Trece presos escaparon ayer mediante un boquete del Complejo Federal I de Ezeiza, de máxima seguridad, y el director del Servicio Penitenciario Federal (SPF), Víctor Hortel, denunció que existió ‘complicidad interna‘, por lo que desplazó a 19 penitenciarios y presentó su ‘renuncia indeclinable’ al cargo.
Hortel empezó a ser conocido para los sanjuaninos hace un mes por la fuga de los represores, Jorge Olivera y Gustavo De Marchi ya que, lejos de aceptar su responsabilidad en el escape, apuntó contra el juez federal de San Juan Miguel Gálvez por haber autorizado el traslado de los militares a un hospital para una consulta médica.
Por este caso había quedado en la cuerda floja y ayer se precipitó su salida del SPF por una fuga de película. Será reemplazado por el abogado Alejandro Marambio, quien ya había ocupado ese mismo cargo antes del funcionario saliente durante el gobierno de Néstor Kirchner.
La espectacular fuga se produjo pasada la 1 de ayer en el pabellón B, del módulo 3, del Penal I de Ezeiza, según detalló Hortel en una conferencia de prensa que brindó en el Penal y en la que calificó al hecho como ‘cinematográfico‘. Un total de 13 presos -dos de los cuales fueron luego recapturados- logró evadirse mediante un boquete de 40 por 22 centímetros realizado en la celda 22 de ese pabellón.
‘La fuga se produjo mediante la realización de un boquete en el suelo, que es de concreto, de hormigón armado, por eso esta fuga no se podría haber llevado a cabo sin complicidades internas y sin una logística y apoyo externo‘, explicó Hortel. Por tal motivo, anunció el desplazamiento de 19 penitenciarios, entre ellos varios jefes de área, que estaban a cargo de la seguridad del Penal.
El exdirector detalló que para poder realizar el boquete, los presos debieron romper casi 30 cm de hormigón armado y añadió que la tierra acumulada para la realización del túnel fue encontrada adentro de la celda. ‘A partir de ese boquete se construyó un túnel de aproximadamente un metro de profundidad y de entre dos y tres metros de longitud, a través del cual -los reclusos- salieron a la parte exterior del módulo‘.
Describió que los presos recorrieron desde allí ‘aproximadamente 30 metros hasta el primer alambrado perimetral y luego 40 metros más atravesando otros tres alambrados perimetrales de seguridad. En cada uno de ellos se detuvieron para abrir un hueco, cortando o abriendo los alambres‘. ‘A nuestro entender surge claramente con estos elementos que por lo menos corresponde sospechar de la complicidad interna del personal penitenciario. Esto porque en virtud del hueco y del túnel entendemos que es un trabajo que se realiza al menos con dos días de tareas y que también fueron necesarias herramientas a las que los internos no acceden normalmente‘, agregó. Hortel consideró que ‘los celadores no cumplieron su tarea de verificar los lugares de alojamiento‘, que ‘los inspectores y jefes no supervisaron esa tarea‘ y que ‘el personal de requisa tampoco encontró las herramientas utilizadas‘. Por último, destacó que ‘también fallaron los soldados de guardia correspondientes al grupo especial que debían estar apostados en los techos y no estaban cumpliendo su tarea‘. Télam, DyN

