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Sobreviviendo. Desde el principio, la causa que armó Alberto Nisman (foto) pareció condenada a ser cerrada, pero ahora tiene una oportunidad de prosperar. El juez Lijo tiene la palabra en la feria judicial. 


Hoy se cumplen dos años de la denuncia que hizo el fiscal de la causa AMIA, Alberto Nisman, cuatro días antes de morir, en la que acusó a la entonces expresidenta Cristina Fernández, a colaboradores y a supuestos espías de haber llevado adelante un plan para ‘encubrir‘ a Irán en el atentado contra la mutual judía. 


En febrero, cuando se reinicie la actividad en los tribunales de Comodoro Py 2002, el juez federal Ariel Lijo deberá resolver qué hará con la investigación de la denuncia que hace dos años le había llegado de parte de Nisman y que las vueltas del destino ponen otra vez en sus manos. 


El 14 de enero de 2015, el fiscal denunció a la entonces Presidenta, a su canciller Héctor Timerman, al diputado camporista Andrés ‘Cuervo‘ Larroque, a los piqueteros Luis D’Elía y Fernando Esteche, al agente Allan Bogado y al ex juez Héctor Yrimia. A todos los acusó de haberse asociado en un plan de ‘encubrimiento‘ a Irán por su responsabilidad en el atentado con la AMIA, que iba a disolverse a través del Memorándum firmado en 2013 entre la Argentina y el país persa. 


En aquel momento, Lijo entendió que no le correspondía a él investigar esa denuncia en el marco de la causa por encubrimiento al atentado, por la que ahora ya enfrentan juicio oral el exjuez federal Juan José Galeano, el 
expresidente Carlos Menem y el extitular de la SIDE, Hugo Anzorreguy. Y por ello, entonces, la causa fue a sorteo y el caso recayó en manos de Daniel Rafecas quien, una semana después de la gigantesca movilización que se gestó en Buenos Aires para pedir ‘justicia‘ por la muerte de Nisman, decidió cerrar la causa por entender que no había delito. 


‘No hay un solo elemento de prueba, siquiera indiciario, que apunte a la actual Jefa de Estado respecto -aunque sea- a una instigación o preparación (no punible) del gravísimo delito de encubrimiento por el cual fuera no sólo denunciada sino también su declaración indagatoria requerida‘, escribió el magistrado en un duro fallo. 
Con esa resolución, Rafecas descartó de plano llevar adelante las casi 50 medidas que había impulsado por entonces el fiscal Gerardo Pollicita al reclamar la apertura de la investigación. 


Luego, la decisión de Rafecas fue avalada en la Sala I de la Cámara Federal, con las firmas de los jueces de Jorge Ballestero y Eduardo Freiler. 


Cuando el caso saltó a Casación, fue el fiscal de esa instancia, Javier De Luca, quien desistió de sostener el recurso y el expediente nunca se abrió. Pero, luego, a fines del 2015, se conoció una grabación en donde se escuchaba al excanciller Hector Timerman hablando con un dirigente de la AMIA en la que éste habría reconocido que habló con los iraníes porque eran quienes habían cometido el atentado. 


‘Hace 18 años que pusieron la bomba. Vos no me decís con quien negociar, me estás diciendo con quien no negociar, que vivo que sos. ¿Con quién querés que negocie entonces?‘, le dijo Timerman al extitular de la AMIA, Guillermo Borger, en una conversación telefónica que mantuvieron en 2012. Esa conversación abrió una denuncia contra Timerman, la expresidenta y los legisladores que votaron el Memorandum con Irán por el delito de ‘traición a la Patria‘ que recayó en manos del juez Claudio Bonadio. 


Desde esa causa, Bonadio pidió una serie de medidas para avanzar en la investigación y la defensa de Timerman fracasó en su intento por cerrar el expediente, por entender que versaba sobre los mismos hechos que denunció Nisman. Mientras tanto, el juez Rafecas se negó en marzo a reabrir la investigación tomando esa grabación como nueva prueba y las declaraciones de funcionarios de Cancillería y lo mismo hizo la Sala I de la Cámara Federal. La situación se repitió en Casación, con el fiscal De Luca desistiendo de impulsar la reapertura, pero esta vez el escenario contó con un actor diferente: la querella de la DAIA. 


