INTA San Juan: Historia, agua y el valor de transferir el conocimiento al territorio sanjuanino

A pocos días de celebrar siete décadas de vida institucional en todo el país, desde el INTA San Juan repasamos nuestras raíces. A través del testimonio de Mario Liotta, histórico integrante la Experimental, reconstruimos los inicios de la investigación en suelos, el manejo del riego y la importancia vital de la extensión en el territorio.

Por Comunicación INTA San Juan 7 de noviembre de 2026 - 16:48

El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) cumple 70 años, en menos de un mes y lo celebra a lo largo y a lo ancho del país recordando los grandes aportes en el territorio. Uno de los ejes que ha marcado la historia de nuestra institución en la provincia, ha sido el compromiso irrenunciable con la investigación y la transferencia de conocimientos al sector productivo. En este contexto, Mario Liotta, un referente que ingresó al INTA en el año 1977 y dedicó más de cuatro décadas de su trayectoria, al servicio de la ciencia agrícola local, expresó la importancia de la transferencia de conocimientos.

En sus memorias, Liotta recuerda un INTA con equipos de trabajo numerosos y de gran disciplina. "Yo trabajaba en suelo. Estaba el laboratorio con unas diez personas, y en la parte de suelo éramos por lo menos diez personas más", rememora sobre aquellos años formativos de un equipo que, con el tiempo y las dinámicas institucionales, fue reconfigurándose.

Del agua abundante a la eficiencia del riego

Hablar de la historia productiva de San Juan es hablar del manejo del recurso hídrico. Las primeras líneas de investigación de Liotta estuvieron abocadas al riego por superficie, un trabajo fundamental si se tiene en cuenta que el riego por goteo recién comenzó a desembarcar con fuerza en la provincia hacia 1990. El objetivo científico central era investigar e implementar sistemas de riego tradicionales que resultaran cada vez más eficientes en las fincas.

Paradójicamente, frente a los escenarios de crisis hídrica actuales, en aquellos años el desafío productivo muchas veces era la abundancia. "Trabajé bastante en el tema de drenaje porque había abundancia de agua y entonces había un problema de revenición en muchos departamentos", explica. Para hacer frente a esta problemática y cuidar los suelos, el INTA monitoreaba una red de freatímetros. Con las lecturas de estos instrumentos, los equipos técnicos confeccionaban mapas, una herramienta clave que permitía determinar con precisión cómo las napas superficiales afectaban el territorio departamental.

Estas labores nunca se realizaron de forma aislada. Ya desde sus primeras décadas, el INTA cimentaba su trabajo en una fuerte articulación interinstitucional, colaborando codo a codo con la Dirección de Hidráulica, el Centro Regional de Agua Subterránea (CRAS) y la Universidad.

El conocimiento fuera del escritorio

Toda la ciencia aplicada al suelo y al agua cobraba su verdadero sentido al llegar a las manos del productor. Históricamente, la investigación de nuestra institución se tradujo en acciones directas de transferencia a través de las agencias de extensión, con presencia en casi todo el territorio provincial.

"Se daban muchas charlas y cursos de capacitación, tanto para productores como para otros técnicos, funcionando como formación de formadores para transmitir los conocimientos adquiridos", destaca Liotta. Para el exinvestigador, esta dinámica resume la esencia de la institución: "El tema de la transferencia es fundamental. Lo que se investiga y se conoce se debe transferir para que todo ande mejor en la producción. Los conocimientos no se deben guardar en los escritorios, sino transmitirlos".

Mirar hacia atrás nos permite definir con claridad qué significa el INTA para la sociedad sanjuanina. Uno de los mayores aportes históricos y actuales de la institución radica en su permanencia en el territorio, brindando siempre el conocimiento necesario para respaldar a los productores y técnicos que día a día sostienen la agroindustria provincial.

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