Argentinos recurriendo a los métodos más raros para lograr pasar la mercadería comprada en Chile es una postal clásica de los últimos años.  La imagen se repite en cada uno de lso puestos fronterizos del país y la Aduana de Río Grande, en Tierra del Fuego, no es la excepción. 

 

"Los hechos de mayor tensión se registraron a partir del sábado a la tarde, cuando unas 3.000 personas que habían salido de la isla entre miércoles y jueves comenzaron a volver al país", comentó Silvia Gómiz, empleada del puesto aduanero de San Sebastián, próximo a la ciudad chilena de Punta Arenas. En diálogo con FM Centro, de Ushuaia, la mujer dijo que muchos turistas intentaron eludir el pago de aranceles o ingresar mercadería de contrabando, lo que derivó en algunos incidentes con "insultos y maltrato".

 

Gómiz señaló que, al salir del país, personal aduanero les había recordado a los viajeros que existe una franquicia de 150 dólares en compras por individuo. También se les recordó a los viajeros qué elementos tienen su ingreso prohibido (como muebles o repuestos de autos) y la necesidad de declarar la salida de artículos electrónicos nuevos.

 

"Nada de eso parece haber servido. Encontramos desde gente que se pasaba de los 150 dólares permitidos hasta el pícaro que te esconde las cosas. Personas con tres o cuatro camperas puestas o con una remera arriba de la otra. Artículos electrónicos adentro de las puertas de los autos, en los motores, debajo de los asientos o disimulados en las sillas de los bebés”, señaló la funcionaria.

 

Gómiz también explicó que algunas personas que declaraban llevar "dos o tres cositas" en realidad traían productos en grandes cantidades, como “30 o 40 calzas o 30 o 40 pares de zapatillas". "Pretendían justificarlo diciendo que eran una familia numerosa cuando es evidente que traían para vender", agregó, todavía atónita. Y explicó: "Cuando se descubre una cantidad de un mismo producto y se presupone un fin de lucro, directamente la mercadería se incauta. Se labra un acta y después la persona pagará una multa o enfrentará un proceso por contrabando".

 

Como era de esperar, muchos de los automovilistas se molestaron por los controles y discutieron con el personal aduanero. "Cuando los mandábamos a pagar el arancel muchos nos insultaban o nos faltaban el respeto. Toda la gente que yo vi era pensante y preparada, pero reacia a cumplir las normas. El problema es que casi nadie quiere ser controlado", reflexionó la funcionaria.