ver más
Expo Innova Cuyo 2026

"El superniño no existe": la disertación de un agroclimatólogo sanjuanino en Expo Innova Cuyo repasó 30 años de datos sobre El Niño y el agro sanjuanino

Con la anomalía térmica ya en 1,9°C, Cristian Albors explicó en su charla de Expo Innova Cuyo por qué este Niño fuerte no se comporta como los de 1997 y 2015.

Por Lara Carrascosa 1 de octubre de 2026 - 21:37

El fenómeno de El Niño alcanzó en agosto de 2026 una anomalía térmica de 1,9°C por encima de la media en la zona de referencia del Pacífico ecuatorial, al borde del umbral que lo clasifica como “muy fuerte”. Pero en el valle de Tulum esa intensidad no garantiza un patrón previsible: según el repaso de tres décadas de registros que el ingeniero agrónomo Cristian Albors presentó este jueves en Expo Innova Cuyo, El Niño apenas explica una parte menor de lo que pasa con las heladas, la lluvia o el verano sanjuaninos.

Albors, docente e investigador de la Cátedra de Climatología Agrícola de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ), que codirige junto a la ingeniera Adriana Caretta, disertó sobre “El Niño y su impacto en la agricultura del Valle de Tulum” dentro del eje dedicado al agua de la quinta edición de Expo Innova Cuyo, que se desarrolla desde el miercoles 30 de septiembre hasta este viernes 2 de octubre de 2026 en el predio de Ruta 40 y calle 18, en Pocito.

“El superniño no existe”

El Niño es un fenómeno climático natural, no vinculado al cambio climático, que se repite de forma irregular cada dos a siete años. Consiste en un calentamiento del océano Pacífico sobre la línea del Ecuador, que eleva la temperatura por encima de los 23-24°C de referencia histórica. Fueron pescadores peruanos quienes lo detectaron por primera vez, al notar que el fenómeno solía coincidir con la Navidad.

Albors remarcó, ante el público de Pocito, que la categoría de “superniño” no existe en la escala científica. Según explicó, la clasificación técnica distingue entre episodios débiles, moderados, fuertes y muy fuertes, de acuerdo con cuántos grados centígrados supera la temperatura de referencia en la llamada zona 3.4 del Pacífico: un grado para los débiles, 1,5°C para los moderados y 2°C o más para los muy fuertes. Trece países —entre ellos Estados Unidos, Japón, Australia, China y Alemania— corren modelos de pronóstico a nivel mundial, detalló; Argentina no cuenta con uno propio. Según esos modelos, afirmó, hay 100% de probabilidad de que el fenómeno continúe hasta noviembre de 2026, con algunas proyecciones (Estados Unidos y Australia) que lo extienden hasta febrero de 2027.

Treinta años de números para despejar lugares comunes

El eje central de la charla fue un trabajo estadístico de la propia Cátedra de Climatología Agrícola, que correlaciona la temperatura de la zona 3.4 con los registros meteorológicos del valle de Tulum de los últimos 46 años. El estudio original data de 2016, cuando la cátedra lo elaboró en medio de otro Niño fuerte y de pronósticos catastróficos que finalmente no se cumplieron.

Los resultados, según Albors, desarman buena parte de lo que se da por sentado. De acuerdo con ese análisis, la fecha de la primera helada no muestra ninguna correlación con El Niño: en los seis inviernos con el fenómeno que hubo en los últimos 30 años, la fecha promedio no se adelantó ni se atrasó respecto del 1° de junio, tomado como referencia. La fecha de la última helada tampoco: según el estudio, El Niño explica apenas el 2% de esa variable. Así, sostuvo Albors, ni las heladas tardías del 7 y el 14 de septiembre de 2026 encuentran explicación en el fenómeno; apuntó, en cambio, a una masa de humedad que completa un ciclo de aproximadamente 30 días alrededor del Ecuador, con mayor incidencia sobre San Juan.

Tampoco la cantidad de heladas por año resultó más benigna en los años Niño, según el mismo relevamiento: los años neutros de los últimos 30 periodos promediaron 30 días con temperaturas bajo cero, contra 31 en los años Niño. Y dentro de septiembre, el patrón es parejo más allá del fenómeno, precisó Albors: la primera quincena del mes tuvo helada en los 30 años de la serie, y la segunda, en 3 de cada 10.

Las mínimas de septiembre más bajas de las últimas tres décadas —4,1°C bajo cero en 1996 y 3,8°C bajo cero en 2013, según sus datos— se registraron en años neutros, no en años Niño; en estos últimos, el mínimo de la serie fue de 2,6°C bajo cero, en 2002. La helada del 7 de septiembre de 2026 llegó a entre 4°C y 4,1°C bajo cero según la zona: un valor que Albors comparó con el de los años neutros más extremos, no con el de los años Niño.

