En vísperas del día del niño comenzó a circular por Whatsapp un video en el que una psicopedagoga cordobesa habla sobre cuál es el mejor regalo que se les puede hacer a los chicos. La profesional -de quien ya se había viralizado una charla brindada en un congreso- hace especial énfasis en la necesidad de frenar la patologización y la medicalización de la infancia.

 

“Los adultos estamos en deuda con los chicos”, afirma Liliana González en el inicio de su columna en el noticiero de Canal 8 de Córdoba. Fue emitida para el Día del Niño del año pasado, pero desde hace unos días empezó a trascender más allá del público mediterráneo. Padres, abuelos, docentes y adultos en general la comparten a través de sus teléfonos.

 

En primer lugar, la especialista hace un llamado a los funcionarios encargados de diseñar políticas sociales. "Les pediría que les vuelvan a asegurar a los chicos la vereda, la plaza, el parque. O sea, que la seguridad sea de verdad una conquista social para que los chicos puedan recuperar el juego con otros al aire libre, que hace rato que les viene faltando”, dice González, quien además de licenciada en Psicopedagogía, es docente de esa especialidad hace 30 años y autora de varios libros sobre la temática.

 

Luego, hace un llamado específico a los responsables de las políticas educativas, a quienes les reclama “que les acerquen una escuela distinta a los chicos: una escuela atractiva, actualizada, donde los chicos sean investigadores, creadores, protagonistas, autores. Donde de verdad se siga encendiendo el deseo de leer. Una escuela que los atraviese con la cultura. Que no los aburra, pero que tampoco los divierta, porque no se trata de eso. Una escuela que genere esfuerzo y creatividad”.

 

Es en la demanda a los funcionarios encargados de las políticas de salud y, sobre todo, de salud mental en la que pone mayor énfasis. “Hagamos todo lo posible por frenar la patologización y la medicalización de la infancia. Cada vez se inventan más enfermedades sobre la infancia, que en realidad tienen que ver con los niños de siempre. Por no pensar que el contexto está enfermo, se piensa que el niño es el enfermo”, afirma. Y cita ejemplos: “Antes los abuelos, los padres, los docentes decían ‘tienes hormigas en la cola’. Ahora se dice ‘es un niño hiperactivo’, lo medicamos. Antes se decía ‘pasa una mosca y se va’, ahora es el síndrome de atención dispersa. Y uno nuevo que apareció en el Manual de Psiquatría es el trastorno oposicionista desafiante: significa que los chicos son caprichosos, que no hacen caso, que lo quieren todo”.

 

“¡Señores: esos son los chicos de toda la vida! -exclama González-. Los chicos entre los tres y los cinco lo quieren todo porque viven en el principio del placer, les cuesta el principio de realidad, se oponen a los padres, les cuesta ser obedientes. Siempre fue así, no hacían falta estas etiquetas diagnósticas y mucho menos -espero que los laboratorios no estén inventando- un remedio para que los chicos se queden quietos en la escuela, para que duerman de noche, para que coman mejor y para que no se rebelen, no digan nunca que no y no sean opositores. La verdad es que esa infancia no la quiero ver.”

 

Los chicos miran y copian, afirma González. “No están enfermos, la sociedad está bastante enferma”, opina. “Se educa con el ejemplo, se transmiten valores con el ejemplo. Hoy escucho adultos que dicen ‘qué violento está mi niño’ y ellos también son violentos en la calle. O ‘no sé de dónde salió discriminador’ y ellos discriminan. O ‘no me lee nada’ y ellos tampoco están tomando libros en sus manos”.

 

Para la especialista es necesario que los adultos piensen qué infancia están construyendo y que les dediquen tiempo a los chicos, no importa cuánto. “Media hora, una hora, pero tiempo para vos, sin conectarme con ninguna otra cosa, para escucharte, para ver cómo estás, quiénes son tus amigos, cuáles son tus sueños, creo que ese es el mejor regalo”, sentenció.