Hasta hoy en la Argentina no ha habido un debate presidencial con los candidatos presentes. Es bien recordada ‘la silla vacía‘ en el debate frustrado entre Carlos Menem y Eduardo Angeloz, en la elección de 1989, pero tanto Raúl Alfonsín como Menem, Fernando De la Rúa, Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner llegaron a la presidencia sin afrontar un debate presidencial.
Lo cierto es que en Argentina el que va ganando no debate. Esto tiene lógica ya que hay dos elementos que no acompañan la realización de debates: la legislación y la cultura política.
La legislación:
Varios países tienen leyes que regulan y marcan la obligatoriedad de los debates presidenciales. Es el caso de Alemania, Francia, México y Brasil, entre otros. Con sus diferencias, regulan la obligatoriedad de asistencia por parte de los candidatos, el lugar en que se realiza, cuáles son los candidatos que pueden participar del mismo y otras reglas para garantizar la imparcialidad del mismo y la oportunidad de confrontar ideas sin que se den ventajas para uno de los contendientes.
Existen en Argentina varios proyectos de ley presentados al respecto. Uno del chaqueño Eduardo Aguilar del Frente para la Victoria (FpV); otro de Carla Carrizo, del massismo; y otro de Norma Morandini, del que participaron varios bloques. De hecho, desde el propio gobierno se planteó a principios de este año la aprobación de una ley que regule los debates presidenciales. Luego, la idea no avanzó y ese es el motivo por el que no tenemos legislación al respecto para estos comicios. Si hubiese una legislación al respecto, existiría una sanción legal para aquellos candidatos que no concurran, como sucede en los países arriba mencionados.
La cultura política:
Curiosamente en otros países que aparecen como ejemplos de debate presidencial, el mismo no está establecido legalmente, pero forma parte de la cultura política del lugar. De hecho, en EEUU existe una Comisión de Debates Presidenciales, como organismo privado que se dedica a organizar los debates desde 1987. Para dar una idea de la relevancia de los debates en ese país, basta decir que el debate del Partido Republicano de agosto fue visto por más de 24 millones de personas, a la altura de grandes eventos deportivos.
Ya pensando en Latinoamérica, hace unos días tuve el gusto de disertar en un evento de Consultoría Política en Perú sobre las elecciones en Argentina. En ese país no existe una legislación que regule los debates presidenciales y, sin embargo, no pueden concebir una elección sin los mismos. Los asistentes me consultaron al respecto y, cuando les dije que no creía que hubiesen debates con todos los candidatos presentes, miraban extrañados y preguntaban cómo era eso posible.
La cultura política de nuestro país no tiene incorporado el debate presidencial en su ADN. Los argentinos no tenemos experiencia en los mismos y no existen sanciones sociales para los candidatos que no debaten. Quien marcha primero en las encuestas tiene mucho más para perder que lo que puede ganar en un debate. De este modo, quienes marchan detrás reclaman la discusión, ya que necesitan remontar la cuesta.
Uno de los mecanismos es retar a los demás candidatos a posicionarse sobre diferentes temas polémicos (clear cut issues): Massa lo está haciendo de manera bastante efectiva en un spot sobre la participación de las Fuerzas Armadas en la seguridad interna, cuando termina diciendo ‘(Daniel) Scioli y (Mauricio) Macri, ¿qué dicen de esto?‘. La próxima semana dedicaremos nuestra columna a los spots presidenciales, por lo que vale esto como un adelanto de lo que viene. Pero, el mecanismo más eficiente para buscar esa confrontación necesaria para subir en la intención de voto es la búsqueda de un debate presidencial televisado, en el que se podrán buscar respuestas directas a esas cuestiones cuidadosamente preparadas por los equipos de campaña. Tan preparadas están, que existen cátedras completas en los posgrados de comunicación política sobre debates electorales y hay especialistas que entrenan a los candidatos para estos eventos (Santiago Martínez Suárez y Yago de Marta son dos exponentes de esta especialidad).
¿Conviene o no conviene?:
La evaluación que se hace en las campañas de cada actividad es de costo beneficio. ¿Conviene a nuestra campaña hacer este acto, spot o caminata?, ¿Qué podemos ganar o perder con esta acción?, ¿Cuáles son los costos de no hacerla o de hacer otra cosa?
En el caso de los debates presidenciales, en Argentina la ecuación es la siguiente. Vas atrás = Te conviene el debate: porque no tenés mucho para perder, porque te conviene atacar y tomar el centro de la escena y porque necesitás confrontar con el primero.
Vas adelante = No te conviene: porque si te va bien seguís adelante como estás, pero si te va mal ponés en riesgo tu triunfo. Porque un debate sin tu presencia está devaluado y, por último, porque el elector argentino no valora tanto los debates y, por tanto, no castiga a los que no asisten.
En este punto, y dando por hecho que los debates son un aporte a la calidad democrática, podemos preguntarnos si entre los avances que debemos pensar como sociedad para los próximos comicios no debiera incluirse la legislación de los debates presidenciales (y, por qué no, provinciales) y la implementación de la boleta única. El momento de legislar sobre esos temas será la etapa no electoral, porque no es bueno que estos temas se traten en plena campaña. Pero para eso no solo hace falta la iniciativa de legisladores, sino también la demanda ciudadana. ¿Estaremos a la altura?.

