Icónico. El sulfato de aluminio fue sin dudas uno de los minerales insignia de Calingasta. En su época de oro contribuyó al 47% del PBG de este departamento hasta la llegada de la privatización.

 

“No hablamos de reactivación sino de reevaluación para una posible comercialización del producto, esto debe quedar claro porque estamos en una etapa preliminar y para no generar falsas expectativas”, fue determinante Julio Ríos Gómez, titular del Servicio Geológico Minero Argentino (Segemar), al confirmar que la entidad hace tan sólo unas semanas culminó la reevaluación para la puesta en valor del sulfato de aluminio de Calingasta, mediante la toma de muestras. Esto significó el relevamiento de las escombreras, frentes de canteras y afloramientos, una tarea a pedido de la subsecretaria de Planificación y Promoción del Desarrollo Minero Sustentable del Ministerio de Minería provincial. Según Ríos Gómez, fue a raíz de la inquietud del intendente de Calingasta, Jorge Castañeda, quien buscaba viabilizar la promesa de la anterior gestión del Segemar, de realizar un estudio para evaluar las posibilidades de volver a poner en mercado este commoditie que entre los ’70 y los ’80 tuvo su auge, pero que en la época de Carlos Menem quedó sin competitividad. La desregulación de los mercados y la privatización de los servicios de agua potable, sumió a la producción local en una profunda crisis económica que desembocó en el cierre de los yacimientos y se sustituyó el sulfato de aluminio de origen natural por el que se obtiene por ataque con ácido sulfúrico a arcillas ricas en aluminio y hierro, provenientes del Brasil (Bauxitas y Lateritas).


En esta primera etapa que acaba de culminar el Segemar, se realizó la visita a las viejas canteras, se recorrieron todas las áreas con presencia de sulfato y se evaluaron geológicamente los niveles en donde están estas zonas de mineralización. Con la toma de muestras se hizo una evaluación preliminar de las condiciones en las que están hoy en día las canteras y las áreas posibles en las que se puedan desarrollar a futuro los contenidos. En este sentido se han determinado tres áreas de interés ubicadas en el Norte, Este y Sur de Calingasta y según lo confirmó el geólogo Diego Rodríguez, de la delegación local del Segemar a cargo de esta etapa de reconocimiento.  “Para que tengan una idea uno de ellos es un sector de unos 2,5 kilómetros cerca de una localidad llamada La Isla, otro es antes del puente de Pachaco, son áreas que tienen canteras pero lo que hicimos es un reconocimiento para saber en qué niveles contienen sulfato además de ver recursos nuevos”, explicó Rodríguez.


La segunda etapa y en cierto modo la determinante, es la que llevará a cabo el Instituto de Tecnología Minera (Intemin), el brazo tecnológico del Segemar, se será el de realizar un método de proceso para poner en valor el commodite y que consiste en separar a los metales pesados que naturalmente acompañan a este mineral. “En breve iniciaremos los ensayos en Buenos Aires, primero buscaremos las muestras más limpias, las que tengan menos contaminación para ver qué elementos o con qué elementos nosotros podemos ir trabajando y desarrollar un proceso para un producto final vendible”, explicó Rìos Gómez.


Puntualmente el desafío será separar el arsénico y otros de la composición de las muestras. El mineral natural, el de San Juan, contiene algunas impurezas como arsénico, hierro, manganeso y magnesio. “El material original son sulfuros metálicos que se descomponen cuando se oxigenan, esto te genera el sulfato de aluminio y el sulfato de magnesio naturalmente, esta composición en algunos sectores contiene arsénico y en otros no porque tiene que ver con la formación de los sulfuros”, detalló la fuente. “En esta etapa preliminar nos ha ido bastante bien, hay niveles por la transformación de los sulfuros, el tema es que tenemos muestras donde sí hay arsénico, entonces lo que queremos ver es si este método más algún otro aditivo que haya que colocarle nos permita entrar en una fase competitiva”, agregó el titular del Segemar.


Es que la intención sería lograr un espacio como insumo de las plantas de potabilización ya que el sulfato de aluminio se utiliza como elemento filtrante y purificador, un nicho de gran demanda acorde va aumentando el crecimiento demográfico de las ciudades argentinas. 


Según las estimaciones que se manejan desde el Segemar, esta etapa a cargo del Intemin podría llevar entre seis meses y un año. De obtenerse buenos resultados, se pasaría a la etapa de desarrollo de una planta piloto para la producción del mineral. 


 

La historia y sus usos

 

 

El principal uso del sulfato de aluminio es la potabilización del agua para el
consumo humano, por la propiedad de estos sulfatos que adicionados en pequeña cantidad pueden neutralizar las cargas eléctricas que mantienen a las arcillas en suspensión cuando están en el agua, con lo cual el agua pierde la turbidez y queda en condiciones de seguir el proceso con el agregado de cloro para eliminar los gérmenes. 


Los yacimientos de sulfato de aluminio en San Juan son conocidos desde principio del siglo XIX, época en que se lo extraía y purificaba para su consumo en la industria del cuero. En los primeros tiempos de su extracción se aprovechaba con exclusividad las partes más enriquecidas de los yacimientos. Hacia el siglo XX y con la introducción de equipos y maquinarias, permitió una explotación más masiva lo que permitió abastecer toda la demanda nacional para todos sus usos.

 

La industria extractiva del sulfato de aluminio alcanzo su pico de expansión en el quinquenio 86-91 gracias al convenio firmado entre proveedores locales y la hoy disuelta Obras Sanitarias de la Nación. A partir de entonces, las privatizaciones y una rígida paridad cambiaria terminaron definitivamente con una actividad primordial para la economía calingastina.