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Arte / Imágenes de una conviencia en una etnia africana

Esteban Tapella, “atrapado” por la selva

El sanjuanino a través de una ONG española llegó hasta Camerún y convivió con los baká por un mes. Sus registros fotográficos serán parte de una muestra que incluye talleres de foto etnográfica y la música originaria del continente negro. Para ver y dejarse llevar por las sensaciones.
Por Colaboradores Diario de Cuyo 26 de julio de 2015 - 00:00

En su pasaporte no queda mucho espacio en blanco. Sellos de todos los continentes. Y más de uno.

Sin embargo, hay una experiencia reciente que es única para Esteban Tapella: fue en el 2014, en el continente africano, más precisamente en la selva ecuatorial, en la zona de Camerún. La experiencia no sólo quedó registrada en su pasaporte. Va más allá. Está en el lente de su cámara de fotos, pero no se le borra de la retina, ni de la memoria y lo más importante, de su persona.

Tapella es profesor universitario y fotógrafo. Aunque se ha propuesto separar las aguas de sus vocaciones, no puede. Hace un año viajó al Africa a pedido de la ONG española "Zerca y lejos” para tomar contacto y testimoniar la realidad de la etnia baká, un grupo humano con idioma propio, mucha sabiduría ancestral y un modo de vida muy diferente. Ellos realmente lo atraparon.

Hoy, este paso a paso, ese cada día y semejante experiencia podrá ser compartido por todos los sanjuaninos, ya que 43 imágenes de la convivencia serán parte de la muestra "Pertenecer a la selva. Los pigmeos baká del África Central” que se inaugura en el Museo Provincial de Bellas Artes.

Desde hace un tiempo que estoy abocado a la fotografía de etnias. Por eso me vinculé con una organización internacional que se llama Photo Philantropy, que relaciona a fotógrafos que les interesa hacer esta tarea con organizaciones que trabajan para el mundo en desarrollo. Así llegué a una ONG española "Zerca y lejos” que estaba trabajando con ellos y que necesitaban fotografías para mostrar al mundo que ellos necesitan defender su medio de vida. Les ofrecí mi trabajo y así llegue a la selva. Realmente éste es el trabajo que me gusta y me permite usar la fotografía como una forma de contribuir a procesos de cambio.

Tienen parámetros y conceptos de necesidades y de calidad de vida, muy diferentes a los nuestros. Ellos me mostraron cómo pueden vivir con nada prácticamente, porque no quieren atesorar nada porque todo lo que tienen lo dejan cuando se tienen que mudar de un lugar a otro. Y pueden vivir así. Y son felices. Yo estuve ahí casi un mes y no escuché un niño llorar ni una sola vez. No vi gente enferma. No vi gente sin dientes. Los pigmeos baká tienen la expectativa de vida más alta de Camerún y una de las más altas de todo África. Entonces uno se pregunta: ¿cómo podemos permitir que desaparezca esta civilización que pudo vivir mientras la dejaron ser? Quizás algunos parámetros se podrían mejorar. Pero no necesitan mucho porque todo lo hacen con su sabiduría.

Claro que para conocer todo esto, no fue sencillo. Vincularme fue todo un proceso que exige un acercamiento especial. Yo voy a hacer fotos para estar con ellos y estar cerca de ellos, no me interesa la idea de robar imágenes ni de ponerme en un lugar que los va a evaluar o cuestionar como muchas veces se ve en ese continente con los zafaris fotográficos. Para mí lo más importante no es la foto sino el vínculo con ellos. Por eso vivo con ellos. Como con ellos, me curo como ellos. Aunque esto implique comer ratones, monos o peces anguila. Lo comí y sobreviví. Y muchas veces pasé hasta 12 horas sin comer porque ellos no tienen pautado los horarios de comidas como nosotros. Se come cuando hay qué comer.

Aunque tengo muchas fotos, algunas no voy a mostrar porque podían ser consideradas golpes bajos para gente que no está involucrada. Ellos no tienen problema en ser fotografiados desnudos como viven. Pero yo quiero cuidarlos y cuidar por pudor al público. Elegí fotos que dicen cosas, que te penetran y te interpelan, de alguna manera, como persona, como sociedad de consumo. Por ahí va la cosa.

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