El cruce de los Andes lo hizo cinco veces, el último en 2019 con 84 años y destinos como Ushuaia y San Juan son algunos de los que más la cautivaron. 

"Todo depende de uno. Nunca es tarde para arrancar algo nuevo", dice Elisa Forti Sampietro, una corredora de 87 años, que a sus 72, derribó prejuicios y se metió de lleno en el mundo del running, una actividad que la cautivó y que nunca más dejó. Habla pausado, cuidando las palabras, con templanza y calidez. En su mirada hay brillo y serenidad, una muestra de la pasión que le genera esta actividad. Además, hoy, 21 de junio, Día de la Ancianidad, es un ejemplo a imitar.

De espíritu aventurero, en esta práctica encontró una manera de vivir y disfrutar la vida, de conocer gente, de estar en contacto con la naturaleza y de fortalecerse no solo de manera física sino también mental. Un ejercicio que le enseñó sobre disciplina, que le permitió romper barreras y sobre todo superarse.

De origen italiano, vivió hasta los 14 en la ciudad de Como, momento en que se vino a la Argentina con su familia para arrancar una vida nueva lejos de la guerra. Esta atleta cuenta que siempre estuvo en movimiento: durante su juventud jugó al vóley y practicó tenis.

Al final de una carrera en San Juan, un chico joven se le acercó con lágrimas en los ojos le dio un abrazo y le dijo que gracias a ella había arrancado a correr.

Su historia con el running llegó un poco por casualidad y otro por curiosidad: una de sus hijas le comentó que se iba a correr una maratón a Villa La Angostura y decidió sumarse al plan porque además de que le divertía acompañarla, le parecía una linda oportunidad para conocer el sur del país. Ese día no se lo olvida más, acababa de descubrir un mundo fascinante que le abrió las puertas, la cuidó y alentó hasta el último kilómetro. "Es un ambiente solidario y generoso, cuando te caés, la gente para y te ayuda sin mirar el reloj", cuenta.

El siguiente desafío y con entrenamiento de por medio fue en Tandil, una carrera de 25 kilómetros entre la sierras". La hice en cuatro horas, cueste lo que cueste, sabía que iba a llegar a la meta", cuenta la deportista.

A lo largo de estos años dice que participó de tantas carreras y maratones que perdió la cuenta de cuántas hizo, "me prendo en todas", comenta. La última fue a fines de mayo de este año, una carrera de diez kilómetros en Chascomús.

El cruce de los Andes lo hizo cinco veces, el último en 2019 con 84 años y destinos como Ushuaia y San Juan son algunos de los que más la cautivaron. Llegar a la meta es una alegría inmensa, es otro objetivo cumplido, es sentir que se puede. Esa mezcla de emociones en el punto de llegada muchas veces genera situaciones inexplicables que quedan grabadas en el corazón.

Al final de una carrera en San Juan, un chico joven se le acercó con lágrimas en los ojos le dio un abrazo y le dijo que gracias a ella había arrancado a correr.

Madre de cinco hijos y abuela de 11 nietos, Elisa no se detiene y busca salir de su zona de confort. "Lo importante es probar y hacer actividades que te atrapen y llenen de alegría", reflexiona. La clave, tal vez, de su vitalidad incansable y de sus ganas de siempre ir por más.

 

Por Melanie Shulman