Señor director:

La nostalgia se produce por recuerdos de tiempos pasados. Si, como aquellos que se sucedían en estos pagos del Pueblo Viejo de Concepción, como en todo San Juan. En esos tiempos de la primera mitad del siglo XX, "la oración” era un momento de la tarde y hasta llegó a ser una medida de tiempo, la cual paso a relatar. Cuando el miércoles de cenizas iniciaba la cuaresma, las instituciones laicas de la Parroquia de Concepción, allá por el año 1946, en los fondos de la destruida Iglesia, patio con palmeras y álamos (foto), y con el entonces cura párroco Luis de la Pueste, todos los viernes y "a la oración”, que significa al atardecer, cuando el sol va dando paso a la noche o momento de comunicación con Dios. Decían nuestras abuelas que para esos días y antes de la resurrección, los demonios salían del infierno y se producían momentos peligrosos tentando al hombre para sus prácticas de maldad. Muchos mitos y leyendas tomaban vigencia y la gente debía cuidarse y protegerse, y la oración era la mejor arma para ahuyentar a los diablos. En esos días, "el Diablo metía la cola”, decían los más resignados como justificando el mal accionar de los hombres, y eran tentados por estos mandingos a comer carne los días viernes desobedeciendo el acto de penitencia, que la Iglesia pedía. Señoras, señores y niños se unían en la oración pidiendo por el mundo, que terminaba una sangrienta II Guerra Mundial, que sembró dolor e incertidumbre. La oración es muy poderosa y Dios la escucha, y San Juan necesitaba de la misericordia después de haber vivido un terremoto en donde murieron miles de comprovincianos y destruyó todo. El Santo Rosario rezado a la oración hacía de estos encuentros religiosos un recurso para que los hombres vivieran más cristianamente una cuaresma con todo lo que significaba.

 

Leopoldo Mazuelos Corts
DNI 5.543.908