En una finca de apenas siete hectáreas, a los pies de la Sierra de Ullum, Lorenzo Luis Mas elabora, junto a su esposa y sus hijos, unas 3.000 botellas de vino por año. Y es ahí, en esa escala chica y casera, está buena parte de la explicación de por qué la bodega familiar "Mas Russó" se llevó este año tres medallas de oro y tres de plata en la Cata San Juan, uno de los certámenes de vinos más antiguos del país.
Familia Mas Russó, la bodega familiar de Ullum que brilló en la Cata San Juan con su Moscatel Rosado
La familia Mas Russo elabora vino en una finca de Ullum desde 2019. Este año, su Moscatel Rosado y el resto de la producción se llevaron tres medallas de oro y tres de plata en la Cata San Juan, el certamen de vinos más antiguo del país.
"Nosotros, a pesar de que trabajamos con poca cantidad, tenemos el propósito de hacer un vino de buena calidad", resume Lorenzo, contador de profesión, hijo y nieto de viñateros, pero primera generación de bodegueros en su familia.
De la finca a la bodega
El proyecto nació en 2019, casi sin querer. Lorenzo había comprado la finca años antes y, en algún momento, empezó a elaborar vino para consumo de la familia. Lo que siguió fue menos una decisión de negocios que una tradición doméstica: cosechar con los hijos y los nietos, compartir un asado el día de la vendimia, convertir la finca en punto de encuentro. "Ese tipo de actividad realmente unió mucho a la familia", cuenta.
El nombre de la bodega sale, justamente, de ahí: Mas, por el apellido de Lorenzo, y Russo, por el de su esposa. "Buscamos, investigamos un montón de marcas o de nombres, pero nos pareció que eso nos identificaba", explica. Para futuras líneas prevén usar otros nombres; pero la base de la bodega seguirá llevando el apellido de la familia.
Son tercera generación de viñateros —sus abuelos llegaron de España y se afincaron en San Juan, como buena parte de los productores de la provincia— pero primera generación al frente de una bodega propia. En la finca de Ullum cultivan Sauvignon Blanc y Moscatel Rosado, su variedad insignia; las uvas tintas las compran a productores de altura de la finca La Ciénaga.
Para elaborar, Lorenzo se apoya en AEVA, la asociación de elaboradores de vinos artesanales de la que es socio, que pone a disposición de los pequeños productores el equipamiento —moledoras, prensas, filtros, llenadoras— que de otro modo sería dificil de acceder. "Eso nos permite a los pequeños productores poder tener equipamiento de calidad para elaborar el vino; si no, no podríamos hacer una inversión tan grande", dice. La molienda es mecanizada, con máquinas chicas y transportables; el fraccionado y el embotellado, en cambio, los hace la familia a mano. El enólogo a cargo, Ernesto Lucero Fariello, supervisa el proceso, controla la fermentación —que no debe superar los 18 grados— y hace los análisis periódicos sobre el producto.
El Moscatel que conquista a los jóvenes
Si hay un vino que identifica a la bodega, ese es el Moscatel Rosado. Se elabora con una variedad que históricamente se plantaba casi en exclusiva en Jáchal y que Lorenzo fue a buscar ahí. "Es una uva muy dulce, muy perfumada, la más perfumada de todo el moscatel", describe.
A diferencia de los blancos convencionales, este vino fermenta con el propio hollejo de la uva, de donde saca su color intenso, su aroma y un sabor persistente a fruta fresca. "En otros vinos hay descriptores: que es pomelo, que es durazno, que son flores. En este caso no cabe ninguna duda de que es uva", resume Lorenzo.
Hoy representa el 30% de la producción total de uva de la bodega y la idea es seguir creciendo: además de que se trata de uva propia, el vino viene sosteniendo su calidad edición tras edición. El año pasado ya había ganado medalla de plata; este año, en la Cata San Juan, sumó otras dos medallas de plata en dos versiones distintas.
Se recomienda tomarlo joven y bien frío, alrededor de los 6 grados, como un blanco. "Los vinos blancos y rosados son más de tomar frescos, en verano", explica. Lorenzo lo piensa como un aperitivo —aunque también puede acompañar pastas o pescado— y hasta probó maridajes de contraste, como con queso azul, que resaltan su aroma y su dulzor natural, "un dulce no de azúcar, sino dulce de la uva".
Ese perfil suave y aromático es, según Lorenzo, lo que explica su éxito entre un público que no suele ser el habitué de las bodegas tradicionales: "el perfil de ese vino tiene más que nada a las personas jóvenes, y a las mujeres les gusta también mucho".
La mistela
De la misma uva moscatel sale también la mistela, que este año la bodega presentó por primera vez en un certamen —entre tres y cuatro muestras—. Técnicamente, aclara Lorenzo, no es un vino: en lugar de dejar que la uva fermente hasta transformar su azúcar en alcohol, se le agrega alcohol apenas se muele, antes de que arranque la fermentación. El resultado es un licor que conserva los sabores del hollejo de la uva, pensado como vino de postre o para usar en repostería. "A mí me gusta particularmente en los licuados de durazno: en vez de ponerle agua, ponerle mistela", cuenta Lorenzo.
Innovar para que la gente tome más vino
Más allá de los premios, a Lorenzo lo entusiasma una idea de fondo: que el vino deje de ser una bebida reservada a entendidos. "Si nosotros seguimos tomando el vino a sorbitos y solamente por expertos, vamos mal como industria", dice, y cita al enólogo Juan Francisco Parajua: lo importante es que la gente tome vino, de la forma que sea, hay que animarse a tomarlo con soda, como refresco, con hielo y rodajas de cítricos, o incorporarlo a la coctelería. "Me parece que hay que ir por ahí y generar curiosidad, más que nada en la gente joven", resume. El propio Moscatel Rosado, dice, ya es un paso en esa dirección.
La bodega está sobre la ruta Interlagos, en Ullum, lo que la convierte en un posible punto de parada para el turismo de paso y el objetivo a futuro es poder ofrecer un lugar donde quien pase pueda detenerse veinte o treinta minutos, degustar el vino y llevarse una linda experiencia, más cerca del modelo de otras pequeñas bodegas boutique de la provincia que de los circuitos de enoturismo con restaurante y recorridas largas.
Mientras tanto, la carta de presentación de Mas Russó sigue siendo, sobre todo, el boca en boca —y, cada vez más, las medallas y detrás de las mismas y de los videos de cosecha que suben a Instagram, lo que crece en esta finca de Ullúm es, ante todo, una historia familiar: la de una bodega chica y artesanal que empieza a ganar lugar entre las que van naciendo en San Juan, con la cultura, la tradición y el trabajo de varias generaciones como motor.