Fanático de la siesta y el club Instituto de Córdoba, Cacho Buenaventura hará su primer raid en San Juan con el festejo de sus bodas de oro con el humor. Un arte que abrazó en "defensa propia para no agarrar la pala" y también lo supo acompañar en "los momentos más críticos", expresó en diálogo con DIARIO DE CUYO, previo a sus funciones que se inician hoy en Jardines de Galana, para seguir mañana en La Posta y el domingo al mediodía en Tierras Negras, con producción del empresario local Miguel Ruiz.

– ¿Cómo transita estos 50 años con el humor, en medio de la pandemia? 

– Hoy hay que extremar los cuidados. El año pasado me vacuné por primera vez contra la gripe y la neumonía; y el doctor me dijo: "Distancia, barbijo y alcohol… alcohol en gel" (risas). Ahora, estoy esperando el mensaje de confirmación de día y horario para la vacuna contra el Covid ¡Gracias a Dios! Vamos bien… Estuvimos en Rosario y fue bueno volver a tener público. 

– ¿Se pudo acostumbrar a las funciones virtuales? 

– ¡Menos mal que esto me agarró después de viejo! El streaming me estaba volviendo loco, me estaba faltando el alma, el público.

 – En San Juan arrancará con un raid completo presencial…

– En esta nueva normalidad, es la primera gira con 3 fechas festejando los 50 años de aquella vez que subí a un escenario en Cruz del Eje, cuando tenía 14 o 15 años, en un concurso de aptitudes artísticas representando a mi escuela. No gané, obvio, pero me dieron una mención especial porque era la primera vez que alguien salía después del último. Pero yo digo que gané porque descubrí la magia que existe entre el escenario y el público, que nos hace cómplices para reirnos en defensa propia, sin saber de qué. Hay que reír para festejar estar con vida, que no es poco.

– ¿Qué sucedió después de ese certamen?

– A los días me empezaron a contratar. Hice dupla con un guitarrista melódico para hacer shows en las matinés de esas épocas. No tenía idea del dinero, como no lo teníamos, nunca hablábamos de eso, hablábamos de valores. Mi padre nos enseñó que todo cuesta esfuerzo. Yo soy el mayor de 4 hermanos, después de mí siguen Jorge, Nancy y Damián, y las enseñanzas de nuestros padres nos hicieron generosos.

– ¿Qué decía su mamá cuando usted empezó a cobrar un sueldo por lo que hacía?

– Mi mamá me encontraba dinero en los bolsillos porque me pagaban y, encima, llegaba tarde. El dueño del boliche era esposo de una profe de inglés, me convidaba una pizza, charlábamos y después me llevaba a casa; cuando entraba, mi mamá me olía a ver si traía olor a tabaco o alcohol, me pegaba una escaneada. Una vez, me dijo con los ojos llenos de lágrimas: "Lo ajeno dura poco". Pensaba que estaba choreando porque era negro y pobre.

– ¿Le costó aceptar la idea de tener un hijo artista?

– Ella me decía: "¿Usted se cree que soy una vieja loca y le voy a creer que le dan plata por decir estupideces en un escenario? (risas). Hoy, todavía existen esos prejuicios de si sos negro, si sos pobre, si tenés pelo largo, si sos bullicioso. Cuando joven, yo reunía todas esas características, ninguna madre me quería de yerno. 

– ¿Cree que existen todavía esos preconceptos? 

– Quedan algunos, lamentablemente, hacía los chicos especialmente, los condenan por la cara, duele…

– Respecto a usted ¿la mirada del pueblo cambió cuando comenzó a hacer carrera?

– Sí. En los shows, cuento una anécdota de la mamá de una chica que yo andaba pretendiendo y no me quería, que después que me vio en auto nuevo, le dije: "¿Viste? ¡Vos solita te lo perdiste!". Pero no tengo resentimientos, mi tata nos enseñó que no se puede vivir con odio, nos criaron en la fe cristiana, tengo todos los sacramentos incluido el de la extremaunción.

– ¿En qué situación lo recibió?

– Tuve 4 pancreatitis, estuve muy grave y una monjita iba a rezar a mi habitación. Ahí, me enviaron al Padre Pablo, eso fue hace 20 años. Fue un momento duro, tuve que emancipar a mis hijos, anticipar la herencia, hablar con mi abogado, con mi contador, y lloraba…

– ¿Qué aprendió de esa situación tan difícil? 

– El padre me enseñó a hablar con Dios y acá estamos…

– ¿Qué es el humor para usted?

– Es lo mejor que me pasa, el humor es una buena decisión para mí. 

– ¿Cambió la manera de hacer este oficio a lo largo de todos sus años en escena?

– Ha cambiado muchísimo. Hay algunas cosas, y lo digo por mí, que uno decía antes y ahora es un horror. Uno cometió la torpeza de, a veces por ignorancia e inocencia, maltratar, discriminar, herir… Ya he pedido perdón y estoy en ese cambio. No tengo maldad y la gente lo sabe.

– ¿A qué se refiere cuando habla de torpezas?

– A todo. A la mujer, a los chicos, a los grandes, a los hombres…

– Y la sexualidad…

– No sé si se tomaba con humor, era motivo de risa sí, pero hoy no vale. Lo superemos. Si en un momento era gracioso hablar mal de la mujer, ya no. 

– ¿Qué puede decir de este medio siglo?

– Que no sé en qué momento pasó, no puedo creer que haya pasado todo este tiempo.

– ¿Piensa en el retiro?

– Sí. Me gustaría hacerlo con lucidez, manteniendo la frescura, la espontaneidad. No me gustaría tener decadencias físicas y emocionales en el escenario. No quisiera que la gente vea eso. Quiero que el público disfrute lo mejor que me habita, que es la alegría de estar vivo.

La fusión con el flamenco

Tras las repercusiones del show del mendocino Cacho Garay que anexó el flamenco con Mariana Clemenceau; Cacho Buenaventura también contará con toda la música de la artista sanjuanina y agregará folclore con el cuarteto de malambo Los Gallos.

"Son shows de alto impacto con bailaores y canciones súper populares tanto argentinas como españolas que fusionamos gracias a nuestro director musical Manolo Gil, somos una compañía de 12 personas incluyendo al productor ejecutivo Miguel Ruiz. Aquí el broche de oro y frutilla del postre es el humor. En estos tiempos tan difíciles es tan necesario reírnos", aseguró la cantante.

Dato

Show hoy en Galana (Balcarce 267 sur), de 21 a 02; mañana en La Posta (Mendoza, entre 10 y 11, Pocito), $1200; y, domingo a las 13, en Tierras Negras (Calle 11 al este de Ruta 40), $800.