Argentina se unió ayer en una plegaria común para ‘frenar la perversa y devastadora fuerza‘ de las drogas, en el marco de una jornada de ayuno y oración convocada por la Iglesia ante el avance ‘sin control‘ del narcotráfico y las adicciones. En catedrales, santuarios, parroquias y capillas del país se oficiaron misas por esta intención, se rezó por los enfermos y quienes murieron a causa de las drogas, hubo adoración eucarística, marchas ‘por la vida‘ en las calles y se elevaron oraciones por las autoridades que deben combatir el ‘narconegocio‘. ‘Este gesto tiene un profundo significado espiritual, pero también de cercanía humana con quienes padecen este flagelo‘, subrayó el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor José María Arancedo. El prelado santafesino sostuvo que ‘no queremos quedarnos sólo lamentando un hecho triste y conocido, sino asumir un protagonismo moral que nos permita construir una sociedad más humana y justa‘ y advirtió que ‘no es verdad que nada se puede hacer‘.

En la catedral porteña hubo distintos momentos de oración, participó el arzobispo Mario Poli, y se alertó que la droga y el narcotráfico ‘están dejando un tendal de heridos que reclaman de parte de todos compromiso y cercanía‘. En Rosario, el arzobispo José Luis Mollaghan llamó a unirse ante ‘el flagelo permanente de la droga‘ y para brindar especial atención a los adictos, mientras que pacientes recuperados dieron testimonio de lo que significa ‘enfrentar con esperanza este mal‘. En otras diócesis, como Morón, la oración tuvo carácter ecuménico al sumarse referentes de otros credos cristianos.

El ‘gesto penitencial‘, convocado en casos con la imagen del Papa abrazando a un joven adicto durante su visita a Brasil, es la primera acción concreta de los obispos para acompañar la ‘preocupación‘ expresada hace un mes en la declaración ‘El drama de la droga y el narcotráfico‘.

Durante la semana, la Iglesia volvió a reclamar acciones ‘urgentes‘ para frenar el avance ‘sin control‘ del narcotráfico en el país y exigió que esta problemática se convierta en ‘política de Estado‘.

El vocero episcopal, Jorge Oesterheld, destacó la designación de un hombre que conoce ‘el dolor de los chicos y ha trabajado en el tema de la prevención‘ como el sacerdote Juan Carlos Molina al frente del Sedronar pero advirtió que ‘hay que distinguir esa tarea, importante de la lucha contra el narcotráfico‘.