El vivero se convirtió en la mejor de las terapias y un buen modo de sociabilizar

Alumnos de la escuela de Educación Especial Asal y Aleluya están aprendiendo hasta a sembrar.

Compenetrados. Los chicos prestan especial atención a las explicaciones de las docentes. Esperan ansiosos el día que les toca ir al vivero.


 

Conectados con la naturaleza por más de cuatro horas cada día que asisten al lugar, empiezan a comprender la importancia de sembrar, de cuidar una planta y hasta de cosechar sus propios frutos. A su vez, la actividad les sirve para conectarse con otras personas, para aprender cosas nuevas y para entender que en esto puede haber una salida laboral. Esto es lo que están experimentando alumnos de la Escuela de Educación Especial Susana de Castelli (Asal) y los chicos que asisten a Aleluya. Todo porque forman parte de un proyecto llamado "Sembrar la Inclusión", que se está ejecutando en el Vivero Municipal de Santa Lucía.

Van tres veces por semana. Cada institución tiene su turno. Unos asisten por la mañana y otros por la tarde. Así, durante cuatro hora lo único que les importa es tocar la tierra, colocar una semilla y ver como día a día va tomando forma y comienza a germinar para luego transformarse en una plata. Aunque ahora, además de producir plantines con flores, están incursionado en el mundo de la huerta. Lo que se busca es que, además de que se conecten con la naturaleza, puedan encontrar en esta actividad una salida laboral.

Si bien, lo que están produciendo ahora será para repartirlo de manera gratuita entre los vecinos de Santa Lucía.

 

Todo el proceso. El proyecto comenzó a ejecutarse en marzo. La idea es que ellos siembren y puedan cosechar sus frutos.

 

"Esto es importante para ellos. Es un día diferente. Están asistidos por especialistas y tienen la oportunidad de conectarse con otras personas", contó Nicolás Janabel, al frente del área de la Juventud de la Municipalidad de Santa Lucía y que es de donde nació la idea de implementar el proyecto. Para ello, lo primero que tuvieron que hacer es firmar un convenio con ambas instituciones.

Según contó Janabel, esto surgió luego de que ellos, a través de talleres solidarios que realizaban en las escuelas y de allí nació la inquietud.

Son unas 65 personas las que concurren al vivero y participan de este proyecto. Además de trabajar en el invernadero, ahora, con un clima más benévolo, comenzaron a salir a la zona de la huerta. Las actividades comenzaron en marzo y la idea es que a fin de año, todo lo que hagan quede plasmado en imágenes. Así es que montarán una exposición de fotos para que la gente pueda apreciar todo el proceso por el que atravesaron los chicos durante varios meses. Además podrán llevarse todo lo que ellos mismos produjeron.

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