Considerados como gente tranquila, los habitantes de las islas Malvinas notan que poco ha cambiado su vida habitual por la tensión dialéctica entre Argentina y Gran Bretaña por la soberanía del archipiélago que los enfrentó en una guerra hace treinta años.
A punto de cumplirse tres décadas del inicio del conflicto armado, el próximo 2 de abril, los vecinos de las islas, 2.913 según cálculos oficiales, continúan con su rutina mientras los gobiernos de Londres y Buenos Aires mantienen un clima tenso desde que el Reino Unido anunciara hace unos días del envío a las islas de un moderno buque de guerra, el destructor ‘HMS Dauntless‘, equipado con misiles antiaéreos.
‘De alguna manera estamos al tanto de lo que está pasando, pero eso no afecta a mi vida habitual‘, dijo a la agencia de noticias Efe Sebastián Socodo, uno de los pocos argentinos que reside en las islas. Para Socodo, casado con una nativa de Malvinas, la escalada de declaraciones entre el Ejecutivo de David Cameron y el de Cristina Fernández no afecta ‘en absolutamente nada‘ a la realidad de los malvinenses.
Socodo trabaja recibiendo a turistas, quienes, asegura, no han mostrado temor alguno por viajar a este destino desde que en las últimas semanas Londres y Buenos Aires han aumentado el tono de su disputa.
Tampoco la llegada del príncipe Guillermo de Inglaterra el pasado jueves a las islas para continuar su instrucción militar como copiloto de helicópteros de rescate provocó ninguna reacción en especial entre los habitantes. ‘Es más pintoresco tener al príncipe Guillermo aquí, pero somos gente tranquila‘, añadió la periodista Lisa Watson, del semanario local ‘Penguin News‘.
Para Bruno Tondini, catedrático de la Universidad Nacional de La Plata y miembro del Centro Argentino de Estudios Internacionales, en este nuevo capítulo de la disputa influye la crisis económica global y las necesidades de Cameron de justificar un aumento del gasto militar en momentos de ajustes generalizados.

