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Aeroaplicaciones

Utilizan un helicóptero para prevenir plagas en San Juan

Se trata de una importante inversión de la empresa unipersonal Helicópteros Argentinos del piloto Walter Gallardo. El objetivo es, entre otros, hacer más eficiente el uso de agroquímicos.
Por Colaboradores Diario de Cuyo 12 de diciembre de 2015 - 00:00

Argentina es uno de los países donde más se ha extendido la tecnología de aeroaplicación de agroquímicos para la prevención y cura de enfermedades o también el desarrollo de los cultivos.

Es este un contexto en el que San Juan no permanece ajeno y a la utilización de aviones en olivos y vides, suma ahora las nuevas inversiones del piloto aerocomercial Walter Gallardo.

Esta semana presentó su nuevo helicóptero Robinson R44 para el uso en la agricultura local en labores culturales como:

* Aplicaciones de agroquímicos

* Secado de cultivos

* Diagnóstico y evaluación agronómica de daños.

* Formulación y evaluación de proyectos de inversión.

Así, Gallardo comentó a Suplemento Verde de DIARIO DE CUYO esta semana, durante un vuelo demostrativo en la finca de Eduardo Chiqui Barceló de Pocito, su inversión en este aparato de origen norteamericano para prestar servicios desde su empresa.

El uso

El uso de helicópteros se ha convertido en todo el mundo en la tecnología tal vez más perfecta para la aplicación de fungicidas y otros agroquímicos en cultivos especialmente extensivos. En San Juan se utiliza desde la década del 70, aunque de manera esporádica.

Gallardo explicó que su extensión se debe a la practicidad y eficiencia alcanzada, especialmente en cultivos como la vid y el olivo que necesitan de muchísima velocidad para prevenir y controlar enfermedades así como de la acción más envolvente posible en las fumigaciones.

Según comentara es la ventaja más importante del helicóptero en la aeroaplicación, en vides por ejemplo, es la adecuada producción de turbulencias por parte del rotor principal de la nave, permitiendo hacer llegar las gotas de los productos aplicados a ambos lados de la hoja en el parral o la viña de la manera más uniforme posible alcanzada por cualquier otra tecnología inventada hasta la fecha.

Según comentara Gallardo uno de los usos que se les da es el secado de los viñedos y sus racimos inmediatamente después de las lluvias a fin de prevenir las enfermedades fúngicas, como el Oidium y la Peronóspora.

Ventajas

Entre las ventajas más importantes el piloto y empresario aero-comercial manifestó que el rinde es extraordinario. En una hora de vuelo se pueden aplicar agroquímicos de 100 a 150 hectáreas de cutlivos, según las condiciones de vuelo y disposición de los cultivos; a razón de 10 litros de solución por hectárea.

Otra de las ventajas comparadas con un avión por ejemplo, es su versatilidad en las operaciones. Las dimensiones del helicóptero como herramienta para la aero-aplicación, permiten disponer la base de operaciones, es decir el helipuerto, en la misma finca. Es decir, tanto el aprovisionamiento de combustibles y agroquímicos puede hacerse desde el mismo predio.

Los costos

Actualmente la hora de vuelo para secar unas 100 hectáreas aproximadamente cuesta alrededor de $ 9.500. También se sabe que en el mercado mundial el costo del pulverizado de los cultivos como la vid y el olivo y otros de la Pampa Húmeda, rondan los U$S 25 por hectárea aproximadamente.

El piloto por ahora sólo está trabajando en el secado de parrales y viñas en función de las mayores precipitaciones pluviales ocasionadas por el fenómeno climatológico de la corriente del Niño, a la espera del arribo de equipos aplicadores para este tipo de aparatos.

Antecedentes

Las aeroaplicaciones comenzaron a utilizarse en San Juan sobre fines de la década del 70 y principios de los 80. A partir de las inversiones realizadas por empresarios de la talla de Alfio Coralli, su hijo Mario y un productor llamado Ramón Suárez.

‘Nosotros teníamos un helicóptero -piloteado por el recordado José ‘Pepe’ Liciardi- al que usábamos para curar toda la finca a fines de los años ’70, comenzó relatando el empresario frutihortícola Mario Coralli. ‘Además contábamos con un camión con agua y una camioneta para el abastecimiento de venenos y combustibles en el mismo cultivo’.

El productor relató que ‘era una época de mucha lluvia y por eso lo pasábamos muy bajo cerca del parral o el cultivo para secarlo. Su acción es muy rápida porque la turbulencia genera vibraciones en las ramas, hojas y racimos y con ello se produce el desprendimiento de las gotas de agua de la lluvia. Además el aire seca la humedad y evita la proliferación de hongos’.

Finalmente Coralli explicó que ‘esta tecnología de aplicación aérea de agroquímicos para el combate de enfermedades es inmejorable y la cura en un parral, por ejemplo, es prácticamente perfecta’.

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