Fue así que, después de una interminable seguidilla de roces, la Sala I de la Cámara Federal resolvió a fines de diciembre reabrir la investigación por la denuncia de Nisman, aunque apartó del expediente tanto a Rafecas como a los camaristas Freiler y Ballestero. Por sorteo, el caso recayó otra vez en Lijo quien, en febrero, deberá resolver si se queda con la causa o si se la cede a su colega Bonadio, quien ya tiene una causa mucho más avanzada que la suya. 


Si Lijo decide quedarse con el expediente, también podría delegar la investigación en el fiscal Pollicita que seguramente insistirá con avanzar en la investigación para cerrar el paso a nuevos intentos para desestimarla. 

 

900 horas de escuchas, la punta del ovillo

Las escuchas telefónicas que enumera Alberto Nisman en su denuncia le dieron la pauta al fiscal que, por detrás del Memorándum con Irán, existían intereses del gobierno argentino para desvincular a los acusados de esa nacionalidad del atentado contra la AMIA. Todo el material recopilado eran una parte clave de las pruebas que Nisman tenía previsto desglosar en su comparencia ante el Congreso, pero murió horas antes.


En esas 900 horas de escuchas, que fueron autorizadas por el juez federal Rodolfo Canicoba Corral y realizadas por la secretaría de Inteligencia (SI), fueron la punta de lo que el fiscal estimó como conversaciones que ‘tenían su correspondiente correlato con la realidad‘ y cuyos ‘partícipes anticipaban lo que iba ocurriendo‘.


Efectivamente, en las grabaciones se adelantan hechos que luego se fueron produciendo, como cuando el 27 de setiembre de 2013 el supuesto agente de Irán, Jorge ‘Yussuf‘ Khalil, dice que se ‘necesita que el gobierno iraní junto al gobierno argentino anuncie mañana la conformación de la Comisión de la Verdad‘. U otra del mismo Khalil solicitando una reunión con el Encargado de Negocios de Irán en la Argentina para transmitir un mensaje del Gobierno al respecto: ‘escuchame Mohsen, el hombre éste va a estar ahí. Yo necesito sacarlo 15 minutos, necesito darle un mensaje, viejo. Es del gobierno argentino, mandaron un mensaje para él‘. Y una tercera de Luis D’Elía a Khalil: ‘estoy en camino a la Embajada, Yussef‘. Y su respuesta: ‘Está bien, andá tranquilo. Yo llegué justo recién a la Casa de Gobierno. Andá tranquilo‘, dice otra transcripción. 


Ya con Daniel Rafecas al mando de la causa aparecieron miles de grabaciones que el juez desestimó porque dijo que eran ‘de la SIDE y no de la causa‘. Por otras escuchas se supo que tres de las personas denunciadas habían hablado por teléfono el 14 de enero, el día en que el fiscal de la Unidad-AMIA radicó la denuncia por supuesto encubrimiento a Irán y se avisaron entre ellos que desde la ‘Presidencia‘ pedían que guardaran ‘silencio‘. Así, se desprendió de nuevas grabaciones tomadas del teléfono de Khalil, en conversaciones con D’Elia y el líder de la agrupación Quebracho, Fernando Esteche. ‘Lo que me piden en Presidencia es que hasta no tener todo esto clarito y demás guardemos silencio...hasta no saber bien de que se trata‘, le dijo el hoy dirigente del partido kirchnerista MILES a Khalil. A su vez, éste le confió a su interlocutor que se sentía ‘helado‘ tras haber visto ‘las noticias‘ que informaban de la denuncia de Nisman contra ellos, se quejó de que ‘van contra todos‘ y sugirió: ‘No hablemos más por teléfono... después nos juntamos‘. También le anticipó que ‘va a haber una reunión en dos o tres días, o a lo mejor la convocan esta tarde, de (Oscar) Parrilli o con (Carlos) Zannini con los involucrados‘ y le recomendó que tenía ‘que salir a decir‘ que ‘no‘ era ‘un agente iraní‘.