Al mediodía de ayer, el hambre se hacía sentir entre los cirujas que, sin desayunar y desde la salida del Sol, estaban clasificando residuos en el basurero de Rivadavia. Es que todavía no llegaba ninguno de los camiones que trasladan los desechos de comida provenientes de los híper. Y entre los residuos domiciliaros descargados hasta el momento sólo encontraron una bandeja con papas fritas enmohecidas, un par de mandarinas podridas y una lata de picadillo en mal estado. Igual las comieron, con la esperanza de que la búsqueda los premiara con, al menos, un paquete de salchichas. Por lo menos era el deseo más ferviente de Miguel Angel, de 21 años (foto). Llega todos los días desde Albardón para ganarse unos pesos reciclando basura. Por día le quedan alrededor de 20 pesos, que sólo alcanzan para que su mujer embarazada tome leche y coma carne. “Me importa que ella coma bien -contó el muchacho-. Yo me arreglo con lo que encuentro en el basurero. El otro día hasta me di el lujo de comer unos ravioles”.