¿Somos responsables de lo que consumimos? ¿y de lo que producimos? Nuestra conciencia ambiental se va fortaleciendo e incluso cada día se suman más organizaciones del agro que se están haciendo eco frente a esta realidad. Un ejemplo se está aplicando en la producción de tomates. Todo el proceso está siendo monitoreado, desde la siembra hasta la cosecha, en pos de cumplir con los cuidados y requisitos necesarios para llegar a la industria alimenticia en su mayor estado de frescura, sanos e inocuos.


La iniciativa es del Programa de Horticultura Integrada Responsable que pertenece a la Asociación Tomate 2000, con 22 años de antigüedad en la Región Cuyo, nucleando a productores, industrias, prestadores de bienes y servicios, INTA y gobiernos de San Juan y Mendoza.


"El programa en un inicio intentaba lograr elevar los estándares agronómicos en la producción del tomate industria, pero a lo largo del tiempo, y sobre todo los últimos años, fue adquiriendo conceptos sobre ambiente, Buenas Prácticas Agrícolas y temas laborales", relató Guillermo San Martín, gerente general del Programa.


En cuanto a lo laboral, el ingeniero agrónomo enumeró tres pilares fundamentales: vinculación formal entre productor e industria con un contrato de compraventa de materia prima, cero tolerancia de trabajo infantil en la producción de tomate industria, y trabajo registrado.
La cuestión medioambiental es lo que más fuerza ha venido tomando en los últimos cuatro años, por la implementación de las Buenas Prácticas Agrícolas (BPA), resaltó el referente del sector: "Desde 2018, la Asociación Tomate 2000 le ofrece al sector el servicio de control de calidad de residuos de productos fitosanitarios en un 100 por ciento de los lotes de 15 a 20 días antes de la cosecha, siendo uno de los pocos sectores del país en los que se realiza este control".


De esta manera, las industrias pueden estar tranquilas de que el tomate que les ingresa es inocuo ya que el nivel de residuos que contiene está por debajo del máximo permitido. Únicamente los productores pueden aplicar productos fitosanitarios que estén registrados para tomate.


Los primeros resultados que arrojaron estos controles fueron positivos. "La primera temporada demostró que nuestros productores son muy responsables en la utilización de productos fitosanitarios, y esta temporada viene marchando muy bien", declaró San Martín.


Cabe destacar que este tipo de aplicación no produce ninguna modificación organoléptica (de aroma, color, sabor o textura). La ventaja para la industria es que el tomate cumple con las normas fitosanitarias de Argentina y para el consumidor es que está comiendo un tomate que es más sustentable.


Según el ingeniero agrónomo: "No escapa ningún lote productivo a ser controlado, se aplica un control exhaustivo al 100 por ciento de los tomates de la región de Cuyo, a diferencia de otras producciones del país". Sin embargo, el tomate producido en Cuyo es más sabroso y más firme que el que se produce en otras zonas porque la tierra es semidesértica, hay menos precipitaciones y el fruto concentra y madura más rápido.


Otro punto a favor que el entrevistado mencionó es que se han impulsado iniciativas como otras alternativas biotecnológicas de productos que son más amigables con el ambiente y no estaban registradas en el país porque los laboratorios no le prestaban demasiado interés al sector del tomate por ser menos rentable económicamente.



Monitoreo



De los 120 productores de tomate que hay en Argentina actualmente, todos los ciclos productivos son monitoreados. La Asociación le presenta a cada productor de tomate un ingeniero agrónomo que lo visita cada dos semanas, este mismo asesor técnico es el que indica cuándo realizar el muestreo. De esta manera, el mismo extensionista interviene en todo el proceso productivo, asesora técnicamente para que el productor aplique la mejor tecnología, logre altos rendimientos, menores costos, y sea eficiente en la aplicación de fitosanitarios adecuados.


Sin embargo, "el mercado interno argentino aún no se autoabastece de tomate. Argentina importa pulpa de tomate principalmente de Chile, es un sector que va a seguir creciendo si se dan las condiciones económicas necesarias", auguró el ingeniero San Martín.


Gracias al trabajo conjunto del INTA con la Asociación, enfatizó el titular, "contamos con la tecnología tanto dura como blanda para hacerlo un cultivo de bajo riesgo. De una temporada a otra hemos crecido en mil hectáreas de tomates, principalmente por la incorporación de un nuevo socio pero también porque las agroindustrias han crecido para vender en el mercado interno".


Como país descendiente de inmigrantes nuestro consumo de tomates es muy alto, sumado a que es un producto de necesidad básica. A pesar de la crisis económica, su consumo se incrementa, porque acompaña el de hidratos de carbono.


El tomate que se produce en Argentina tiene un precio competitivo con el de Chile quien tiene mayor capacidad industrial instalada que satisface su mercado interno. Guillermo San Martín comentó "obviamente el aumento del tipo de cambio ha desalentado las importaciones y aumentado la producción nacional".



Integración digital



El representante de la Asociación espera que hacia fines de 2020 todos los lotes de tomates cuenten con un sello de calidad en góndola, como frescos, sanos e inocuos.


"Si bien es un producto de capital y mano de obra intensiva, el tomate es más parecido a la soja que al ajo. La preparación del suelo, el trasplante del plantín y la cosecha son labores que hoy están mecanizadas".

San Juan se destaca con un riego por goteo al 95% de eficiente que ahorra el 40% de agua.


La adopción de tecnología es un camino de ida, con un sector muy tecnificado. Se ha impulsado la creación de empresas de servicios para que le permita ofrecer un producto competitivo al productor.



Finalmente el gerente general de la Asociación concluyó "la temporada viene muy bien, la 2020 2021 vamos a encararla con mucha más eficiencia técnica, y con una app 4.0 cuya plataforma ya existe pero que la customizaremos para crear una nueva agricultura que incorpore el internet de las cosas, la sensorización y la automatización, para lograr una mirada más regional que todavía nos queda pendiente".


Fuente: Carina Labruna, Agrofy News