Hoy se cumplen 30 años del anuncio del proyecto del expresidente Raúl Alfonsín para el traslado de la Capital Federal al enclave formado por Viedma, Guardia Mitre (ambas en Río Negro) y Carmen de Patagones (Buenos Aires): es una noticia que se conoció antes en los medios de comunicación que en boca del mandatario y que nunca se concretó por presión empresarial, la crisis económica y las demoras de la planificación urbana.
Con el objeto de descentralizar el poder político y económico del país, y al mismo tiempo, fomentar el poblamiento de la Patagonia, el plan de trasladar la Capital desde Buenos Aires se comenzó a elaborar en el más estricto secreto del círculo cercano al exmandatario, con la idea de hacer el lanzamiento el 22 de abril (aniversario de la fundación de la capital rionegrina, Viedma). Pero hubo un inesperado destape: el diario Clarín, en su tapa del 13 de abril, tituló ‘El Gobierno estudia el traslado de la Capital a Viedma’ y los acontecimientos se precipitaron. La primicia tuvo como responsable a Omar Livigni, quien era por entonces corresponsal del matutino para Viedma y la Patagonia.
‘Había un conjunto de indicios que se venían gestando durante febrero y marzo en el mayor sigilo, pero que posibilitaron conocer de qué se trataba. Una noche estaba en una reunión, en el domicilio del empresario Alberto Andría, donde el gobernador rionegrino Osvaldo Alvarez Guerrero dejó trascender el proyecto de traslado’, recordó Livigni.
Añadió que ‘el propio gobernador me pidió reserva, pero yo mandé una nota al diario a fines de febrero, contando lo poco que se sabía; me contestaron que era un tema muy fuerte para publicarlo sin tener total confirmación’. ‘El 11 de abril, en una reunión de gobernadores en Posadas el tema volvió a filtrarse y el corresponsal de Misiones también avisó a la redacción. Al día siguiente, me llamó Joaquín Morales Solá, por entonces prosecretario de Clarín para avisarme: la noticia sale mañana, en tapa’, completó su relato. Tras la sorpresa, Alfonsín viajó el miércoles 16 a La Plata, y enseguida a Viedma, para entregar a los respectivos gobernadores Alejandro Armendáriz (Buenos Aires) y Álvarez Guerrero (Río Negro) las copias del proyecto.
En el mediodía de una jornada cálida y otoñal Alfonsín habló desde el balcón del ministerio de Economía, en frente del río Negro, en Viedma, y lanzó la proclama que se haría famosa, la de marchar ‘hacia el sur, hacia el mar y el frío’. Desde aquel día 16 de abril de 1986 transcurrirían casi dos años de entusiasmo.
En ese período hubo tres nuevas visitas del presidente a la zona: en septiembre de 1986 para celebrar desde la costa del río Negro el Día Internacional del Turismo; en julio de 1987 para acompañar a su par de Brasil, José Sarney; y en agosto de ese mismo año, trayendo a Carmen de Patagones los restos del comandante Luis Piedrabuena.
En abril de 1987 Viedma acogió al Papa Juan Pablo II, pero no lo acompañó Alfonsín para despegar la visita del tema del traslado de la capital. A mediados de aquel mismo año, el Congreso de la Nación aprobó la ley para el traslado, promulgada por Alfonsín bajo el número 23.512. Por decreto, Alfonsín creó el Ente para la Construcción de la Nueva Capital-Empresa del Estado, que terminó siendo disuelto por su sucesor Carlos Menem. Si bien hay algunos sectores que sostienen que aquella decisión se debió a una cuestión económica, otros la vinculan con la influencia de los sectores liberales, fervientes opositores al traslado. Los altos costos del proyecto, la falta de apoyo y la crisis económica que sobrevino pronto dieron por tierra con los planes del líder radical.
Los licenciados en Ciencias Políticas Marina Tortarolo y Matías Pastor analizaron el proyecto de traslado en un trabajo conjunto para su tesis de grado, en la Universidad Nacional del Comahue, en el año 2013.
Para estos politólogos ‘una gran responsabilidad (del fracaso del plan) le cabe a los empresarios de la metrópolis, quienes veían en la reubicación de la capital una traba al sistema de producción montado en la ciudad de Buenos Aires’. ’La crisis económica de la época hizo su aporte también. Por otra parte, la burocratización de los procedimientos de licitaciones de las diferentes obras aportó su cuota’, añadieron.
Tortarolo y Pastor se refieren también a las exigencias estilistas en el diseño urbano para la nueva capital y señalan que ‘ese incesante trabajo de hacer, rehacer, pulir y volver a planificar buscando la perfección en el proyecto, dilató su culminación, lo que generó que el factor tiempo se convirtiese en una traba más del proyecto’.
En ese sentido apuntan que ‘Alfonsín esperó a la finalización (del proyecto urbano) para trasladar el gobierno a la futura Capital’, y recuerdan que, muchos años después, el propio expresidente se lamentó de esa demora y afirmó: ‘Yo me tendría que haber ido aunque fuera en una carpa’.
Finalmente, la ley 23.512, sancionada y promulgada entre mayo y junio de 1987, quedó sin efecto en 2014 al aprobarse el Digesto Jurídico Argentino donde se anularon aquellas normas nunca puestas en vigencia. Télam

