En los últimos dos años el sector de los espumantes registró una caída de ventas de 17% frente al 15% del resto de los vinos. Los elaboradores dicen que un impuesto haría aumentar el precio y causaría mayor caída de ventas.

 

La discusión del proyecto de presupuesto 2019, que contempla un duro ajuste de casi 400 mil millones de pesos para llegar al déficit cero y conseguir fondos para pagar la deuda pública ha puesto en alerta a los bodegueros que temen que a partir del año próximo se aplique el impuesto interno del 12% a los espumantes. La Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar) ha pedido una reunión con Luis Miguel Etchevehere, secretario de Agroindustria; para pedirle que continúe la exención al impuesto interno a productos suntuarios que rige desde hace 15 años para los vinos espumantes. Pero se camina sobre un campo incierto ahora que la Nación busca conseguir plata de donde sea, y la reciente aplicación de retenciones a las exportaciones vitivinícolas junto con la quita de reintegros es un mal presagio. En San Juan, empresas que están en el negocio advirtieron que no se podría absorber un gravamen en caso de aplicarse, y sería trasladado al precio al consumidor, lo que impactaría sobre el consumo que viene en caída. Además en la competencia con los grandes elaboradores mendocinos la industria de espumantes local, más pequeña, saldría perdiendo. Jorge Castro, desde Bodegas Putruele, destacó que en el contexto actual a las bodegas no les queda mucho margen de rentabilidad, y en el caso de aplicarse un gravamen, algo se tendrá que trasladar al precio, en un porcentaje que va a depender de cada empresa. ""Es un impuesto que no ayuda, además el espumante no es un producto de lujo", dijo, y agregó que el consumo está planchado y que el industrial debe afrontar constantes aumentos de todos los insumos.

 

"Además las pymes sanjuaninas no tenemos un mercado tan fuerte como el de Mendoza para competir. Sería meterle un peso más a un barco que se está hundiendo" opinó. Mario Pulenta, presidente de la Cámara Bodeguera, y elaborador en forma indirecta de espumante; también manifestó su rechazo a la iniciativa porque consideró que perjudicaría a toda la industria en general, ya que en una situación de excedente vínico se deben buscar todas las formas posibles de diversificar, con mosto, vino para exportación, vino para mercado interno, espumantes y otras bebidas que tengan componente vino. Señaló como "error" considerar el espumante un artículo suntuario, porque hoy tiene distintas gamas de precios como el vino y es más accesible para el consumidor y también opinó que la aplicación de ese gravamen impactará en el precio final y en el consumo: "algunas empresas podrán absorber un pedacito, la mayoría creo que no, los productos vitivinícolas ya no resisten más aumentos y cada vez que sube el precio se produce un freno en el consumo", dijo. Sin embargo, Pulenta se mostró esperanzado en que la Nación atenderá las razones que expone la industria para rechazar el impuesto. Por su parte, Mauricio Colomé, desde Casa Montes, destacó que los espumantes son vinos especiales, con dos fermentaciones; y sus procesos y tecnología de elaboración son caros. Opinó que podría caer mucho la producción y consumo de espumante con un impuesto que en este momento la industria no podría absorber, y que impactaría en el costo. ""Creo que la gente va a retraer el consumo si se encarece y se va a retroceder 15 años", en alusión al plazo que lleva sin aplicarse el impuesto a este vino. Natalia Postigo, desde bodegas Bórbore calificó como "negativo" el impuesto, dijo que en los últimos tiempos el sector no ha podido trasladar toda la inflación al precio, por los márgenes que maneja el sector, pero que igual ha caído el consumo y venta general de vino por la recesión. Por ello agregó que de colocarse un impuesto ""no va a quedar otra que trasladarlo al precio, con el riesgo de que caigan aún más las ventas". Postigo destacó que el sector sostiene a muchas familias entre personal de bodega y viñateros y recordó que esa firma ha realizado inversiones fuertes par evitar la aplicación de este impuesto. Ángel Leotta, presidente de la Coviar, dijo que el sector "está preocupado", y por eso se ha pedido una reunión con Etchevehere para plantearle el tema. Explicó que el argumento principal que se esgrimirá es que el espumante es un tipo de vino y por ello no debe tributar impuestos internos, además de que el vino argentino fue declarado por Ley 26.870 como la Bebida Nacional. ""Debe quedar definitivamente fuera del ámbito de aplicación de la Ley de Impuestos Internos a los productos suntuarios" añadió. Leotta también analizó que el espumante beneficia al equilibrio del mercado de uvas, especialmente las blancas, un sector de la producción primaria ""que se ha visto en dificultades en los últimos años".

 

La industria dice que si les aplican un impuesto lo trasladarán al precio.

 

Expansión del sector durante 10 años

* Inversión: En el período 2005/2015, a través del Programa de Expansión del Sector Vitivinícola, la exención impositiva permitió al sector de vinos espumantes invertir durante 10 años el equivalente al 125% del impuesto. A cambio de la exención, se pedían inversiones no inferiores a 150 millones de pesos y en realidad alcanzaron más de 1.700 millones de pesos.

* Crecimiento: Este programa hizo posible crecer tanto en volumen fraccionado como en cantidad de bodegas, pasando de 22 millones a 45 millones de litros, y de 61 bodegas fraccionadoras de espumantes a 133 establecimientos en 2016.

* Mayor oferta: Se registra una oferta más diversificada que ha incorporado cambios en la presentación, opciones con menor graduación alcohólica y mayor presencia en diferentes segmentos de precios, mostrando esto último que los vinos espumantes no son ya productos de lujo.

* Participación: El vino espumante ha adquirido mayor participación en el mercado argentino: del 1,7% del total de vinos despachados en 2005 pasó a representar 4,8% en 2016.

* Ventas: En los últimos dos años registró una caída de ventas de 17% frente al 15% del resto de los vinos