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COCA COLA

De los 20 centavos al mito urbano: la increíble historia de cómo Coca-Cola llegó a la Argentina en 1942

La gaseosa mas conocida y vendida del mundo, tuvo su primera vez en el país hace varias décadas atrás.

23 de septiembre de 2026 - 13:02

A comienzos de la década de 1940, la Argentina era un territorio dominado por costumbres arraigadas, refrescos de sabor local y un ritmo de vida porteño marcado por los cafés tradicionales, los tranvías y la radio de galena.

Sin embargo, en medio del convulso panorama internacional de la Segunda Guerra Mundial, Coca Cola, con una silueta de vidrio verde esmeralda desembarcó en Buenos Aires para cambiar de manera permanente el mapa del consumo masivo y la cultura popular del país.

Aunque hoy resulte imposible imaginar una mesa familiar, una reunión entre amigos o un kiosco de barrio sin la presencia de la clásica botella de contorno icónico, el desembarco del refresco más famoso del planeta no fue una casualidad ni un evento menor. Fue una gesta comercial planificada con precisión milimétrica que comenzó a redactarse de manera oficial el 3 de agosto de 1942.

1. Un debut anunciado a toda página

El lunes 3 de agosto de 1942, los principales periódicos porteños aparecieron en los kioscos con un anuncio publicitario a página completa que captó de inmediato la atención del público. "Usted no olvidará jamás la inefable sensación de frescura y exquisito sabor de Coca-Cola", rezaba el encabezado que presentaba la marca como "la bebida predilecta de Norteamérica". La indicación publicitaria venía acompañada de una sugerencia que con el tiempo se convertiría en un mantra inquebrantable: "Eso sí, pídala siempre ¡bien helada!".

El contexto no era sencillo. El mercado local de bebidas sin alcohol estaba fuertemente consolidado por marcas tradicionales como Bilz, Pomona o Crush. Los niños merendaban con chocolatada Vascolet y los deportistas consumían preparaciones nutritivas a base de dextrosa. Para romper esa inercia cultural, la compañía estadounidense confió su operación local a un grupo de pioneros encabezados por Guillermo Marino Bekker y a la visión de Reginald Lee, iniciando un vínculo de embotellado familiar que perdura hasta el día de hoy.

2. Triciclos amarillos, 20 centavos y la primera planta

El operativo de lanzamiento fue un despliegue urbano sin precedentes para las calles de Buenos Aires. Una flota inicial de cuatro camiones de reparto y 15 triciclos pintados de color amarillo estridente con el logotipo rojo en los laterales comenzó a recorrer los barrios para abastecer a confiterías, bares y almacenes.

El producto se comercializaba en su mítico envase de vidrio de 185 cm³ a un valor de 20 centavos, bajo el pegadizo eslogan: "Coca-Cola es la pausa que refresca". La respuesta del público fue de una curiosidad masiva. Tal fue el crecimiento inmediato de la demanda que apenas unos meses después, el 1 de diciembre de 1942, se inauguró la primera planta embotelladora oficial del país sobre la Avenida Córdoba al 3162, en pleno centro porteño.

A partir de allí, la expansión no se detuvo:

3. La consolidación de un ícono de la cultura popular argentina

Durante las décadas de 1950 y 1960, la marca pasó de ser una novedad importada a convertirse en un componente intrínseco de la vida cotidiana en la Argentina. En 1957 se presentó la versión de 750 cm³, pensada para llevar a la mesa familiar, un hito que transformó las costumbres de los almuerzos dominicales. Más tarde llegaron las máquinas expendedoras, el desarrollo industrial de gas carbónico y el lanzamiento de nuevas etiquetas del portafolio global como Sprite y Fanta.

El vínculo con la cultura local se afianzó a través de grandes hitos deportivos y musicales:

4. De la fabricación al modelo de distribución actual

Con la llegada del nuevo milenio, el modelo operativo en la Argentina atravesó un cambio de estrategia industrial a nivel global. En el año 2000, la elaboración del jarabe concentrado con la fórmula secreta pasó a centralizarse regionalmente en la zona franca de Manaos (Brasil), dejando a la red local centrada en la dilución, carbonatación, envasado y logística final a través de sus embotelladores estratégicos (como Reginald Lee, FEMSA, Arca Continental y Coca-Cola Andina).

Hoy, a más de ocho décadas de aquel histórico 3 de agosto de 1942, la llegada de Coca-Cola a la Argentina se mantiene como uno de los capítulos más fascinantes de la historia empresarial y publicitaria del país, demostrando cómo una bebida nacida en Atlanta logró integrarse de forma definitiva en la identidad y la memoria afectiva de millones de argentinos.

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