Al este de Chimbas, en la zona El Mogote, un predio de dos hectáreas que no se cultivaba desde hacía alrededor de veinte años se convirtió en el Vivero Municipal de Chimbas. El espacio depende de la delegación municipal de la zona y, desde mayo de 2026, funciona como vivero, aula al aire libre y punto de encuentro vecinal. Allí se dictan tres talleres gratuitos por semana, se reciben restos de poda para transformarlos en esquejes y abono, y se organiza una feria agroproductiva mensual.
Jardinería seca, conservas y aves: el vivero que crece con los vecinos de El Mogote
El Vivero Municipal de Chimbas funciona en un predio de dos hectáreas en El Mogote. Dicta talleres gratuitos de jardinería, conservas y naturaleza.
El lema con el que el vivero se presenta en redes sociales resume la propuesta: “Plantas, árboles y encuentros para recuperar el verde del departamento” y el proyecto se ordena en cuatro objetivos: la producción y reserva de plantas, la educación ambiental, el fomento de oficios y la promoción del área agrícola de El Mogote.
La zona agrícola histórica de Chimbas
El lugar elegido no es casual. Chimbas nació como departamento sobre tierras que hasta aquel 11 de diciembre de 1913 formaban parte del antiguo Concepción. Por su cercanía al río San Juan y al viejo brazo conocido como Cañada Brava, buena parte de su territorio era pedregoso y sufría las crecidas, con pocas superficies aptas para el cultivo.
La excepción fue El Mogote, que se consolidó como el área productiva del departamento gracias al trabajo de familias de agricultores, muchas de ellas de origen español, que transformaron esas tierras en fincas y chacras de vid, hortalizas y olivos.
La zona fue además un punto de paso. Por El Mogote cruzaba el Paso Camargo, uno de los vados que conectaban San Juan con el norte y el este del país. Allí se levanta también el Oratorio de San Pedro, el templo más antiguo del departamento, con raíces en la segunda mitad del siglo XIX e inaugurado oficialmente en 1910. Cimentado primero en adobe, fue reconstruido después del terremoto de 1944 y está declarado patrimonio histórico departamental. Durante décadas fue el centro devocional de Chimbas, cuando el departamento todavía no tenía parroquia.
Con el avance de la urbanización, El Mogote quedó como el último sector agrícola de un departamento que hoy es mayormente urbano e industrial. Esa transformación es, justamente, uno de los ejes del vivero: la zona es muy solicitada para desarrollos inmobiliarios y existe el riesgo de que las fincas se pierdan si no se las pone en valor.
Un predio que vuelve a producir
La delegación funciona en una casona ubicada en una esquina del terreno. Desde allí operan los servicios municipales de mantenimiento de espacios verdes y barrido, y se ofrecen atención médica y clases de folclore, entre otras prestaciones. Fue el propio personal de la delegación el que pidió contar con un vivero.
Cuando comenzó el trabajo, el lugar estaba raleado y solo un sector con pasto recibía agua cuando llegaba el turno de riego, el sistema por el cual cada propiedad accede al agua del canal durante un tiempo asignado. En el predio se conserva un pozo con estructura de adobe, de una perforación para riego de unos 80 años. Hacia el fondo hay un bosque de especies nativas y un olivar seco.
En ese sector se aplica la retención de humedad, una técnica que aprovecha la forma del terreno. Por las pendientes, el agua de riego o de lluvia no se escurre sino que queda entrampada en las zonas bajas y se infiltra en el suelo. Allí, algarrobos y otras especies nativas prosperan con un goteo mínimo o solo con la limpieza de la zona. Los senderos que se abrieron ya son usados por vecinos de Villa Videla, un asentamiento antiguo de perfil rural ubicado detrás del predio, que lo atraviesan a pie y a caballo.
El plano de la primera etapa, incluido en la presentación del proyecto, prevé dos invernaderos, un sector para rustificar plantas, un área de siembra abierta, una chacra, un aula abierta y un sendero de especies autóctonas. Ya se midió el tendido de riego por goteo, que alcanzará también a las nativas para recuperarlas. Parte del terreno está reservada también para una futura cancha de fútbol.
