Castillos inflables por los cuatro costados y metegoles alineados, listos para jugar un partidito. Juegos de destreza para que los chicos y las chicas se midieran entre risas, a ver quién corría más rápido y sin caerse. La pista del velódromo convertida en inmenso tobogán y cada rincón de la cancha, disponible para tirarse a compartir una merienda mientras en el escenario desfilaban los grupos musicales. En resumen, un gran patio de juegos instalado en pleno Estadio Abierto Parque de Mayo, para que 10.000 personas (la mayoría chicos, por supuesto) festejaran ayer el Día del Niño por adelantado.
Un patio de juegos gigantesco
"¿Querés de salame o queso?", preguntaba Alicia, mamá de 5 niños que esperaban sentados en círculo el sánguche que permitiera reponer fuerzas para seguir jugando. Los vendedores de pochoclo, praliné y algodón circulaban entre la gente, pero la mayoría había ido con su canasto para comer en familia. "¡Gana Boca, más vale!", gritaron a coro unos chicos desde el metegol, cuando se les preguntó quién iba ganando. Los más grandes, sin edad para divertirse en los castillitos inflables, organizaban su propios picaditos en el primer espacio libre que encontraban. Y hasta las actividades un poco más tranquilas, como una obra de teatro y un payaso cuenta-cuentos que preparó la Bibliomóvil, se vieron desbordadas de público.
Los más chiquitos, a puro salto, coparon los castillitos provocando alguna confusión de zapatillas a la salida, que el locutor solucionaba desde el escenario, anunciando que se había encontrado un niño perdido y algún que otro zapato también.
El grupo La Costa puso la música y ahí bailaron todos: los chicos y los grandes también, porque aunque se festejaba el Día del Niño, nadie quiso quedarse afuera de la fiesta.