Capacitada. Ochoa es licenciada en Seguridad y tiene un posgrado en Violencia de Género realizado en Mendoza. "Hay que saber más para ayudar mejor", sentencia, y asegura que "este trabajo es un jarabe para el alma y una tarea de gran responsabilidad".  

 

Con 24 años de servicio en la Fuerza, la vida de la subcomisario María Eugenia Ochoa cambió a partir de julio del año pasado cuando fue designada Jefa de la Comisaría para la Mujer, la unidad especializada de la Policía de San Juan destinada a la atención de víctimas de violencia familiar, delitos contra la integridad sexual y de trata de personas, en Rawson. Ochoa junto a su personal, cumplen un rol fundamental porque son el primer eslabón al momento en el que una mujer se decide a realizar la denuncia. "Es el primer paso y como tal las mujeres deben entender que denunciar es hacer lo correcto, que no es un tabú, que no debe importar el qué dirán sino la vida" explica. 


Según la profesional este proceso inicia con la denuncia, el llenado de un formulario de protección en el que interviene la Dirección de la Mujer, detallar las medidas cautelares más comunes que son exclusiva disposición de un Juez (prohibición de acercamiento por ejemplo) y lo más importante de todo: la contención emocional y psicológica. "Nuestra tarea es la atención primaria a la víctima que empieza con la denuncia, es una problemática difícil de tratar y no podemos apartarnos de nuestro rol policial aun siendo mujeres; tenemos que tener la cabeza fría y apretar el corazón para ayudarlas", puntualiza María Eugenia. 


Desde su perspectiva la constante profesionalización del personal permitió una mejora en el abordaje de la problemática en cuanto a las técnicas de detección de la violencia. "Hay mujeres a las que les cuesta hablar y que internalizan la violencia como algo común, debemos mediar para que lo diferencien. No está bien el trato despectivo, la violencia económica, los celos enfermizos o que nos aíslen de nuestras familias, nada que atente la integridad física y la de los hijos", concluye Ochoa.