Daniel Osvaldo diría su célebre frase: "Que la cuenten como quieran". Y tendría mucha razón. Lo concreto es que Claudio Tapia sorteó las tempestades de la política nacional y futbolística, y una vez más, salió airoso: la Inspección General de Justicia ratificó ayer la reelección realizada en mayo del 2020 que le da continuidad a su presidencia hasta el 2025, con lo que sumará ocho años en el cargo y estará a un póker de abriles de lo que le anticipó a DIARIO DE CUYO a los 100 días de asumir: "Pienso en una gestión de 12 años", reveló en el sillón principal de calle Viamonte, sitio de poder como pocos en todo el territorio argentino.

Tapia estará en la provincia el próximo mes para el partido entre Argentina y Brasil.

La versión oficial de la ratificación del nacido en Concepción hace 54 años marca que la IGJ desestimó las denuncias de San Martín de Tucumán y Nueva Chicago sobre las supuestas "irregularidades" en la Asamblea virtual que le dio paso al segundo periodo de Tapia. Basado en lo que hizo un tiempo antes Alejandro Domínguez en la Conmebol, Chiqui movió el año pasado las fichas más rápido que ningún otro y con todo el poder en su espalda realizó esta Asamblea para asegurarse su continuidad. Pero en junio pasado llegaron las tempestades. Se habló que el propio presidente de la Nación, Alberto Fernández, lo tenía apuntado y su entonces mano derecho, Juan Pablo Cafiero, a cargo de la Jefatura de Gabinete, le fue claro: "Alberto quiere que ordenés la AFA".

La denuncia de los clubes del ascenso fue apenas el inicio de un cúmulo de dardos contra el poder de Chiqui, que se refugió en mover sus alfiles políticos. Así, se hizo fuerte nuevamente con los clubes del interior, esos que lo llevaron a suceder a Armando Pérez, relegando a auténticos pesos pesados como Marcelo Tinelli y Daniel Angelici.

En el medio de las turbulencias, el destino y su capacidad de elegir bien en su tiempo a Lionel Scaloni, sucedió algo que inclinó la balanza para su continuidad: Argentina obtuvo la Copa América en el Maracaná y ante Brasil, cortando así una sequía en las Mayores que databa de 1993. Su llanto en el césped del mítico estadio tras la final abrazando a Lionel Messi tuvo mucho de desahogo de su parte.

Acaso, Tapia, conocedor como pocos de cómo se mueve el poder en las sombras, sabía que esa vuelta olímpica le aseguraba la reelección. Desde ese título, poco a poco la denuncia que en su momento lo puso en jaque por primera vez desde que es el jefe de la AFA fue perdiendo fuerza. Ya los medios más importantes no le daban trascendencia y sí elogiaban a Tapia por haber mantenido en el cargo a Scaloni contra todos los pronósticos.

Queda claro que los jugadores en la cancha, con Messi de emblema, le dieron la mano que necesitaba. Así, llegó ayer su confirmación en una clara muestra de cómo los títulos matan cualquier alternativa. Al que gana, no se lo discute. Y Tapia ganó esta pulseada y, como suele ocurrir, quedó más empoderado que nunca. De hecho, se rodeará en su nuevo Comité Ejecutivo de los presidentes de los cinco clubes grandes del país, algo que no ocurre desde los tiempos del patriarca de Sarandí. Ese al que Tapia jamás negó, a diferencia de otros que hoy afirman no haberlo ni conocido: "Con Julio siempre tuve gratitud y buenos recuerdos. Él me abrió las puertas de su despacho desde que no era nadie como dirigente. Y siempre con un buen consejo hacía mí", le explicó a DIARIO DE CUYO. Desde donde quiera que esté Grondona, ayer al enterarse del fallo de la IGJ seguramente comprendió que uno de sus discípulos aprendió muy bien sus lecciones. Porque como bien decía su anillo: "Todo pasa"…