Hace 200 años, la historia argentina quedaba marcada por el Éxodo jujeño, un episodio clave de las guerras por la independencia nacional.
A las órdenes del general Manuel Belgrano, el 23 de agosto de 1812 el ejército patriota comenzaba el heroico éxodo del pueblo jujeño en dirección a Tucumán. Ante el inminente avance de un poderoso ejército español desde el Norte (al mando de Pío Tristán), el 29 de julio de 1812, Belgrano dispone la retirada general.
Su orden fue contundente: dejarles la tierra arrasada a los enemigos (el ejército leal a la corona española). Ni casas, ni alimentos, ni animales de transporte, ni objetos de hierro, ni efectos mercantiles. Según Ana Teruel, doctora en Historia y profesora de la Universidad Nacional de Jujuy, “no se hablaba de éxodo. Era una táctica” para que los realistas de Pío Tristán hallaran la tierra arrasada y sin elementos que sirvieran al avance del enemigo.
El pueblo jujeño dejó el lugar en ruinas y marchó con la certeza de que volverían victoriosos a su tierra, como finalmente ocurrió. “Recorrieron hasta Tucumán 360 kilómetros”, comenta Teruel, investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet). “Serían 1.500 personas (de los 2.500 a 3.500 pobladores)”, explica la especialista.
Al inicio del Éxodo jujeño, los pobladores abandonaron sus casas para seguir a las tropas de Belgrano en su retirada hacia Tucumán, frente al avance del ejército enemigo. El objetivo del oponente era tomar Buenos Aires, acercándose peligrosamente a Jujuy desde el Norte. Jujuy era la ruta para el comercio de ganado con destino a las minas de Potosí (actual Bolivia) y del intercambio comercial porteño con el Alto Perú.
Como su enemigo lo superaba ampliamente, Belgrano decidió aplicar una estrategia de “tierra arrasada” que consiste en retroceder hasta un punto en que las condiciones para presentar batalla sean favorables. Mientras tanto, se arrasa con todos los recursos que puedan servir al abastecimiento del enemigo para lograr debilitarlo. Belgrano ordenó el traslado del ganado, las cosechas y mercancías hacía Tucumán, mientras que lo que no pudiera ser transportado debía ser quemado.
Tras la llegada de los jujeños a Tucumán, llegó el ejército oponente, que fue derrotado por Belgrano en ese territorio el 23 de septiembre de 1812. A comienzos de 1913 los jujeños pudieron regresar a sus hogares.
Según investigaciones, los europeos estaban en la cúspide de la pirámide social y eran pocos en Jujuy, en tiempos del éxodo. La población originaria era la mayoría, y vivía con sus hilados, ganados y de la extracción de sal y oro, de algunos ríos. También había negros esclavos y libertos.
“Belgrano estaba muy enojado: la realidad no era la de una región poblada por patriotas”, explica Teruel. “Los más pobres fueron quienes con las tropas de Belgrano salieron de Jujuy el 23 de agosto de 1812”. Según la especialista, “no era un choque entre españoles y americanos, ambos ejércitos se nutrieron de todos los sectores sociales y étnicos. Hasta había jefes realistas que como José Manuel de Goyeneche y Pío Tristán eran peruanos”.

