No es fácil escribir esta nota o más bien mi pensamiento o mi sentir sobre el hecho que conmocionó a la sociedad argentina, como es el fallecimiento del fiscal Nisman. En primer lugar debo decir que no hago política con la muerte de una persona, se trata de un hecho doloroso para su familia y su entorno más íntimo, en definitiva para todos nosotros, los argentinos. Lo mismo pido al resto de la comunidad política. Nuestras opiniones y actuaciones deben estar regidas por la prudencia y la mesura, garantizando la independencia de poderes. Condeno el oportunismo y los discursos políticos realizados desde la oposición buscando algún rédito político, cuando en realidad lo único que hacen es presionar y condicionar el accionar de la Justicia, en este sentido da la sensación que están apurados, ¿será porque estamos en un año electoral? Quiero creer que no, pero no puedo. No puedo porque en estos días vi candidatos de distintos partidos o frentes electorales dar discursos o mensajes que más allá de llevar claridad, llevaban confusión, agua para su molino. Esto no es así, vivimos en una República, significa ni más ni menos que las instituciones funcionan o deben funcionar. Sí, ¡deben funcionar! Saben lo difícil que debe ser investigar un caso de tamaña gravedad institucional cuando desde distintos sectores tienen la verdad absoluta, les dijeron al oído cuál fue la trama secreta del caso, ¡¡¡saben quiénes son los culpables!!! Qué estúpidos fuimos, ellos lo sabían, nosotros no. Digo nosotros porque me acosté una noche pensando en cómo sería la declaración del fiscal Nisman en el Congreso de la Nación y amanecí con la noticia del fiscal muerto.

Para entender perfectamente de qué estamos hablando, debemos decir que el fiscal investigaba el peor atentado terrorista ocurrido en suelo argentino, como fue el ataque a la AMIA en 1994, con un saldo de 85 personas fallecidas. En esta causa Nisman intervino al mando de la Unidad Fiscal de Investigación para la causa AMIA, siendo designado por Néstor Kirchner en el 2004. Pese al total apoyo recibido, esta causa no tuvo avance alguno, por lo cual el Gobierno de la presidenta Cristina Fernández impulsó el Memorándum de entendimiento con Irán. Este acuerdo que fue ratificado por el Congreso de la Nación, buscaba la posibilidad de que la Justicia argentina pudiera indagar a los sospechosos iraníes, a lo que Irán se había negado.

Respecto de esta causa, es decir el atentado contra la AMIA, la creación de una unidad fiscal e independiente, la propia designación de Nisman, la dotación de importantes recursos tanto económicos como de infraestructura y personal, prueban que la investigación fue siempre desde este Gobierno tomada como una ‘política de Estado‘ y a nivel político ‘el respaldo fue completo‘. Y como muestra de este respaldo, y de la constante búsqueda gubernamental para poder resolver la causa y castigar a los culpables es que en 2007 el presidente Néstor Kirchner denunció a Irán por su falta de colaboración para esclarecer el atentado en la AMIA; ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, la presidenta Cristina Fernández impulsó el Memorándum de entendimiento con Irán y creó la Comisión de la Verdad, con el aval de la Interpol.

Por último, respecto a la lamentable muerte del fiscal, entiendo el clamor popular, pero esto no es una novela de misterio. No somos todos detectives y forenses, y las circunstancias en que esto ocurrió deben ser completamente aclaradas, pero las respuestas deben provenir desde la Justicia. Esta muerte es un golpe contra las instituciones democráticas de la Argentina, pero no podemos pecar de inocentes y obviar las implicancias políticas. La oposición debe respetar la independencia de poderes y no presionar el accionar de la Justicia. Desde el poder político debemos brindar al Poder Judicial las condiciones para que pueda cumplir su rol con independencia e imparcialidad. Somos el Gobierno que transformó los conceptos de Verdad, Memoria y Justicia y pedimos que la Justicia llegue hasta las últimas consecuencias.