Jardinería seca: trabajar con la sequía
El enfoque del vivero se apoya en la jardinería seca o xerojardinería, una forma de diseñar espacios verdes que busca mantener plantas sanas con muy poca agua.
La propuesta parte de una observación sencilla: San Juan es una provincia extremadamente seca, con lluvias escasas y eventuales, y sin embargo en el campo hay bosques nativos y vegetación que nadie riega. La jardinería seca estudia esas capacidades y las lleva a la plaza y al jardín. No se limita a cactus y suculentas: incluye especies que resisten una dosis mínima de agua, o una dosis alta pero muy espaciada, y pone el foco en el suelo, en su contenido de materia orgánica y en su capacidad de infiltración, es decir, de absorber y retener el agua en lugar de dejarla correr o evaporarse.
El enfoque llega al vivero de la mano de Jardín Seco, una red de jardines comunitarios y experimentales impulsada por un grupo de sanjuaninos. La iniciativa tomó forma a partir de 2020, con un proyecto de vivero y revegetación en el paraje Difunta Correa, un lugar conocido por su sequía, donde se trabajó con recuperación de aguas grises y especies adaptadas. Más tarde, una consultoría para el municipio de Rawson derivó en un libro de forestación comunitaria, presentado a principios de 2026.
El criterio del vivero es producir las especies que mejor resistan en los espacios verdes de Chimbas. La base son las nativas, aunque se incorporan exóticas bien adaptadas y especies de otras regiones del país, como el lapacho y el jacarandá, originarios del norte argentino. Las plantas se producen a la intemperie y se rustifican: se las expone de forma gradual al sol, al viento y a riegos más espaciados, para que toleren menos agua de lo habitual y resulte sencillo instalarlas en una plaza. Es lo contrario de lo que ocurre con muchas plantas de viveros industriales, criadas en condiciones controladas, que suelen morir a los pocos días de ser trasplantadas por falta o exceso de riego.
Además de la sequía, el equipo pone el acento en la resistencia al vandalismo. Frente a plazas que se inauguran con césped en panes y rosales o lavandas que al poco tiempo son robados o pisoteados, la propuesta es trabajar con plantas de bajo costo, que resistan el uso del espacio público y que planten los propios vecinos. Pablo Pastor, a cargo de la gestión del vivero, sostuvo que la clave del cuidado es el vínculo, porque no se cuida lo que no se conoce.
Todo sirve: nada se pierde, se transforma
El vivero cumple también una función de reserva. Durante el invierno de 2026, como la delegación presta el servicio de poda de la zona, se recibió una gran cantidad de esquejes, fragmentos de tallo o rama que, puestos en tierra en las condiciones adecuadas, desarrollan raíces y dan origen a una planta nueva idéntica a la original. Es una de las formas más simples y económicas de multiplicar especies de fácil reproducción.
Los restos de poda que en muchos municipios terminan como basura verde se aprovechan de dos maneras: como esquejes o como chip de poda, el triturado de ramas que se distribuye sobre el suelo como cobertura. Esa capa reduce la evaporación, modera la temperatura de la tierra en verano y, a medida que se descompone, aporta materia orgánica. El equipo advierte que el volumen es un desafío: los camiones de restos de poda deben procesarse rápido, porque las ramas secas acumuladas son inflamables.
El pasto cortado de los espacios verdes del departamento se acumula en montículos para enriquecer el terreno, los vecinos donan guano de sus corrales y en cajones se elabora compost seco con los residuos orgánicos que acercan. La explicación de fondo es que el suelo sanjuanino es pobre en materia orgánica porque durante millones de años tuvo una vegetación muy escasa, a diferencia de los suelos de la región pampeana o de Misiones. Por eso, cada resto vegetal que vuelve a la tierra ayuda a mejorarlo. La presentación del proyecto contempla, además, un sector de clasificación de residuos reciclables y un compostaje vecinal. La meta a largo plazo es un pequeño parque ambiental dedicado al aprovechamiento de residuos orgánicos y restos de poda.
