La Comisaría 27ma pareció ayer el escenario de una película de suspenso. Sólo una puerta vidriada y una ventana que tenía las cortinas cerradas separaban a Maximiliano Carrizo de sus hijos Brenda (15) y Gustavo Carrizo (14), quienes desaparecieron el sábado en la madrugada y aparecieron antenoche. Los chicos fueron encontrados con su mamá, a quien no veían desde hacía 10 años. Tras la puerta sólo se veían sus piernas, y la ansiedad del padre de los chicos y la familia paterna comenzó a invadirlos. Es que cada vez que el picaporte bajaba parecía que los adolescentes iban a cruzar la puerta y la realidad iba a volver a ser como antes, pero eso no sucedió. Sin embargo, los jóvenes tampoco se fueron con su mamá. Los adolescentes quedaron en manos de la Dirección de la Niñez y fueron trasladados a un hogar del Estado, pues los tironeos de los padres y las versiones encontradas hicieron que este drama familiar no pudiera resolverse fácilmente. Es que, según la madre, los chicos son víctimas del maltrato de su padre, mientras que el hombre dijo que él nunca los golpeó y que desde hace 10 años es quien sostiene a sus hijos, abandonados por ella.


Tras un duro día y después de declarar en la seccional, ser revisados por el médico legista y asegurar que no querían ver a su padre, los jóvenes fueron trasladados a un hogar del Estado. Esta decisión fue tomada para que la Justicia decida qué hacer con los dos chicos. En este contexto, el rostro de Maximiliano lució igual que el día anterior. Los ojos le permanecieron colorados e incluso ayer el cansancio lo venció y se durmió mientras esperaba que trajeran a sus hijos a la Comisaría 27ma, del barrio Aramburu. Y si bien dijo estar tranquilo porque sus chicos, los que crió solo desde hace 10 años, estaban en buen estado de salud, aseguró que le dolía pensar que se los pueden quitar. ‘Juro que nunca los maltraté. Yo sé que el tiempo me va a dar la razón. Ella les lavó la cabeza y los puso en mi contra. Entregó la tenencia de sus hijos hace 10 años y ahora se viene a hacer la buena madre‘, dijo entre lágrimas y sin poder disimular la bronca, el hombre que ayer presentó como prueba los papeles que demostraban que él tenía la tenencia de sus hijos. 


En la otra vereda, la madre de los chicos que fue contactada por ellos supuestamente para pedir ayuda, dijo que esta vez no le va a dejar sus hijos al padre. ‘Me van a tener que matar para quitármelos‘, aseguró entre lágrimas Elena Vásquez y dijo que ella anteriormente no se había acercado a los chicos porque él no se lo permitía. Sin parar de temblar y secándose las lágrimas a cada instante, la mujer aseguró que va a luchar por ellos, porque sus hijos son ‘víctimas de violencia, como lo fui yo cuando estuve en pareja‘ con Maximiliano Carrizo. Elena dijo que los adolescentes la contactaron el mismo día que desaparecieron. ‘Yo no sabía nada de ellos desde hace muchos años porque él no me dejaba. El sábado en la madrugada estaba durmiendo y sonó mi teléfono. Era mi familia que me avisaba que mis hijos estaban en la casa de mis papás‘, dijo la mujer, que hace unos años vive en La Rioja. 
Según ella, los chicos se escaparon de la casa de su abuela paterna y se fueron caminando hasta la Villa Ramos, que es donde siempre vivió Elena con sus padres. ‘Ella -por Brenda- se acordaba de cómo llegar, a pesar de que la última vez que fue tenía 5 años‘, dijo y aseguró que desde esa llamada no para de llorar. 


A pesar de que ayer se cerró un capítulo de la historia, pues los chicos aparecieron, el drama continúa. Ayer en la mañana los chicos tuvieron un día duro. Fueron revisados por el médico legista, quien según efectivos de la seccional 27ma constató lesiones. Sin embargo dijeron que esas lesiones hay que chequearlas para ver de qué son y de qué tiempo datan. En este contexto, Carolina Parra, jueza del Segundo Correccional, que es quien lleva el caso, ordenó la intervención del 102 y pidió para hoy todo el expediente del caso para analizar qué medida tomar. 

“Me voy con bronca, no quiero que vivan con ella. Su familia es mala”.
MAXIMILIANO CARRIZO

 

“No quiero que sufran más. Me dijeron que él los golpeaba con cables”.
ELENA VÁSQUEZ

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