Por Lic. Prof. Fernando A. Ocampo Bravo - Analista internacional
Ucrania y su operación contra la base naval de Novorossiysk
La guerra ruso-ucraniana comenzó en 2014 con la anexión ilegal de Crimea por parte de Rusia y la posterior agresión en el Donbás, donde militares rusos y militantes apoyados por ellos tomaron partes de las regiones de Donetsk y Luhansk. En respuesta, las Fuerzas Armadas de Ucrania, que en ese momento estaban mal equipadas y desorganizadas después de un largo declive, comenzaron a recuperar su capacidad de combate.
Entre 2014 y 2021, las Fuerzas Armadas de Ucrania experimentaron una profunda transformación: aumentaron el nivel de entrenamiento, modernizaron su equipamiento y comenzaron a cooperar con los países de la OTAN. Gracias a esto, Ucrania pudo contener al enemigo en la línea de demarcación.
El 24 de febrero de 2022, Rusia lanzó una invasión a gran escala. Las Fuerzas Armadas de Ucrania defendieron Kiev, Járkov y otras grandes ciudades y luego llevaron a cabo contraofensivas en el norte, este y sur del país. La guerra continúa y las Fuerzas Armadas de Ucrania siguen siendo una fuerza clave para la defensa de su soberanía.
Entre sus distintas ramas se encuentran las Fuerzas Terrestres, la Fuerza Aérea, la Armada, las Fuerzas de Asalto Aerotransportado, las Fuerzas de Operaciones Especiales, las Fuerzas de Defensa Territorial y las Fuerzas de Sistemas No Tripulados.
Las Fuerzas de Sistemas No Tripulados de Ucrania, creadas el 6 de febrero de 2024, constituyen la rama más nueva de las Fuerzas Armadas ucranianas y están especializadas en el empleo de drones aéreos, terrestres y marítimos. Sus funciones abarcan el asalto, la defensa, los ataques de precisión, la inteligencia, la logística y la vigilancia.
Ucrania ha convertido estos sistemas en una herramienta fundamental de su estrategia militar. Los drones permitieron compensar, en parte, la desventaja frente a Rusia en artillería y equipamiento pesado y modificaron la manera de combatir en el campo de batalla.
Los drones en el conflicto de Ucrania
Cuando comenzó la invasión a gran escala, en febrero de 2022, ninguno de los contendientes imaginaba la dimensión que adquiriría el empleo de drones. En pocos meses, voluntarios ucranianos comenzaron a utilizar drones comerciales adaptados artesanalmente para transportar cargas explosivas hacia las líneas rusas.
La experiencia se extendió rápidamente y estos aparatos comenzaron a aparecer en grandes cantidades en el frente. Los más utilizados son los cuadricópteros con vista en primera persona (FPV), pilotados mediante gafas de realidad virtual o aumentada y con un alcance de entre 5 y 20 kilómetros.
El uso de drones también llegó al ámbito naval. Ucrania empleó sistemas no tripulados de superficie y submarinos contra la Flota rusa del Mar Negro, logrando limitar sus movimientos y obligando a Rusia a trasladar buena parte de sus buques desde Sebastopol hacia Novorossiysk.
En los últimos meses también se incorporaron drones terrestres, destinados principalmente a tareas de suministro, evacuación, reconocimiento, minado y desminado. Según datos citados por el Ministerio de Defensa ucraniano, en 2025 Ucrania proporcionó a sus fuerzas cerca de 15.000 sistemas robóticos terrestres y millones de drones aéreos FPV.
El ataque a Novorossiysk
Rusia trasladó buena parte de sus buques de guerra a Novorossiysk después de que los ataques ucranianos contra la principal base rusa del Mar Negro, en Sebastopol, se intensificaran durante las primeras etapas de la guerra.
El jueves 13 de agosto se inició un ataque "masivo" con drones y misiles ucranianos contra el puerto ruso de Novorossiysk. El ataque dañó importantes instalaciones y alcanzó la última gran base naval rusa en el Mar Negro.
El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, afirmó que Kiev había utilizado cohetes, drones aéreos y navales en una "operación única" para atacar la base rusa.
Los drones desarrollados por Kiev desde el comienzo de la invasión han atacado repetidamente a buques rusos en el Mar Negro, incluidos barcos de guerra y petroleros. Según funcionarios ucranianos, estos ataques lograron limitar los movimientos de una flota rusa que durante años tuvo una posición dominante en esa zona.
El domingo 16 de agosto, Ucrania volvió a lanzar uno de sus mayores ataques aéreos sobre Rusia, alcanzando la región de Moscú y otros puntos del país. La respuesta del Kremlin tuvo como principales objetivos Kiev y otras ciudades estratégicas. En la capital ucraniana se produjeron incendios y varios heridos, mientras que uno de los focos más graves se registró en el mercado de libros de Pochaina.
La amenaza se extiende
La tensión también llegó a los límites de la OTAN cuando un dron no identificado ingresó al espacio aéreo de Rumania durante la madrugada. El Ministerio de Defensa rumano informó que el objeto había sido detectado cerca de la ciudad de Galati, en la frontera con Moldavia.
Estos episodios muestran que la utilización de drones está modificando no solamente el campo de batalla, sino también la seguridad de los países vecinos.
El costo de defenderse de los drones
Mientras drones y misiles de menor costo multiplican las amenazas, los países que deben enfrentarlos necesitan invertir en sistemas de defensa mucho más caros.
El sistema Patriot es fundamental para la defensa frente a ataques con misiles balísticos. Cada misil interceptor tiene un costo de varios millones de dólares, lo que genera un problema cuando se producen ataques masivos capaces de consumir rápidamente las reservas disponibles.
Ucrania modificó su política de defensa y apostó fuertemente por los drones debido a su versatilidad y menor costo. Esta diferencia económica plantea uno de los grandes desafíos de la guerra moderna: un arma relativamente barata puede obligar al adversario a utilizar sistemas defensivos mucho más costosos.
La guerra ruso-ucraniana demuestra así que los drones dejaron de ser una herramienta secundaria para convertirse en uno de los elementos centrales de los conflictos actuales. Ucrania encontró en ellos una manera de compensar sus desventajas frente a Rusia y llevar la guerra hasta objetivos que antes parecían difíciles de alcanzar.
La respuesta rusa al ataque contra sus ciudades y su base naval será probablemente contundente. Kiev y Moscú parecen encontrarse en un punto de no retorno, mientras el desarrollo y empleo de sistemas no tripulados continúa transformando la naturaleza de la guerra.