Durante sus cuatro años en la capital francesa, María Elena comenzó a escribir poemas y cuentos para niños, un trabajo que con el tiempo la convertiría en una reconocida figura de las letras infantiles en América latina.

"Finalmente llegó 1962. Canciones para mirar, un espectáculo para niños, encontró repercusión insospechada. Lo mismo pasó después, con Doña Disparate y Bambuco. Ahí logré lo que usted llamaría un éxito. Tal es así que ese año me dieron el premio Helena Rubinstein para teatro; aún cuando el teatro para niños era considerado un subgénero´, le contaba en 1995 a Bernardo Neustadt.

Entre las décadas de 1960 y 1970 se publicó el grueso de su producción infantil, como El reino del revés (1965), Cuentopos de Gulubú (1966) y Versos tradicionales para cebollitas (1967), Pocopán (1977), Manuelita ¿Dónde vas? (1997) y reeditaron Canciones para Mirar (2000).

"El éxito que más quiero es el que pueda tener con los chicos, porque me da la impresión que la respuesta de los chicos es más sincera y permanente que la de los grandes", decía. Y agregaba "Posiblemente sea entonces un problema mío de inseguridad. ¡Bastante infantil! Tengo miedo a los adultos me siento muy criticable ente ellos. En cambio los chicos me aceptan sin reticencias. Es una cosa mía, personal y semineurótica".