece internada en estado crítico.
Una de las esquinas céntricas más peligrosas sigue sumando accidentes, ¿cuál es la solución?
Un hombre terminó internado luego de salir despedido de su auto tras un violento choque en Ignacio de la Roza y Sarmiento. A menos de 100 metros, otro siniestro terminó con la vida de una motociclista hace pocas semanas.
Esta vez ocurrió el domingo por la mañana en la esquina de avenida Ignacio de la Roza y Domingo Faustino Sarmiento, un cruce que forma parte de un tramo de apenas unas pocas cuadras donde los siniestros viales se suceden con preocupante frecuencia.
El último episodio ocurrió a las 10:30 horas del domingo. Según el informe de la UFI Delitos Especiales, una Chevrolet S10 circulaba por Ignacio de la Roza de oeste a este, mientras que un Fiat Idea avanzaba por Sarmiento hacia el sur. Al llegar a la intersección se produjo el violento impacto.
La fuerza de la colisión hizo que el Fiat Idea se desplazara hasta chocar contra otros vehículos estacionados sobre el costado sur de Ignacio de la Roza. Pero el dato que da cuenta de la violencia del accidente es otro: Lucas Muñoz Moreno, conductor del auto, salió despedido del habitáculo por la ventanilla del acompañante y terminó tendido debajo de uno de los vehículos estacionados.
Una médica que caminaba por el lugar fue la primera en asistirlo y realizó maniobras de reanimación hasta la llegada de una ambulancia del 107, que trasladó al hombre al Hospital Rawson. De acuerdo con el radiograma hospitalario, presenta TEC moderado, escoriaciones y politraumatismos cuyo cuadro se complicó posteriormente.
El conductor de la camioneta, identificado como Matías Ducaud, de nacionalidad chilena, dio negativo en el alcohotest.
El choque del domingo no puede analizarse como un hecho aislado. Hace menos de dos meses y a unos 100 metros hacia el oeste, la esquina de Ignacio de la Roza y Catamarca fue escenario de otro siniestro que terminó con una víctima fatal.
El 21 de agosto, Brisa Gallardo, de 20 años, circulaba en una moto cuando fue embestida por un Peugeot 3008. La joven permaneció tres días internada en el Hospital Rawson y finalmente murió como consecuencia de las gravísimas lesiones sufridas.
Y si se amplía apenas la mirada, aparece otro punto conflictivo del mismo corredor: Ignacio de la Roza y Entre Ríos, apenas unas cuadras más adelante. La reiteración de choques en esa esquina llevó a la Municipalidad de Capital a instalar semáforos, que comenzaron a funcionar en septiembre.
Incluso antes de la colocación de los semáforos, la esquina había acumulado antecedentes suficientes como para ser considerada uno de los cruces más complicados del centro tanto para automovilistas como para peatones.
El dato resulta revelador: en un recorrido de aproximadamente 300 metros se concentran tres intersecciones que han quedado marcadas por los accidentes: Catamarca, Sarmiento y Entre Ríos.
Cuando el estacionamiento también se convierte en un problema
La discusión no pasa solamente por determinar quién tuvo la culpa en cada choque. La infraestructura vial, la visibilidad, el estacionamiento y el comportamiento de quienes circulan forman parte de un mismo problema.
Uno de los cambios que modificó la fisonomía de Ignacio de la Roza ocurrió en el año 2022, durante la gestión del entonces intendente Emilio Baistrocchi. Con la repavimentación de la avenida, la municipalidad decidió modificar la disposición de los boxes del ECO y pasar el estacionamiento de 45 a 90 grados en el tramo comprendido entre Mendoza y Alem.
El objetivo era aprovechar mejor el espacio disponible. La medida permitió sumar más de 110 boxes de estacionamiento.
Pero cuatro años después, aquella decisión también merece ser revisada desde otra perspectiva: qué impacto tiene la forma de estacionar sobre la visibilidad en los cruces.
Quienes intentan incorporarse a Ignacio de la Roza desde las calles laterales pueden encontrarse con vehículos que obstaculizan el campo visual. El problema se vuelve todavía más evidente cuando se trata de camionetas o vehículos de gran porte, que sobresalen de los espacios demarcados y terminar funcionando como un verdadero impedimento para quien necesita observar el tránsito que se aproxima.
A eso se suma una conducta mucho más difícil de justificar: el estacionamiento en doble fila. Es una postal que puede observarse especialmente en los sectores donde se concentran bancos, instituciones educativas, la zona de Obras Sanitarias y la Facultad de Filosofía, Humanidades y Artes.
En una avenida de circulación intensa, que une Capital con Rivadavia y las zonas del oeste sanjuanino, un vehículo detenido donde no corresponde no es solamente una molestia. Reduce el espacio de circulación, obliga a realizar maniobras inesperadas y puede quitar segundos decisivos de visibilidad a otro conductor.
El antecedente que muestra que una solución es posible
Eso plantea inevitablemente una pregunta: si un semáforo fue considerado necesario en Entre Ríos, ¿qué solución necesita el cruce con Sarmiento?
No necesariamente tiene que ser otro semáforo. La respuesta podría surgir de un estudio integral del corredor, que analice velocidades, tiempos de cruce, visibilidad, cantidad y tipo de vehículos, disposición de los estacionamientos, doble fila, circulación de motos y horarios de mayor congestión.
También podría evaluarse si determinados sectores requieren restricciones de estacionamiento más cercanas a las esquinas, cambios en la disposición de los boxes, controles permanentes sobre la doble fila o modificaciones en la señalización.
¿Cuántos accidentes hacen falta para actuar?
El choque del domingo dejó una imagen difícil de ignorar: un automóvil terminó contra otros vehículos estacionados y su conductor salió despedido del habitáculo en una esquina céntrica, a plena luz del día y en un horario de circulación habitual.
No hubo que esperar a la madrugada, a una tormenta o a una situación extraordinaria. El riesgo estuvo allí, en una avenida transitada, rodeada de comercios, bancos, establecimientos educativos y edificios públicos.
Por supuesto, la responsabilidad individual no puede desaparecer del análisis. Respetar las prioridades de paso, reducir la velocidad, no realizar maniobras imprudentes, mantener la atención y cumplir las normas son obligaciones básicas de cualquier persona que conduce.
Pero una política seria de seguridad vial tampoco puede limitarse a pedirle prudencia al conductor. Cuando una misma calle acumula siniestros durante años, también corresponde preguntarse si la ciudad está ofreciendo las condiciones adecuadas para que esos errores humanos no terminen convertidos en tragedias.
La pregunta, entonces, no es solamente quién tuvo la culpa del choque del domingo. La pregunta es qué tiene que cambiar antes de que el próximo accidente en Ignacio de la Roza tenga un desenlace irreversible.
Fotos: Daniel Arias para Diario de Cuyo.