SUPLEMENTO

Una pyme bonaerense reinventa la sembradora: motores eléctricos y sensores para controlar cada surco

Valentín Noto, presidente de VAF Electrónica, explicó cómo la tecnología de siembra surco por surco puede aplicarse también a los cultivos de Cuyo.

Por Lara Carrascosa 26 de octubre de 2026 - 11:26

En poco más de cinco años, la empresa electrónica agropecuaria VAF Electrónica, con sede en Carmen de Areco (Buenos Aires), pasó de armar sus primeros monitores de siembra a desarrollar una plataforma que reemplaza la transmisión mecánica central de una sembradora por un motor eléctrico independiente en cada línea. El sistema, llamado Pecán, permite cortar y dosificar surco por surco, y monitorear en tiempo real la calidad de la siembra desde una sola pantalla. Aunque la compañía nació lejos de las grandes extensiones de soja y maíz, su presidente, Valentín Noto, sostiene que la tecnología es aplicable a cualquier cultivo que se siembre con sembradora, lo que abre una puerta a los productores de la región de Cuyo.

De la pasión por la electrónica a la empresa

Noto es ingeniero electrónico y creció en Carmen de Areco, un pueblo de entre 20.000 y 25.000 habitantes rodeado de campo, en un entorno de ingenieros agrónomos, contratistas y productores agropecuarios. Fundó VAF Electrónica junto a Franco Morici, también ingeniero electrónico y hoy director de ingeniería de la compañía, con el respaldo de aportes no reembolsables del Ministerio de Industria. Hace unos tres años, Grupo GR —que reúne además a la fábrica de sembradoras Indecar y la marca de tractores Bull, bajo la presidencia de Gastón Ricardo— adquirió el 50% de la empresa. Noto describe el desarrollo de cada producto como un camino de “pasos cortos pero firmes”: cada sistema se prueba y valida extensamente antes de salir al mercado.

El nombre de los equipos de la compañía sigue una tradición interna: la línea anterior se llamó Seednut, y la nueva generación tomó el nombre de un fruto seco, Pecán, en referencia a esos orígenes. “No se trata solo de un nuevo monitor, sino de una nueva forma de pensar la electrónica de la sembradora”, definió Noto al presentar la plataforma en la edición 2026 de Expoagro, en marzo, en San Nicolás.

Cómo se reparte la inteligencia de la máquina

Pecán no es un sistema único sino una plataforma de más de diez subsistemas, con una pantalla táctil de alta resolución, de 10 o 12 pulgadas, como panel central. Noto compara su arquitectura con un pulpo: el monitor actúa como cerebro central, mientras cada línea de siembra tiene su propio “cerebrito” que toma decisiones en tiempo real. Dos de esos subsistemas son OptiSeed, un sensor óptico montado en el tubo de bajada de semilla que detecta en tiempo real dobles, fallas y la distribución de semillas por surco, con una lente externa descartable que avisa cuando está sucia; y RowPilot, que concentra la lectura, la supervisión y el control del motor eléctrico de cada línea, habilita el corte surco por surco y la compensación en curva, y admite actualizaciones de firmware.

La arquitectura distribuida de RowPilot, en la que un solo cable conecta en serie los distintos puntos de la máquina, reemplaza el esquema tradicional de un cable por sensor. Noto señala al cableado como uno de los puntos más críticos de falla de una sembradora: cuanto más complejo, más difícil resulta diagnosticar un problema a campo. Esa simplificación, explica, cobra peso en un contexto de ventanas de siembra cada vez más acotadas por el clima, donde una rotura en el momento clave puede significar no completar la siembra de todos los lotes a tiempo.

El cableado tradicional de una sembradora, con un conductor por sensor: la arquitectura que la nueva generación de monitores busca simplificar.

De las pruebas al campo

La compañía entregó en septiembre de 2026 su primer equipo Pecán en configuración comercial al productor Sergio Cioleck, en Ramallo (Buenos Aires), tras un período extendido de pruebas. “Esta máquina representa para nosotros el paso del desarrollo y las pruebas a una implementación comercial real”, afirmó Noto, para quien el sistema debe ser “una base sobre la cual seguir incorporando funciones y automatizaciones”. Según indicó el empresario, esa primera máquina sembró más de 5.000 hectáreas y, tras esa experiencia, la empresa vendió otras seis unidades; en conjunto, los equipos Pecán llevan sembradas casi 20.000 hectáreas sin fallas registradas, de acuerdo con los datos que la compañía relevó desde su plataforma de monitoreo web. Noto estima, aunque prefiere no dar una cifra exacta, que la combinación de siembra variable, corte línea por línea y compensación en curva genera un ahorro de semilla superior al 30 o 35 por ciento.

La instalación de los equipos se realiza de tres formas: de fábrica, cuando los fabricantes de sembradoras incorporan la tecnología de origen; mediante retrofit en máquinas usadas; o a través de concesionarios propios de la marca. Los precios varían según la cantidad de surcos de cada máquina y los subsistemas elegidos: desde monitores simples de siembra, de unos 3.000 dólares, hasta equipos con la tecnología completa, de entre 35.000 y 40.000 dólares.

La mirada hacia Cuyo

VAF apunta a productores grandes, medianos y chicos por igual, y concentra su desarrollo en siembra y fertilización, no en pulverización ni en cosecha. Consultado sobre la pertinencia de esta tecnología para San Juan y Mendoza, donde la siembra extensiva de soja o maíz no tiene la escala de otras regiones del país, Noto respondió que sus sistemas son adaptables a cualquier cultivo que se siembre con sembradora, como soja, maíz, girasol, trigo o grano fino, y que la limitación está en el mecanismo de siembra —no se aplican, por ejemplo, a la papa— y no en la escala de la explotación. La venta en la región es hoy directa, mientras la empresa avanza en conversaciones, todavía no cerradas, para sumar un concesionario propio en la zona. VAF realizó actividades conjuntas con el INTA en la región, aunque hasta octubre de 2026 no había participado de demostraciones dinámicas a campo en San Juan o Mendoza.

De cara a los próximos años, Noto se muestra optimista: “Veo que la tecnología avanza muchísimo, no para de crecer”, sostuvo, y arriesgó que, en poco tiempo, los tractores dejarán de necesitar cabina.

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