Fue, al fin y al cabo, la crónica de un final anunciado. La suspensión y la comunicación llegó tarde. El público, el que entró y se ubicó en sus lugares y el que quedó afuera, se llenó de tierra, se mojó y, recién después de eso, llegó el anuncio de que se reprogramaba el show de Maná.  Cuando a la 1:50 de este sábado se comunicó a los medios que no se hacía el show, los ánimos de todos estaban exacerbados y no era para menos.

 


Faltó comunicación y una decisión firme a tiempo. El viento comenzó pasadas las 23:30 y 2 horas y 20 después llegó la suspensión. Sin contar que la gente se había ubicado en su lugar desde muy temprano. Sumado a que, en la entrada, decía que el show comenzaba a las 22, pero siempre se informó que iban a subir a la 1. El que no lo sabía y sólo se guió por lo que decía su ticket, llegó a la 1:50 molesto, muy molesto. 

 

Además, en la era de las redes sociales, recién pasadas las 4 de este sábado se informó en la página oficial en Facebook de la Fiesta Nacional del Sol sobre la suspensión y lo hicieron compartiendo un tuit del líder de Maná.  

 


Da la impresión, al menos hasta que las autoridades lo expliquen, que toda la decisión estuvo en manos de que el viento se calme, se arreglen los daños que provocó y que se haga todo normal como si no hubiera pasado nada. No existió previsión, un plan B, sabiendo que se habían pronosticado tormentas.

 


Y, lo peor, que la decisión de reprogramar todo fue cuando se largó fuerte la tormenta. No antes. Es más, a la 1:21 de este sábado de Turismo informaron que el show se realizaba. A la 1:30 los locutores de la fiesta dijeron que "en 15 minutos se toma la decisión si se hace o no el show".  

 

A decir de lo que ocurrió esta madrugada, la lluvia fue la señal para el público que el show se cancelaba. Luego vino la comunicación oficial. Tarde. 

 

Lo bueno y más importante, es que más allá de alguna gripe, no hubo que lamentar lesionados. Pero, ¿por qué se tardó tanto en tomar la decisión cuando no había un sólo indicio de que la situación mejore? A la postre, todo empeoró.

 

No se sabe, al menos hasta el momento, qué pesó más a la hora de tomar la decisión de reprogramar todo. La presión de la banda estuvo presente -aunque se vio predisposición de ellos en las redes sociales-, y allí las autoridades debieron poner todo sobre la balanza.

 

Sí se sabe, que primero querían ver la posibilidad de hacer el show cuanto antes para calmar el ánimo de los fanáticos y darles algo de certidumbre en medio del malestar. Luego saber, a ciencia cierta, cómo quedó todo en el El Zonda, es decir, escenario, puesta en escena y utilería. Por eso se trasladó un día el espectáculo final.


Eso sí, la decisión de reprogramar todo abrió una brecha de tiempo para que se arregle lo roto, se organice lo que estaba desordenado y se baraje para dar de nuevo.