La cuenca del río Matanza-Riachuelo, señalada por estos días como uno de los diez sitios ‘más contaminados del mundo‘, es testigo de una cuenta pendiente de más de 200 años: el primer compromiso histórico para sanear al popular río lo tomó el Directorio, el segundo gobierno patriótico nacido de la revolución de Mayo de 1810 contra la corona española. El plan fracasó.
Con más de 60 kilómetros de extensión y un alarmante nivel de efluentes, la cuenca del río Matanza-Riachuelo fue ubicada entre los 10 sitios ‘más contaminados del mundo‘, a la par de la ciudad ucraniana de Chernobil, donde se produjo un desastre nuclear en 1986. El reporte, realizado sobre la base de 2.000 sitios contaminados en 49 países, fue elaborado por la organización ambientalista Blacksmith Institute.
Entre los diez lugares más contaminados, el único sitio del continente americano en el listado es el Riachuelo, cuyo caudal de agua turbia divide a la Capital Federal del conurbano bonaerense. Centenares de iniciativas sin éxito han pasado en más de 200 años y sólo algunos avances en la lucha por limpiar el río se lograron a partir de 2006 cuando la Corte Suprema conminó a las autoridades a resolver el problema.
Con casi 2.300 kilómetros cuadrados de superficie, el agua de la cuenca supera en más de 50 por ciento los niveles permitidos de presencia de mercurio, arsénico, zinc y plomo, según ecologistas. Casi cinco millones de personas habitan entre las orillas y las proximidades, expuestos a enfermedades de la piel o respiratorias por los efluentes de más de 20.000 industrias, según cifras oficiales.
Una de las zonas más contaminadas es la Villa Inflamable, un empobrecido barrio lindante donde se sitúa el enorme Polo Petroquímico Dock Sud, cuyas destilerías de petróleo y plantas de depósito arrojan grandes volúmenes de desechos químicos.
El ente oficial intimado por la Corte es la Autoridad de la Cuenca Matanza Riachuelo (ACUMAR), que nuclea a tres gobiernos, el nacional, el de la provincia de Buenos Aires y el de la ciudad autónoma de Buenos Aires.
Hace poco, la ACUMAR celebró que ‘el río está dejando de ser un lugar oscuro‘, luego de tomar medidas como bajar el nivel de pestilencia, remover desechos orgánicos, trasladar asentamientos a otros sitios y obligar a las industrias a controlar sus desperdicios. Un total de 59 buques hundidos se llevaban extraídos del lecho del río a finales del año pasado, según cifras oficiales.
Pero a lo largo de la cuenca, un 35 por ciento de la población no tiene acceso a agua potable y un 55 por ciento a cloacas. El 95 por ciento de la contaminación está generada por la actividad industrial, incluyendo curtiembres y químicas, según datos oficiales.
‘Llegar al fondo del Riachuelo (que desemboca en el Río de la Plata) es como hundirse en un yogurt negro y helado‘, declaró Guillermo Balbi, un buzo profesional. En el caso que involucra al Área Metropolitana, se trata del curso de agua que la exsecretaria de Ambiente del menemismo María Julia Alsogaray prometió limpiar ‘en mil días‘ y el mismo en el que el legislador porteño kirchnerista Juan Cabandié aseguró haber visto ‘peces‘.
La historia contemporánea del Riachuelo quedó está asociada al nombre de Alsogaray, la funcionaria de ambiente menemista que fue fotografiada con una piel de visón a pesar de ser la responsable de recursos naturales. Su promesa de que en 1.000 días la gente iba a poder bañarse en el Riachuelo no se cumplió y años después fue condenada a penas de cárcel por corrupción.
Describiendo los peligros de la cuenca, el ambientalista Martín Tonelli explicó que en el Riachuelo están siendo removidos un millón de metros cúbicos de sedimentos ‘sin tratamiento ni control para ser volcados en el río de la Plata, donde millones de argentinos se abastecen de agua potable‘. ‘Estos sedimentos del lecho del río son extraídos en aguas que tienen oxígeno cero‘, dijo Tonelli. Para colmo, los basurales a cielo abierto aumentaron de 141 en 2008 a 348 en diciembre de 2010, según se denunció en audiencias ante la Corte.
