Recientemente ingresó al Congreso de la Nación un proyecto de ley para prohibir la explotación minera a cielo abierto en el país y el uso de sustancias tóxicas, entre ellas el cianuro. Fue impulsado por el diputado Fernando Pino Solanas, y el contragolpe no tardó en llegar: legisladores de provincias mineras expresaron la intención de proponer, cuando el proyecto de Solanas fuese tratado, que la prohibición se extienda a toda la industria nacional.
Más de un siglo de cianuro
San Juan fue la primera provincia del país en utilizarlo en la industria minera. Desde 1903 hasta ahora no hubo denuncias de casos de contaminación por su uso.
En el mundo, la primera planta de cianuración a escala comercial comenzó a funcionar en la Mina Crown en Nueva Zelanda en 1889 y hacia 1904 los procesos de cianuración también estaban en marcha en Sudáfrica, Australia, Estados Unidos, México y Francia.
En lo que resta del siglo XX se produjo un decaimiento de la actividad con algunas excepciones. Es así que en 1956 en Castaño Viejo, Calingasta, se explotaron minerales de plomo, zinc, y plata. En la misma época y en Marayes, Caucete, hasta 1965 se explotaba oro mediante la técnica de flotación.
Ya en la década de los ‘80, la utilización del cianuro sería en esta oportunidad para el proceso de lixiviación en pilas. Probado con excelentes resultados en los Estados Unidos diez años antes, la primera experiencia en San Juan y también del país, se hizo en 1980 con los relaves de Hualilán. En términos simples el proceso consistía en utilizar los relaves (material fino que sale de la planta), peletizarlos, colocarlos en pilas sobre áreas impermeabilizadas, lavarlos con la solución cianurada y recuperarlos.
La empresa Relaves SRL desarrolló esta experiencia que luego repitió con los relaves de Marayes en 1985. “Fui el primero en hacer lixiviación en pilas y yo estoy contando la historia, en Hualilán estuvimos ocho meses y en Marayes quince. Después un estudio que hizo el Instituto de Investigaciones Mineras de la universidad, el método se aplicaría a gran escala en Farallón Negro, en Catamarca, para utilizarlo en el mineral de la mina con bajo contenido de oro”, recordó Guillermo Preisz, destacado Ingeniero de Minas de la UNSJ, con reconocida experiencia en el ámbito minero del país.
Más cercano en el tiempo, llegarían Veladero en Iglesia (inició su producción en 2005) y posteriormente Gualcamayo en Jáchal (entró en producción en 2009). Tanto Veladero como Gualcamayo utilizan valles de lixiviación donde se apila el mineral y se realiza la separación del metal con una solución de cianuro diluida en circuito cerrado. Pascua Lama también utilizará el mismo proceso.
Cero accidente
El recorrido histórico también arroja datos clave en cuanto a los efectos por manejo del cianuro se refiere. Un caso emblemático es el de la familia Allen Sutton, en Castaño Nuevo, que vivió durante veinte años en una casa al lado de la planta de procesos, es decir, del lugar donde estaban los tachos de cianuración. “El matrimonio de John Allen y Gertrudis Sutton junto a sus tres hijos, vivió al lado de la planta de procesos, entre 1908 y 1928. Se puede afirmar que a pesar de la cercanía entre la casa del químico con los tanques de cianuración y con el río Castaño, que proveía de agua a la planta y a la familia, escritos y comentarios posteriores no han dejado entrever problemas derivados hacia personas o seres vivos por el uso de estos reactivos. El matrimonio luego se fue a vivir a Brasil y quedó en la casa su hija Lolita, quien se había casado con el sanjuanino José Aguilar, cuya descendencia está radicada en San Juan y de quienes obtuve las fuentes orales para mi investigación”, detalló Mabel Benavídez, quien agregó que sí hay registros de accidentes producidos por el uso de explosivos en esa época.
Otro antecedente es el que llega a través de Charles Sowter, el técnico que transportó e instaló el equipamiento para El Salado y quien sacó una foto de una familia posando al borde de los tanques espesadores en Hualilán (ver foto aparte). Sowter, también con descendencia en San Juan, nunca manifestó a su familia o amigos que hubiera sufrido daño alguno por su trabajo ni en Hualilán ni en Salado.
Los testimonios recopilados por la historiadora están en consonancia con las estadísticas que se maneja al respecto. Según Daniel de la Iglesia, profesor en la cátedra “Introducción a la minería y tecnología de sondeo”, de la carrera de Ingeniería de Minas de la UNSJ, “los accidentes en la actividad minera en el mundo pueden estar entre los 10.000 accidentes fatales al año, en esto el 80 por ciento se lo lleva la minería del carbón en China por derrumbes, explosiones y porque no toman medidas de seguridad; el 20 por ciento restante corresponde a la minería de roca dura y también del carbón, pero que tiene que ver con caídas de rocas, equipamientos, transportes, pero accidentes en la actividad por lixiviación es ínfimo o no existe”.
El dato se refrenda en el aporte de organismos internacionales. De acuerdo a “El manejo del cianuro en la extracción del oro”, de Logsdon, Hagelstein y Mudder, una publicación del Consejo Internacional de Metales y Medio Ambiente, con sede en Ontario, Canadá, los registros de accidentes industriales en Australia, Canadá, Nueva Zelanda y Estados Unidos, sólo revelaron dos muertes accidentales en las que estuvo involucrado el cianuro en los últimos cien años. El primero no estuvo directamente relacionado con la recuperación del oro y el segundo tuvo lugar cuando una persona entró a un espacio cerrado.
Para Daniel de la Iglesia, quien a su vez trabajó en el área de cianuración de Mina Andacollo en Neuquén, el bajo índice tiene que ver con el hecho de que las personas que trabajan con cianuro están entrenadas para hacerlo. “El cianuro siempre se manejó con precaución porque se sabe que se está trabajando con un tóxico, es sentido común, algo así como a que nadie se le ocurriría inhalar o beber un vaso de lavandina. Además, el aspecto más importante en la manipulación del producto es comprender que la gente que está en contacto con el cianuro debe asumir la responsabilidad por su utilización segura”, concluyó el académico.