Diego Loscalzo, detenido como autor de la masacre de Hurlingham, quiere suicidarse. En sus primeras horas en prisión, el acusado por los seis asesinatos ocurridos el último domingo a la noche, rogó que le dieran "las herramientas necesarias para matarse, debido a que no podía soportar el hecho de ingresar en una cárcel y quedar expuesto ante otros presos".

 


Ante el riesgo de que pudiera quitarse la vida y luego de revisar dos peritajes psicológicos que le habían hecho y que dejaban expuesta esa posibilidad, la Justicia autorizó el traslado de Loscalzo a un pabellón neuropsiquiátrico en el penal de Melchor Romero, en La Plata, con el objetivo de que sea vigilado de forma permanente para evitar que intente quitarse la vida.

 

 

Según confiaron fuentes judiciales, el hecho de que sea alojado en una unidad neuropsiquiátrica no significa que sea inimputable o que hubiera sufrido alguna patología que le hubiese impedido comprender la criminalidad de sus actos cuando baleó a su pareja, Romina Maguna; a sus cuñados Vanesa y José Eduardo Maguna; a su suegra, Juan Paiva; a Darío Daniel Díaz, marido de Vanesa, y a Mateo, el bebe que iba a nacer por cesárea al día siguiente de la masacre y que fue atravesado por una bala dentro del vientre de Mónica Lloret, la esposa de José Eduardo Maguna.

 

En los informes elaborados por dos peritos psicólogos se concluyó que Loscalzo "está ubicado en tiempo y espacio, sin ideas delirantes, pero con tendencia suicida". Aún no se sabe si el móvil de la masacre fueron los celos hacia su mujer o una eventual cuestión económica.

 

Cuando los peritos le preguntaron sobre los homicidios, el acusado dijo que no se acordaba de nada de lo que había ocurrido la noche del domingo en la casa de Cañuelas al 2000, en Hurlingham que compartía con Romina, policía en el Comando de Patrullas de San Isidro. Tampoco recordaba haber abordado su moto y recorrer 25 cuadras hasta la vivienda de su cuñado y de su suegra, ni haberlos emboscado, en la esquina de Wagner y Schuman, donde abrió fuego contra el auto en el que viajaban los familiares de su mujer.

 

No obstante, hubo una pregunta que puso en evidencia su "amnesia selectiva". Fue cuando los peritos se refirieron a Uriel, el hijo 11 años de Romina -fruto de una relación anterior-, a quien le perdonó la vida la hora de la masacre.

 

Según fuentes de la investigación, cuando le preguntaron por qué no le había disparado Loscalzo rompió en llanto y dijo que Uriel le recordaba a él cuando era chico.

 

Frente a los peritos, no mostró arrepentimiento por la masacre. A pesar de que afirmaba tener una excelente relación con su esposa y su familia, Loscalzo fue frío y distante al referirse a ellos, sin dar señales de angustia ante sus muertes.

 

Con respecto a los peritajes, el abogado de Loscalzo, Fernando Rivero, dijo que se trataba de informes preliminares y que era necesario profundizar esos estudios. En declaraciones a la FM Radio Latina, Rivero sostuvo que el acusado de la masacre de Hurlingham "estaba muy confundido", aunque admitió que "lo más probable es que se le dicte la prisión preventiva".

 

En la entrevista con los peritos, Loscalzo no quiso hablar de su padre. Sólo afirmó que "esa persona lo había violado cuando tenía 12 años". Tampoco fue locuaz al referirse al resto de su familia. Manifestó que hace dos años que no veía a su madre ni a sus hermanos. Además, afirmó que tenía HIV y que nunca se había tratado esa enfermedad. Los peritos remarcaron que en ninguna de las sesiones expuso conciencia de la masacre ni angustia sobre los momentos vividos.

 

Ante este panorama, los peritos recomendaron el traslado urgente de Loscalzo a una unidad que tuviera la estructura y el personal necesarios como para resguardar la integridad física del acusado.