Tras 36 años de búsqueda y con 83 de vida, Estela de Carlotto, titular y ’alma’ de las Abuelas de Plaza de Mayo, que luchan por encontrar a los hijos de desaparecidos durante la dictadura militar (1976-1983), encontró ayer a su nieto Guido, nacido en cautiverio, el número 114 que recupera su verdadera identidad.

La recuperación de su nieto -hoy Ignacio Hurban, nombre que le pusieron sus apropiadores- corona el intenso trabajo que Carlotto ha llevado a cabo desde que en noviembre de 1977 su hija Laura, una estudiante de 23 años que fue detenida junto a su compañero, embarazada de dos meses y encerrada en el centro clandestino de detención ’La Chacha’ en La Plata antes de ser asesinados ambos por el régimen de facto.

’No quería morirme sin poder abrazarlo y pronto lo voy a poder abrazar’, dijo en rueda de prensa Carlotto, quien vio ya a su nieto en fotos y espera poder conocerlo en breve.

La jueza María Servini de Cubría recibió a las 12 de ayer los resultados que confirmaban una consanguinidad del 99% de coincidencia de ADN, en base a unos huesos recuperados e identificados de Laura.

El joven, nacido el 26 de junio de 1978, es músico, está casado, tiene dos hijos fue criado por ’gente de campo’ en Buenos Aires y se acercó voluntariamente a la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad, que dirige Claudia Carlotto, su tía, para hacerse análisis genéticos porque dudaba de su verdadera identidad.

’Guido’ de 36 años nació en el Hospital Militar Central y cinco horas después fue separado de su madre, a quien devolvieron al centro clandestino donde permaneció dos meses más en cautiverio.

Estela Carlotto llamaba a su nieto Guido, porque se había enterado que así lo había ’bautizado’ su hija las pocas horas que estuvo con él porque después parir la adormecieron y la llevaron de regreso al campo de concentración antes de asesinarla en un supuesto enfrentamiento.

El 1 de agosto de 1977, Laura resolvió mudarse pero cuando sus padres -Guido y Estela- fueron a ver cómo estaba pues no atendía, sólo encontraron una vivienda vacía y saqueada. Por buscarla, su padre Guido permaneció ’secuestrado’ durante 25 días. Fue torturado y recién fue liberado tras el pago de $40 millones. Un año después, la madrugada del 25 de agosto del 1978, Laura fue asesinada en una ruta del Gran Buenos Aires durante un traslado, y su cadáver fue entregado a su familia. La autopsia que se le realizó años más tarde reveló que tenía balas alojadas en el cráneo, por lo que se supone que fue ejecutada con un arma disparada a 30 cm por la espalda.

�La familia Carlotto desconocía que Laura estuviera embarazada, lo que supieron luego por testimonios de compañeros de cautiverio, y tampoco sabían quién era el padre de Guido, misterio que también fue develado ayer, porque los cotejos genéricos determinaron que es hijo de Oscar Montoya, militante montonero y compañero de Laura.
‘Se encontró la verdad de la identidad de Guido y se encontró también la verdad de Oscar y mi hermana y de esa historia de amor clandestina‘, dijo Claudia Carlotto.

La familia Montoya reside en Caleta Olivia (Santa Cruz) y allí a Guido le espera otra abuela, de 91 años.

‘Laura sonríe desde el cielo y me dice: mamá, ganaste una batalla larga’. ‘Ya tengo mis catorce nietos conmigo‘, dijo Estela
Guido, quien creció con el nombre de Ignacio Hurban y se enteró ayer mismo de su verdadera identidad por un llamado de su tía Claudia.
‘Cuando le dije que era hijo de desaparecidos pero que, además, era el nieto de Estela, lo único que decía era ’¡uh!’. Estaba muy sorprendido. Ya nos mandó un par de mensajes. Está bien, está feliz y pronto nos vamos a ver‘, contó Claudia.

La noticia conmocionó ayer a la sociedad de Argentina y la presidenta, Cristina Fernández, llamó a la titular de las Abuelas, apenas se supo del hallazgo. ‘Lloramos juntas de emoción, sintetizó Estela, algo así como una madre sustituta para CFK.