DOÑA PAULA. En la primera parada, la actriz que representó a la mamá de Sarmiento hizo que el público hasta se emocionara con la interpretación. 

En medio del silencio del cementerio, tras las explicaciones de las guías y luego de conocer la primera parada del circuito de necroturismo, los visitantes se llevaron una sorpresa. Las rejas del lugar donde se encuentran los padres y hermanas de Domingo Faustino Sarmiento se abrieron. Al chirrido de esa puerta, se sumó la voz baja, pausada y llena de recuerdos de Doña Paula Albarracín de Sarmiento. Esto, gracias a una intervención artística que organizó la Municipalidad de la Capital y que permitió que algunos personajes que formaron parte de la historia de San Juan revivieran en medio de nichos y mausoleos, y contaran parte de su vida y de cómo se volvieron forjadores de esta provincia.

Caminando lentamente, moviéndose de un lado a otro y sin poder dejar de hacer temblar sus manos, Doña Paula fue el primer personaje en volver a la vida. Envuelta en un poncho marrón, con unas zapatillitas negras que se arrastraban por el suelo cada vez que caminaba, dejando en evidencia su edad, la mujer hizo que el público viajara en el tiempo. Recordó cómo levantó su casa, la que hoy es un museo nacional, habló sobre todos sus hijos y reivindicó el papel que ella y muchas mujeres más tuvieron a lo largo de la historia a través de diferentes emprendimientos. En este contexto, contó en numerosas oportunidades lo importante que fue el tejido dentro de su vida. Al terminar su presentación, y mientras entró nuevamente a la zona del monumento, los visitantes, que no podían contener la emoción, aplaudieron a la mujer.

Después, las guías pidieron que el público girara para conocer la tumba de Nazario Benavides. Casi de inmediato, por detrás de un enorme ángel de mármol, con su uniforme impecable y con una voz fuerte que hizo eco entre las sepulturas, Benavides se presentó. Con el celular en la mano, para filmar esa aparición y en silencio absoluto, el público escuchó las palabras del sanjuanino que hasta recordó a su esposa, que está enterrada en el mismo lugar.

Imponente. Guillermo Kuchen representó a Nazario Benavides. El personaje mostró la dureza que tenían los soldados en esa época.

"Qué bueno que sigan recordándome", dijo posteriormente Ignacio de la Roza, que con un sobretodo negro también sorprendió al público entre algunos mausoleos y comentó que en el cementerio no hay sepultura de él, pero sí un monumento que lo tiene presente.

A continuación, Francisca Borja de Toranzo, que formó parte de las Patricias Sanjuaninas, recordó cuando cosieron 600 uniformes para el ejército de San Martín y contó que por el amor que le tuvo a San Juan donó sus terrenos para que se construyera ese cementerio.

Entre los niños. Emar Acosta fue una de las últimas en aparecer en escena. Entre los pasillos contó su historia y sus logros. 

En las dos últimas paradas del circuito aparecieron Emar Acosta y Pedro Echagüe. Con ropa típica de la época, mostraron el lugar donde descansan y hasta hicieron un repaso de su vida. Invitando a que el público la siga, la primera mujer que fue elegida como diputada nacional caminó entre los nichos y los condujo hasta un rinconcito donde está su sepultura. Finalmente, tras ese recorrido, que duró cerca de dos horas, todos los actores, que permitieron que los visitantes conocieran de una forma más amena el circuito, fueron ovacionados.