Con sólo dos días de diferencia, dos pares de zapatillas deportivas alcanzaron cifras récord en diferentes subastas. Las que calzó Michael Jordan en la final de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles ’84 se adjudicaron por más de 194 mil dólares, y otro par, réplica de las que salían en Volver al futuro 2, se lo llevó alguien que pagó casi 54 mil dólares por ellas.
Zapatillas: un objeto de culto
Pero fue la coincidencia del triunfo –en tiempo y lugar– de dos fenómenos, en principio bastante distintos, como el hip-hop y la irrupción de Michael Jordan –como gran figura del básquet profesional de la NBA–, la que dio el disparo de largada a la afición por el coleccionismo de zapatillas.
El fenómeno tiene su inicio a finales de la década de 1970, como parte del creciente movimiento hip-hop en Nueva York. “Vestir ropa extravagante era un sello distintivo de los artistas de los inicios del hip-hop, y sus seguidores empezaron a vestirse como ellos”, explica Encarna Ruiz, socióloga de la ESDi-Universitat Ramon Llull.
Las zapatillas se pueden personalizar fácilmente, ya sea mediante cordones de colores o pintando las triples rayas de un par de Adidas con un rotulador. Una vez que se encontraba un zapato que gustaba, no era raro comprar más de un par para poderlo tener a mano cuando el antiguo se desgastaba. Pero fue a mediados de los ochenta cuando se desató el hype. Nike –en 1985– sacaba al mercado el primer par de las Air Jordan, y se desataba la locura por tenerlas.
Actualmente, el perfil del coleccionista de este calzado es el de “un hombre joven –aunque cada vez hay más mujeres– de entre 16 y 21 años, con un poder adquisitivo medio alto, que o bien trabaja o vive con sus padres, que le financian la afición. En la última edición de Dashape nos sorprendió la cantidad de chicos que vinieron con sus padres”, dice la creadora del evento.