Señor director:


Como siempre, quiero compartir con los lectores de DIARIO DE CUYO, historias, semblanzas y anécdotas sucedidas en la Cuarta Región de Chile.
 

Es por eso que recuerdo una casona aldeana, conocida y eso, revive retrato de morador abastero e investigador aficionado en la cultura diaguita. Cuando la Fiesta Patronal del pueblo reúne a quienes conocieron a tan recordado personaje. Mientras la procesión religiosa del 8 de enero de 2017 retorna al son de los repiques por la calle única del pueblo. No más de tres cabecitas blancas observan de reojo el lugar, una carnicera atendida por su único dueño: "El Chato Pinto". 

La Chépica -voz araucana- de ese reducto hortelano de los diaguitas, cobró fuerza al propagarse en las travesuras juveniles, bajo el sinónimo del "camarote estepario del Valle de Elqui".

Los diccionarios etimológicos que aclaran muchos topónimos y otros utilizados sólo por especialistas, al parecer, no registran con tanta fidelidad el sentido de la palabra "camarote". Sin embargo, don Máximo, un amigo de los diaguitas, no se equivocó: El Chato -así lo llamaban sus amigos-, no dudaba de las raíces genealógicas de los más humildes o estirados vecinos.