El 25 de mayo se cumplirá un año desde que Ricardo Barreda (81), el cuádruple femicida de La Plata, permanece postrado en una cama del Hospital Magdalena V De Martínez De Pacheco por un problema en la próstata. Allí, los enfermeros se convirtieron en su familia y, algunos, hasta en su confidente. Fue precisamente el hombre que lo cuida de noche quien reveló el secreto que le confió el ex odontólogo: “Lo peor es que a Adriana, mi hija menor, no la quise matar”.

 

 

Según publica el portal BigBang, Barreda le dijo a uno de los enfermeros que trabaja en el turno noche: “¿Sabe qué? Dicen que no me arrepiento de lo que hice. Eso es mentira. No hay día que no sienta culpa. Lo peor es que a Adriana, mi hija menor, no la quise matar. Estaba como loco, giré, disparé y después me di cuenta que era ella”.

 

Fue el 15 de noviembre de 1992 que Barreda mató a escopetazos a su esposa, a su suegra y a sus dos hijas en La Plata. Luego de escuchar lo que decía sobre Adriana, el enfermero le preguntó por Cecilia, su hija mayor: “Ella me odiaba y me quería ver muerto. Mi esposa y mi suegra le habían llenado la cabeza. A la última que maté fue a mi suegra. Pero los crápulas de mis abogados me hicieron decir que la última en morir había sido mi hija menor, así yo heredaba la casa”.

 

Tras conseguir la libertad condicional, Barreada se fue a vivir al Tigre, a la casa de un amigo. Como se sentí mal, se instaló en la sala de espera del hospital de General Pacheco aduciendo que su familia lo había abandonado y que se llamaba Alberto Navarro. Una mujer que no lo identificó se conmovió con la historia y publico la foto del anciano en su muro de Facebook. Ahí se enteró que se trataba de Barreda y que había matado a su suegra, su mujer y sus dos hijas a escopetazos en su casa de La Plata.

 

"Apareció en el hospital y dijo que no tenía dónde ir. Tenía un problema en la próstata. Dijo que su familia lo había abandonado. Trató mal a una enfermera y quiso quedarse a dormir. Alguien le preguntó si era Barreda y dijo que se llamaba Alberto Navarro. Al rato se fue, apenas podía caminar, tenía los pantalones bajos", reproduce el portal los dichos de testigo de esa escena. Y señala que hoy el ex odontólogo se queja: "Nadie se acuerda de mí, cumplo una condena eterna".