Una regla de oro de la estrategia electoral es que si un candidato parte de muy atrás en sus aspiraciones electorales, debe arrancar pronto y con una acción fuerte.
Y eso es lo que intenta hacer Julio Cobos con sus últimas acciones. Meterse con un gesto ampuloso en una carrera con competidores de los que está lejos, con su polémico lanzamiento de campaña electoral, bajo el lema “Vuelve la democracia”.
Sin demasiados recursos, con una fuerte pegatina de afiches en la ciudad de Buenos Aires y en su Mendoza natal y apoyado por una campaña en redes sociales, intenta instalarse por estos días entre los candidatos con posibilidades, espacio hasta ahora reservado para Sergio Massa, Daniel Scioli y Mauricio Macri en la carrera por la presidencia argentina. Hace “la de manual”, para intentar entrar en la foto.
¿Dónde está Cobos?
Las mediciones nacionales muestran a Cobos con entre 4 y 6 puntos de intención de voto, muy lejos de los más de 20 que ostenta el trío que lidera los sondeos, y muy cerca de su rival interno, Hermes Binner (si es que UNEN sigue “unido”). Al mismo tiempo, lejos de crecer viene declinando en el último año, debido a que va apareciendo cada vez más fuera de la foto de los presidenciales. Necesita despegar, y necesita hacerlo rápido. Para eso, intenta generar controversia y situarse en el centro del escenario político al menos por unos días.
El timing
En política el timing es tan importante como el contenido. Saber cuál es el momento oportuno para lanzar una acción es tan importante como la acción misma. Y es objeto permanente de reflexión por parte de los estrategas electorales. Por eso, el momento elegido para el lanzamiento tampoco es casual.
Eligió hacerlo después de las multitudinarias marchas por la muerte del fiscal Alberto Nisman, en las que estuvo muy visible y activo. Estas marchas mostraron un incremento de la polarización en torno a la figura de la presidenta y un electorado que por ahora se viene inclinando por otros precandidatos.
Además de eso, esperó el resultado de una importante victoria del radicalismo en la Capital mendocina, que brindó una vidriera para mostrar un radicalismo triunfador. Rápido salió Cobos a tratar de impedir que Macri se subiera al festejo, ya que el PRO bajó su lista en esa ciudad y apoyó al radicalismo. Tras estos dos hechos, Cobos se muestra como un ganador en la primera cita electoral del año y potencial representante de algunos sectores que se sumaron a las marchas.
¿Vuelve la democracia?
Así, lanza su campaña nacional, aludiendo a una polémica “vuelta de la democracia” de su mano. Con esto alude tácitamente a una ausencia de democracia durante la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner e intenta, al mismo tiempo, activar la mística radical del recuerdo de la vuelta de la democracia de la mano de Raúl Alfonsín. La polémica le sirve a Cobos, la necesita, pero ¿a qué costo?
Es claro que esta estrategia es controversial. Aludir a la ausencia de democracia constituye una afirmación grave, que poco contribuye a mejorar el clima político en este proceso de recambio institucional. Apuesta a profundizar la polarización para intentar apropiarse de un segmento del electorado anti K.
Una jugada fuerte, discutible y al hueso, para mejorar su posicionamiento de manera urgente, porque las definiciones están a la vuelta de la esquina.
En la mente del elector argentino, nunca entran más de dos, o a lo sumo tres, candidatos a cualquier cargo público. En lenguaje futbolístico, el que queda afuera de ese grupo suele irse a las duchas rápido, lo que significa bajarse de la candidatura o presentarse en las elecciones sin ninguna expectativa.
El desafío de Cobos es mantenerse en carrera y para eso tiró la bomba de “Vuelve la Democracia”. Pero para que ese bombazo tenga éxito, el mendocino depende de otros. Necesita que alguien recoja el guante y le conteste si es posible confrontar con CFK. Es probable que haya confiado en errores anteriores del Gobierno (por ejemplo en la crisis del campo), cuando la presidenta reaccionaba ante cualquier provocación, redoblando la apuesta y confrontando. Por ahora no tuvo demasiado éxito al respecto, pero hay que esperar. No sería la primera vez que un político desoye la máxima de estrategia política que indica que “elefante no caza ratones”.

