Pablo Henríquez presenta una nueva muestra individual que inaugura hoy a las 20.30 en el Centro Cultural Estación San Martín, en la que continúa con las obras de gran formato, intervenidas de tal manera que crea texturas. "Si te da ganas de tocar un cuadro, aunque no está bueno que se toque, logré mi objetivo. Busco inducir a sentidos además de la vista" dijo el artista plástico a DIARIO DE CUYO. 

En "Tela para cortar", presenta 30 obras que van de pequeño formato a grande, con algunas de hasta tres metros de alto.

"Trabajo con cosas muy rústicas, cosas de ferretería, no es el taller de un artista de boina y bastidor, se parece más a un taller mecánico" graficó Henríquez sobre su libertad para crear usando todo tipo de telas, recurriendo a herramientas no convencionales, pintando por medio del impacto, la transferencia y la erosión. "Como artista plástico soy de la experimentación, el laboratorio y de crear con mucha libertad, no tengo cosas que me limiten como un bastidor comprado de tal medida o las pinturas… yo compro pinturas en la ferretería, pinto en el piso y de acuerdo a cómo sale la tela, es el tamaño que le doy" compartió.

A su método sumó como novedad el collage con distintas telas ya intervenidas. "Pinto telas muy grandes, como fondos y después de cada una saco la parte que me interesa, las coso y genero una obra con eso y además sobre eso, pinto cosas", explicó.

A diferencia de la serie anterior, donde predominaban caballos de Troya y piezas de ajedrez, ahora sus cuadros tienen que ver con la naturaleza, con lugares donde estuvo. "No pinto paisajes por lo que se percibe a simple vista, sino por lo que siento que ocurre en ellos. Son paisajes muy míos, no uso referencia fotográfica, sino lo que me acuerdo o la experiencia que tuve en esos lugares, la traslado" comentó el artista nacido en Mendoza, aunque aclara que ya tiene mitad de vida en cada lugar. "Me interesa pintar la aldea y realmente me siento sanjuanino" apuntó el artista, para quien esta exposición significó un gran desafío. 

"Ha sido un trabajo enorme, aprendí a coser para esto, me peleé con la máquina, que se salía el hilo, se rompía la aguja… mi abuela me crió, yo le decía mami, era costurera; crecí jugando en el pie de la máquina Singer, este es un homenaje a ella" contó. 

Henríquez aseguró que buscó lograr la armonía en sus collages, a los que ve como alegoría de la sociedad. "Hace falta un artista que pueda unir, que en la diversidad pueda reunir lo importante y crear una cosa nueva", concluyó.