Maxi tiene 11 años, está en quinto grado y ansía ser muchas cosas. Tiene una vida entera por delante pero ahora lucha por conservarla. En febrero del año pasado, exactamente el 29 de ese mes, fue diagnosticado con una miocarditis aguda, una enfermedad que llegó a su vida de un día para el otro. Se estima que fue causada por un virus y su vida se transformó en otra. Desde ese momento a hoy fue internado cinco veces.

 


Hoy se encuentra en la terapia intensiva del Hospital Italiano de Buenos Aires y en Emergencia Nacional. Maxi es de Córdoba pero viajó junto a su familia a la Capital cuando su caso se volvió más complejo en busca de nuevas esperanzas. Las drogas que los médicos le suministran ya no le hacen efecto según las palabras de su madre Paula Agliozzo. Y debe sobrevivir hasta que llegue el ansiado corazón. Un órgano que para él y su familia es la luz detrás de la oscuridad. La posibilidad de volver a nacer.

 

 

Si no llega pronto será conectado a un corazón artificial. No está solo en este camino. Su familia le brinda todo el amor y la contención que puede e implora por solidaridad. La suya y la de Mía y Alma, dos niñas de entre 2 y 3 años que atraviesan su situación. La familia de Maxi lo protege, no quieren que lo victimicen. Sólo buscan generar conciencia. Que el sufrimiento “sirva para algo”.
 

 

Paula Agliozzo, es su mamá. Ella nació en San Juan. Su papá se llama Javier Molina. Todos vivían en Córdoba hasta que viajaron a Buenos Aires en octubre y tuvieron que quedarse allí. Maxi ya no se podía trasladar más. “Mi hijo era totalmente sano y de un día para el otro se le presentó esta enfermedad que es una miocarditis aguda aparentemente causada por un virus. Es una inflamación aguda del miocardio que aparece por un virus o una bacteria o causas congénitas. A cualquiera le puede pasar esto. La gente tiene que entender que cuando se muere los órganos no se van al cielo sino que quedan en la tierra para salvar a entre 7 y 10 vidas”, apuntó Paula.


Y siguió: “Se dona corazón, pulmones, hígado, riñones, huesos, corneas, válvulas del corazón… Y en vida se salva a muchas personas donando sangre que permiten realizar trasplantes de médula. En este momento hay 20 chicos que necesitan trasplante cardíaco en el país. Y en el Incucai hay una lista de espera de 11 mil pacientes”. Sus palabras están cargadas de angustia. Paula dice y repite que no se ha generado conciencia con este tema. Que el Incucai es un organismo muy serio pero que falta y mucho para la gente se anime a donar.

 

“Este tema no da votos, no da rédito político pero descuidamos la vida. Es la espera de un órgano para vivir. No se compra, no se fabrica, viene del dolor de una familia que comprende que donando los órganos salva vidas. Es la luz de esperanza”, asegura Paula. Ella misma solicita que como la población es solidaria con las donaciones a los inundados, por dar un ejemplo, ayude también con sus órganos porque la enfermedad puede llegar en cualquier momento y alterar la vida de cualquier familia sin previo aviso.


“Somos una familia normal y esto es un huracán. El que no transita por ésto no lo puede dimensionar. Pedimos que la gente entienda que lo que transitamos nosotros lo puede transitar cualquiera”, remarca ella.

 

Fuente: Facebook 'Un corazón para Maxi'