Con el tiempo, producir sus propias plantas le permitiría al municipio comprar menos. Los árboles del plan forestal anual los provee el Parque de la Biodiversidad, que depende de la Secretaría de Ambiente de la provincia, pero las plantas ornamentales para las plazas deben comprarse.
Tres talleres y un gajo como entrada
Los talleres se dictan a las 15 hs y son gratuitos. La única contraprestación que se pide es llevar un gajo o un plantín, una modalidad que permitió reunir muchas plantas que ya se reproducen en el predio y que, según el equipo, genera pertenencia: quien lleva una planta queda tan pendiente como los organizadores de que prospere. Los talleres de jardinería y de naturaleza son intergeneracionales y reúnen desde niños hasta adultos mayores. Por tratarse de una comunidad agrícola, con vecinos que conocen el trabajo de la tierra, los encuentros funcionan más como un intercambio de saberes que como clases.
El primero en ponerse en marcha fue el taller de jardinería, que se dicta los viernes a cargo de Celia Sanduay, viverista con experiencia en jardinería, carpintería y trabajos con materiales naturales, que estimula a los participantes a ver en las plantas una posible salida laboral. Los asistentes ya plantaron árboles, que hoy crecen con tutores en el predio. El municipio creó por ordenanza una escuela de jardinería que funcionará en el vivero como parte de la escuela de oficios municipal.
Los miércoles se dicta el curso de elaboración y conservación de productos regionales, fruto de un convenio entre el municipio y la escuela de oficios de la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ). Está a cargo de las ingenieras en alimentos Marysol Poblete y Eugenia Giménez, con experiencia en la industria alimentaria, desde la elaboración de pasas y la vinificación hasta la preparación de conservas y dulces. Se trabaja con productos de estación y el municipio aporta todos los materiales. Es la primera edición en El Mogote y está orientado a adultos que buscan un emprendimiento productivo. El 16 de septiembre de 2026 los asistentes visitaron una fábrica de aceite de oliva virgen extra cercana al predio para conocer el proceso de elaboración.
Aprender a mirar: el taller de naturaleza
El taller de naturaleza, que comenzó el 27 de agosto de 2026 y se dicta todos los jueves (tambien 15 hs), está a cargo de Luciano “Luchito” Poblete, guardaparque y naturalista nacido en Iglesia y radicado en Chimbas, voluntario del Club de Observadores de Aves (COA) San Juan. El programa abarca aves y fauna nativa, plantas y ambientes naturales de la provincia, insectos y su función en los ecosistemas, observación e interpretación de especies, reciclaje y recuperación de espacios degradados. Incluye también plogging, una práctica surgida en Suecia que combina la caminata o el trote con la recolección de la basura que se encuentra en el recorrido.
Para las salidas cuentan con un catalejo, un monocular y cinco guías de aves, pensadas para distintos ambientes de la provincia: aves urbanas, de Altos Andes y Puna, del Chaco y de humedales. Poblete elaboró stickers y fichas con un mapa en el que los participantes marcan la distribución de cada especie, y prepara un libro para colorear con aves, insectos, mariposas y mamíferos. En las caminatas se aprende además a reconocer las especies arbóreas de la zona, y se arman circuitos para que el público recorra el lugar.
En el bosque nativo del fondo del predio encontraron ligas, también conocidas como muérdago criollo. Se trata de una planta hemiparásita: crece sobre las ramas de otros árboles, como el algarrobo o la jarilla, de los que toma agua y nutrientes, aunque produce parte de su propio alimento mediante la fotosíntesis. Sus flores rojas alimentan a los picaflores. Su fruto es una pequeña baya con una sustancia muy pegajosa: el ave la come y, al defecar sobre una rama, la semilla queda adherida y germina allí. Así, la liga depende de las aves para dispersarse y las aves encuentran en ella alimento.
