La auto-imposición puede estar apoyada en diversos motivos. Así sean religiosos, familiares o privados de la pareja, la abstinencia sexual previa al matrimonio sigue ocurriendo, aún cuando se cree que este tipo de práctica responde a épocas pasadas.

 

Un nuevo estudio realizado por científicos de la Universidad de Columbia en Estados Unidos encendió el foco sobre este tipo de programas y su repercusión para la salud. "Promover la abstinencia es científicamente y éticamente problemático y, como tal, ha sido rechazado ampliamente por los profesionales de la medicina y la salud pública", explican los autores del trabajo, publicado en el Journal of Adolescent Health.

 

John Santelli, autor del informe, sostuvo que "el peso de la evidencia científica muestra que estos programas no ayudan a los jóvenes a retrasar el inicio de las relaciones sexuales. Mientras la abstinencia es, en teoría, efectiva, en la práctica las intenciones de abstenerse de la actividad sexual a veces fallan y estos programas simplemente no preparan a los jóvenes para evitar embarazos no deseados o enfermedades transmitidas sexualmente".

 

Entre los principales mitos -enumerados en el estudio- se destacan los siguientes: reducir la edad de inicio de las relaciones sexuales, mejorar la educación sexual de la población o el hecho de que el sexo antes de tiempo puede dejar secuelas negativas.

 

"La valoración de la virginidad ya no cuenta con las recomendaciones o prohibiciones de antaño, por lo menos por estos lugares de Occidente. Son los jóvenes quienes pueden decidir tener relaciones sexuales según sus deseos. Y digo tener relaciones sexuales y no ‘perder la virginidad’ porque ese debería ser el concepto: vivir la sexualidad con otro, y no cumplir con un precepto rígido y patriarcal que aún significa un ‘rito de iniciación’", explicó a Infobae el médico psiquiatra y sexólogo Walter Ghedin (MN 74.794).

 

Además agregó: "La construcción del mito de la virginidad en las mujeres se basa en la presencia del himen como barrera física y simbólica que separa la inmadurez de la madurez, un salto de la dependencia paterna a la dependencia marital. Esta creencia está sostenida por la idea machista y dominante: guardar el tesoro tan preciado de la virginidad para el hombre elegido (por la joven o por sus padres)".

 

Santelli y sus compañeros resaltan que, cuando se persigue una estrategia de "di no al sexo", podrían estarse quebrantando guías internacionales como las de Naciones Unidas sobre prevención de enfermedades sexuales: "Asegurar que los niños y adolescentes tengan un acceso adecuado a servicios de salud reproductiva y sexual confidenciales, incluyendo información sobre el VIH y el sida, aconsejamiento, pruebas y medidas de prevención como los preservativos".

 

"En el hombre, la virginidad es abstinencia moral y no sucumbir a la tentación del deseo que pone en jaque su seguridad viril. En ambos casos las pautas morales y religiosas son tan fuertes que superan cualquier decisión personal fuera de ellas. Los programas de abstinencia sexual para prevenir embarazos no deseados y enfermedades de trasmisión sexual no cumplen con su propósito, quizá por detrás de este objetivo están presentes las mismos dogmas de siempre que pretenden regir las conductas y las libertades de las personas", sostuvo Ghedin.

 

 

Carencia de experiencia sexual 

La falta de experiencia sexual es, sin dudas, un factor que incrementa el riesgo, ya sea por la carencia de información en educación sexual así como un desconocimiento del propio cuerpo y de los vínculos amorosos y eróticos. "Las personas que han pasado por abstinencia sexual y llegan vírgenes al matrimonio carecen de habilidades eróticas, de fantasías, y cumplen obedientes con los preceptos que rigen sus vidas", dijo el especialista.

 

Ghedin también destacó que "en algunos casos, cumplir con la convivencia y la llegada de los hijos son objetivos logrados que se viven como satisfactorios; sin embargo, otros comienzan a cuestionarse el por qué su vida tiene que estar regida por esos determinantes externos. La presencia de disfunciones sexuales: deseo sexual bajo, fobias sexuales, anorgasmia, pérdida de erección, son motivos para que se comiencen a revisar las causas de las mismas"

 

El informe estadounidense hizo hincapié en resaltar que, pese al hecho de que el cuidado sanitario está fundado sobre las nociones éticas de consentimiento informado y libre elección, los programas que promueven la abstinencia son "inherentemente coercitivos, esconden información necesaria para tomar decisiones informadas y promueven opiniones cuestionables, inexactas y estigmatizantes".

 

"Los comportamientos sexuales más libres que se difunden por los medios o en charlas de amigos o de trabajo, contrastan con la rigidez o la inhibición sexual, lo cual pueden ayudar a hacer cambios para conseguir una sexualidad plena. La otra posición frente a las libertades sexuales es volverse más obtuso y reaccionario, una defensa a la moral represiva al ultranza", concluyó Ghedin.