Conseguir un turno en tiempo y forma, en una clínica o instituto privado, cuando se trata de derivaciones del PAMI, es como una batalla ganada. En diciembre del 2017, mi médico de cabecera me derivó a un médico oculista por posibles problemas visuales. Después de recorrer las pocas clínicas que reciben PAMI, llegué a una que está en calle Mendoza pasando Brasil. Allí, en el pasado, cuando pagaba la consulta, tenía turno casi al instante. Me dieron turno con el Dr. García para el 13 de febrero de pasado. Hasta esa instancia y luego de más de dos meses de espera, como aceptable. Por una cuestión de intuición y sabiendo que día 13 de febrero era feriado, pregunto por teléfono si el médico o la clínica atenderían. De una manera poco amable, la telefonista me dijo el doctor estaba de vacaciones, lo que el turno pasaría para otro día, alargando a un más la espera. Si no pregunto, tampoco me hubieran informado sobre los cambios. Yo me pregunto, ¿nosotros, gente de PAMI, o sea los ancianos, no somos ciudadanos igual al resto, a quienes se debe respetar y considerar sus prioridades? ¿No nos hemos hecho acreedores a un trato más humano y cristiano? Pareciera que no. En mi opinión, creo que juegan con nuestros tiempo, faltan el respeto y para colmo, se enojan cuando uno reclama por nuestros derechos.