La observación de aves permite leer el estado del ambiente. En la zona se registraron jotes de cabeza negra y de cabeza colorada, aves carroñeras que cumplen una función sanitaria al eliminar restos de animales muertos, además de chimangos y cóndores. También viven catas, las cotorras que construyen grandes nidos comunitarios de ramas, cuyo principal depredador y controlador natural es el halconcito colorado, una pequeña rapaz. Para el equipo, la presencia de aves y de polinizadores como las abejas es un signo de salud del espacio recuperado. Por eso el taller recomienda asegurar floración también en otoño e invierno, cuando escasean las flores, con especies como el aloe, cuya flor roja alimenta a picaflores, mariposas y abejas.
En la jornada del jueves 17 de septiembre de 2026 el grupo abrió senderos, limpió sectores del terreno y delimitó canteros con picos de botellas plásticas recuperadas en las limpiezas, unidos con cable. A los talleres se suma un voluntariado con el que el equipo busca formar una especie de guardia verde: un grupo estable de vecinos dispuestos a recuperar baldíos afectados por la basura, empezando por el propio vivero. El equipo aclara que esos baldíos no son responsabilidad de los vecinos: son lugares impactados históricamente, donde a menudo termina basura traída desde otras zonas. La meta para lo que resta de 2026 es sostener los tres talleres fijos hasta fin de año y realizar un voluntariado mensual.
La feria y la defensa de la zona agrícola
La promoción del área agrícola es una meta de la intendencia. De allí surgió la feria agroproductiva de El Mogote, que se realiza a principios de cada mes y cuya cuarta edición tuvo lugar en septiembre de 2026. Participan vecinos con huertas que ofrecen frutas y verduras de estación, huevos y chacinados, junto con elaboradores de productos regionales y vendedores de plantas. La feria nació a partir del contacto con los productores, que tienen dificultades para comercializar y muchas veces gastan más en combustible para llegar al mercado que lo que obtienen por la venta. En la feria venden a sus propios vecinos y a público que llega desde otras zonas de Chimbas.
La escuela de oficios municipal definió a El Mogote como el área agroproductiva por excelencia del departamento y señaló que, junto con Pocito y Rawson, es de las pocas zonas del Gran San Juan que producen alimentos. La idea de la intendencia es que el predio sea además una huerta orgánica que produzca alimentos para la comunidad y los venda a muy bajo precio. También se destacó que la recuperación del espacio, que estaba abandonado, contagió a los vecinos, que empezaron a hacer cerramientos en sus propios terrenos.
Parte de la escuela de oficios
El vivero integra la oferta de la escuela de oficios de Chimbas, que cuenta desde 2025 con una partida propia en el presupuesto municipal y se puso en marcha con un Proyecto Federal de Innovación. El departamento tiene solo dos escuelas técnicas, por lo que el municipio organiza capacitaciones por zona según la demanda laboral. En El Mogote, además de las conservas, está por comenzar un curso de ecoturismo orientado al turismo rural, para dar a conocer los senderos y la historia de la zona. La escuela mantiene convenios con la escuela de oficios de la UNSJ y con las facultades de Arquitectura y de Ciencias de la Salud. Con el INTA San Juan hay convenios en exploración y colaboraciones informales: ingenieros agrónomos de la Estación Experimental de Pocito recibieron al grupo, dictaron clases y participaron en actividades en el predio. También colaboró personal de Hidráulica.
Hacia adelante, el equipo imagina el vivero como una escuela de oficios verdes, de jardinería y agricultura, en la que los profesores sean los propios vecinos, como la vecina que enseña a hacer dulce de membrillo, y donde puedan vender sus productos.
El objetivo es que el predio recuperado sirva de modelo para los baldíos de un departamento marcado por una transición territorial: primero la deforestación de las riberas del río con la formación de los núcleos urbanos, después las fincas y luego los barrios. Cada etapa dejó un suelo más difícil para el verde. Lograr plazas con árboles que no dependan del camión regador será, reconocen, un proceso lento, en el que la educación ambiental y la participación de los vecinos son la principal herramienta.