La paradoja de las horas frío

El único indicador en el que El Niño mostró peso real, según el estudio de la Cátedra, fue el de las horas frío, la acumulación de temperaturas de entre 3°C y 7°C que frutales y vid necesitan para salir del reposo invernal: el fenómeno explicaría el 25% de su variación histórica. Pero el propio dato de 2026, señaló Albors, contradijo la expectativa. En el Niño muy fuerte de 1997 —el año en que, según recordó Albors, el río San Juan bajó “de orilla a orilla”— se acumularon 783 horas frío; en el de 2015, tras una seguidilla de años secos, 714. En el actual, también clasificado como muy fuerte, el acumulado ya llegaba a 890 horas al momento de la charla: más que en los dos antecedentes de intensidad comparable, pese a que el promedio histórico de los años Niño (850 horas) es más bajo que el de los años neutros (930) y, sobre todo, que el de los años Niña (1.100).

Mes por mes, siempre según el relevamiento que presentó Albors, agosto resultó el que más explica esa variación: la temperatura de la zona 3.4 influiría en un 34% sobre las mínimas de agosto, muy por encima de septiembre (5%), julio (13%), octubre (0%) y junio y mayo (1% cada uno). En los años Niño, afirmó, la mínima promedio de agosto es de 4,4°C, contra una media general de 2°C y un promedio de 2°C en los años Niña.

Sobre los grados día de verano —calculados de agosto a abril—, indicó, la influencia de El Niño cae al 4%, equivalente a apenas 115 grados día adicionales por año: un efecto que calificó de prácticamente nulo.

En precipitaciones, el patrón también se apartó de lo esperable, según su exposición. A nivel nacional, explicó, los años Niño suelen traer más lluvia al norte argentino, el Litoral, el sur de Brasil y, en menor medida, parte de la región pampeana. En San Juan, dijo, ocurre lo contrario: el promedio de los 33 años sin El Niño de la serie fue de 84 milímetros anuales, mientras que en los años Niño débiles bajó a 71 milímetros, y siguió cayendo a medida que aumentaba la intensidad del fenómeno, en los episodios moderados y fuertes. El mayor evento de lluvia de toda la serie —152 milímetros en tres días consecutivos, en febrero de 2014— ocurrió, de hecho, en un año neutro, sin relación con El Niño, remarcó.

La cordillera, el límite que cambia las reglas

Albors explicó la aparente contradicción de las horas frío de 2026 por la posición de San Juan al pie de la Cordillera de los Andes, de casi 5.000 metros de altura, que generaría lo que llamó una “desconexión territorial”: los valles sanjuaninos, en una zona de transición entre el océano Pacífico y la alta montaña, responderían de manera más errática a la señal de El Niño que otras regiones del país.

La propia Secretaría de Recursos Hídricos de la provincia confirmó en los últimos días ese escenario atípico: los primeros relevamientos visuales ubicaron la nieve acumulada en hasta tres metros en algunos sectores de la cordillera sanjuanina, muy por encima de los registros de las temporadas recientes, con antecedentes comparables en 1987 y 1997. El pronóstico de escurrimiento del río San Juan para el ciclo 2026-2027, que determinará cuánta de esa nieve se traducirá finalmente en agua disponible, está previsto para la segunda quincena de octubre..

Por qué la helada de septiembre dolió más

Consultado por el público sobre la magnitud de los daños de la helada del 7 de septiembre de 2026, Albors explicó que se combinaron dos factores. Las horas frío necesarias para salir del reposo invernal se cumplieron plenamente, durante el invierno de 2026, en la mayoría de las variedades de vid y de frutales: una vez satisfecha esa exigencia, la planta queda apta para brotar o florecer, pero necesita además un estímulo de temperatura, en este caso, una temperatura diurna sostenida por encima de los 20°C. Los eventos de viento Zonda registrados durante agosto de 2026 aportaron exactamente ese estímulo y adelantaron la brotación: en promedio 11 días en toda la provincia, y hasta 15 días en vid de pie franco y en almendro. Esa combinación —horas frío ya cumplidas y brotación adelantada por el Zonda— dejó a las plantas más expuestas al momento de la helada, lo que explica, según Albors, un daño equivalente a la pérdida de varias cosechas.

Entre el miedo y la información

Albors cerró la charla retomando una encuesta reciente en medios de comunicación, según la cual ocho de cada diez sanjuaninos manifiestan algún temor ante la llegada de El Niño, principalmente por las tormentas intensas y las inundaciones urbanas. Frente a ese dato, planteó al público una disyuntiva: informarse para prevenir, o dejarse ganar por el miedo. “El miedo nos paraliza”, dijo, y llamó a productores y técnicos a reaccionar frente a la situación climática en lugar de resignarse a ella.

La agenda del viernes 2 de octubre, último día de Expo Innova Cuyo, debió reorganizarse y acortar su horario por una alerta de viento Zonda: el mismo fenómeno que adelantó la brotación de buena parte de la vid y los frutales sanjuaninos y los dejó más expuestos a la helada de septiembre. Los esperamos de 9 hs a 14 hs.

Temas
Seguí leyendo