Andrés Oppenheimer - Periodista

En su libro publicado no hace mucho, nos cuenta una realidad cruda pero que muchas veces el hombre puede aprender por medio de experiencias pasadas a otros. Merece ser leído con la esperanza de sacar el mejor provecho de él. En una de sus páginas las palabras de César Gaviria: "El problema de la desigualdad de América latina, no es un problema de crecimiento económico, sino de educación". Así el periodista propone observar lo que hacen los países de más éxito para reducir la pobreza y aumentar el bienestar de su gente. La educación es lo primero y no podrá avanzarse mucho en ese campo estratégico, si los ciclos lectivos son de 180 días. Es lo que sucede en la Argentina, frente a los 243 días de clases en Japón, los 220 de Corea del Sur y los 216 de Israel. En los años sesenta, Singapur país carente de recursos naturales, tenía un ingreso per capita diez veces menor que la Argentina; hoy, ocupa la novena posición mundial, muy por delante de nosotros. Sus estudiantes conquistaron una de las primeras posiciones en las evaluaciones PISA 2009. Por su parte China autorizó a 170 universidades extranjeras a impartir enseñanza en su territorio. Continúa en otra parte su relato donde afirma que en Finlandia los maestros en ejercicio surgen de los graduados con los mejores promedios universitarios. Así lo comprendió Barack Obama, presidente norteamericano, que ha instituido en su programa de estímulos salariales, "Carreras hacia la cima", por lo que se confieren asignaciones salariales especiales a los maestros, según los resultados que obtengan sus alumnos en los exámenes estandarizados internacionales.

La educación, según J. Delors - UNESCO

La educación debe cumplir un conjunto de misiones que le son propias y debe estructurarse en torno a cuatro aprendizajes fundamentales, que en el transcurso de la vida serán para cada persona, en cierto sentido, los pilares del conocimiento: aprender a conocer, es decir, adquirir los instrumentos de la comprensión, aprender a hacer, para poder influir sobre el propio entorno, aprender a vivir juntos, para participar y cooperar con los demás en todas las actividades humanas y por último, aprender a ser, un proceso fundamental que recoge elementos de los tres anteriores.