El habitante de regiones generosas en lluvia, suelos feraces, planos y fáciles de trabajar y transitar, no tiene necesariamente la visión, ni siquiera una idea aproximada sobre el significado de lo que implica el vivir en medio del desierto. 


El entorno forja al hombre y por ello quienes habitan el árido y no toman a este como parte del paisaje o como una minusvalía inexorable de la naturaleza, constituyen una clase especial, única, que superan con su estoicismo y voluntad inquebrantable y transformadora, estas, solamente aparentes, desventajas. 


Saben ver los dones con que Dios los ha dotado detrás de de este paisaje agreste y rústico y ponen sus esfuerzos y dotes intelectuales al servicio del milagro transformador de las industrias, las producciones agrícolas, mineras, energéticas, culturales, superando una y otra vez las contingencias adversas de la naturaleza, sismos, sequías, heladas y tantos otros fenómenos adversos que ponen a prueba su voluntad, empeño e inteligencia. 


Así es San Juan, tierra que acunó hombres como Laprida, Sarmiento, Del Carril, Fray Luis Beltrán, Cantoni, Eloy Camus y, en época reciente, a José Luis Gioja. 


El sanjuanino que supo interpretar y poner en marcha este legado histórico, quien en su dimensión de estadista no supo de claudicaciones y su empeño fue más allá de lo humanamente habitual, reinstalando el orgullo de pertenecer a esta tierra y la certeza de que todo es posible cuando los objetivos generales se imponen sobre los egoísmos individuales o sectoriales. 


Su pueblo lo entendió así y con la misma fuerza y fe lo acompañó y hoy todos se sienten parte activa de esta extraordinaria transformación y trascendencia de su provincia.

 
Se han puesto en marcha con fuerza extraordinaria los valores que hacen a los pueblos y sus hombres comprobar de lo que son capaces de lograr cuando a la fe, la confianza y el orgullo se le suman la educación, la inteligencia, el esfuerzo, la constancia y la sana convivencia. 


El ímpetu de esta fuerza es de tal magnitud que hará imposible detenerla, solamente se adecuará a los tiempos, adoptará nuevos métodos, construirá nuevos escenarios pero conservara esa impronta de orgullo y satisfacción de pertenecer a un lugar donde todo es posible y ninguno esta demás. 


 
Ingeniero Agrónomo. Héctor Llera